martes, 20 de julio de 2021

Las mejores películas de la historia de culto de la historia del cine (CLXII)

Solares (Solarys, 1972), de Andrei Tarkovsky

El doctor Kris Kelvin (Donatas Banionis) viaja al planeta Solaris para investigar unos extraños sucesos en la estación espacial que esta situada en la órbita del planeta y elaborar un informe de los mismos. Sin embargo una vez allí se enfrentara a algo totalmente desconocido que pone a prueba toda su experiencia profesional lejos de toda lógica humana. Impresionante película de ciencia-ficción basada en la novela del escritor polaco Stanislaw Lem y realizada por el director ruso Andrei Tarkovsky. Aunque fue strenada en su época bajo el lema de La respuesta soviética al 2001 americano es sin embargo una película totalmente diferente y opuesta a ella en lo referente a su concepción visual, no hace un uso excesivo de la habitual pirotecnia de los efectos especiales, siendo una obra abierta y críptica a la hora de interpretarla por el espectador, a quien se le pone a prueba su capacidad de comprensión en los interminables 166 minutos que dura su proyección. Esta no es una película fácil de comprender y menos hecha para un público que consume habitualmente cine comercial, es más bien un drama psicológico concebido para la introspección del individuo, en concreto de sus personajes principales. Aunque muchos la encuentren aburrida, incomprensible o lenta en su desarrollo, no deja de ser una obra maestra y, más aún, una película sumamente enigmática y fascinante a través de la cual Tarkovsky busca expandir el género de la ciencia-ficción mediante una máxima estilización narrativa y visual, inspirándose sobre todo en las pinturas renacentistas del pintor italiano Vittore Carpaccio para los paisajes del planeta donde trascurre la historia.Emplea la nostalgia para el desarrollo de los personajes utiliza detro del género elementos a los que el cineasta desinteresadamente recurrió para sortear la férrea censura soviética de la época, ya que la ciencia-ficción era considerada como un tipo de “cine para adolescentes”. Esto no evitó que la película fuera censurada en parte dado que Tarkovsky era considerado un subversivo por su anterior film, “Andrei Rublev” (1966). Finalmente, tras otros títulos y harto de tanta censura y falta de libertad de expresión, el cineasta terminó exiliándose de su país natal. En pocas palabras la película no sólo es una adaptación muy fiel de la novela en ciertos aspectos, sino que también Tarkovsky aportó en cierto sentido su experiencia como escritor y poeta, construyendo una especie de prólogo y de epílogo de un mismo lugar de origen que no se menciona en la novela. Así, al comienzo de esta se cuentan los sucesos previos al viaje espacial de nuestro protagonista y al final posteriormente su supuesto regreso a La Tierra en una secuencia francamente alucinante e increíble, en donde hace uso de la música clásica con piezas de Bach y de sonidos electrónicos de Eduard Artemiev. Sin duda lo mejor de la película que lo dota de una atmósfera francamente enigmática. El personaje de Kris evolucionará de forma drástica a lo largo de la película, ya que si al principio se muestra como un tipo frío y extremadamente racional, al final acabará sucumbiendo a las pasiones y emociones que se desencadenan en la estación. El guión de Solaris fue escrito conjuntamente por Andrei Tarkovsky y Friedich Gorenstein a partir de la novela homónima de ciencia-ficción de Stanislaw Lem. Siendo Tarkovsky está claro que no nos encontramos ante una cinta de ciencia-ficción al uso (de hecho Tarkovsky renegaba de dicho género) sino que se trata de una reflexión de carácter existencialista en la que se intenta penetrar en las oscuras profundidades del alma humana. Solaris se estrenó en 1972, cuatro años después de la obra maestra de Kubrick 2001: una odisea del espacio, por lo que las comparaciones entre una y otra resultaron inevitables. Nos encontramos en cualquier caso ante dos filmes completamente distintos, ya que además de las diferencias de presupuesto (claro está en favor de 2001) existe otra, quizás la más importante. Y es que si en 2001 Kubrick buscaba las respuestas en el exterior, en el espacio, Tarkovsky por su parte prefiere realizar un ejercicio de introspección humanista. El espacio exterior carece de importancia en Solaris, de hecho las imágenes del mismo son escasas, al contrario del espectáculo coreográfico que Kubrick nos planteaba en su obra. Si en 2001 los diálogos eran escasos, en Solaris son abundantes y profundos y la insuperable espectacularidad formal del filme de Kubrick es inferior en contenido a la trascendentalidad mística y filosófica de la obra de Tarkovsky. Solaris comienza con el Preludio Coral en Fa Menor de J. S. Bach, lo que nos indica que estamos ante un filme de evidentes interpretaciones religiosas (como casi toda la filmografía de su autor) y tras los créditos la acción se sitúa en la tierra) su mujer que se había suicidado unos años atrás. Pocos personajes en la historia del cine desprenden el patetismo de Hari, esa chica sensible y enamorada que para no dañar a su amado intenta destruirse una y otra vez, resucitando cada día. 

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