lunes, 19 de marzo de 2018

Para ver: El derecho a matar

Adaptación de una novela de Jean-Patrick Manchette, este thriller bien realizado y efectivo firmado por Jacques Deray, en el que Delon es el Delon perfecto y donde la música es uno de los atractivos principales, definitivamente tiene más de una razón para volver a verla. 
En 1978, Alain Delon rodó un largometraje original que fue un notorio fracaso Un intruso en el juego (Attention, les enfants regardent), de Serge Leroy, adaptación de la novela Los niños están observando de Peter J. Dixon y Laird Koenig. Al año siguiente, serían Aeropuerto 79 (The Concorde: Airport '79), de David Lowell Rich, también una adaptación de la novela de Arthur Halley; y El matasanos (Le toubib), dirigida por Pierre Granier-Deferre, basada en la novela de  Jean Freustié. En 1980, la película que justifica este comentario El derecho a matar (Trois hommes á abattre). Y al año siguiente, una coproducción hispano-franco-helvética-soviética, Tehéran 43  (Tegeran-43), dirigida por Aleksandr Alov y Vladimir Naumov, que revela un ficticio proyecto de atentado contra Winston Churchill, Iósif Stalin y Franklin D. Roosevelt en 1943 en Teherán.
Jacques Deray acababa de tener uno de sus más importantes fiascos con Una mariposa sobre la espalda (Un papillon sur l’épaule, 1978). Los dos tenían necesidad de recuperar su credibilidad y El derecho a matar les dará esa oportunidad. A continuación exponemos cinco razones para ver (o volver a hacerlo) este interesante y eficaz polar (película del género policial, en francés).

1.- Delon en persona

En el hospital al que llevó un herido (¡error fatal!), Delon camina de un lado a otro, irritado por la espera. No es su rostro el que fascina en este momento (multiplica demasiado los signos de exasperación), sino su actitud física: su cuerpo parece esperar un peligro invisible, listo para saltar ante la menor advertencia... En este papel poco probable como jugador de póquer que, con sus propias armas, derrota a los asesinos experimentados, Delon está perfecto: si está desnudo en la ducha, con una chaqueta azul cielo o una chaqueta de cuero XXL. La única falta de gusto: calcetines blancos, muy de moda en el momento, por desgracia...

2.- El malvado

Tiene en sus manos el éxito de cualquier buena película de suspense, todos lo saben. En este caso, es Pierre Dux, gran actor de teatro, quien hereda el trabajo y se muestra odioso. "La próxima vez que tengamos que lidiar con estos dos pederastas, usted se encargará solo, se desliza hacia su chivo expiatorio (Michel Auclair), me dan asco"... El guionista Christopher Frank se reserva algunas replicas alegres de las cuales formula esta sin apelación: "El arte es la más indispensable de las futilidades"...

3.- La intriga paranoica

Olvidemos la novela original: Le Petit Bleu de la côte ouest. Jean-Patrick Manchetten nunca tuvo muchas oportunidades en el cine: demasiado provocativo, demasiado ambiguo. Tocará fondo, dos años más tarde, con la adaptación catastrófica de su Position du tireur couché que se convertirá en El choque (Le Choc, 1982), de Robin Davis, siempre con Alain Delon, y también Catherine Deneuve, granjera irresistible, guardiana de pollos y pavos...
Jean-Patrick Manchette eliminado, El derecho a matar se beneficia de un guión sólido, casi de actualidad en un una época donde reina la era del complot y de la corrupción de los poderosos.

4.- Dalila di Lazzaro 

En el estreno de la película, algunos reprocharon a esta hermosa italiana de cabellera de león su falta de emotividad. En ese momento su francés no era muy bueno, algo que se evidencia, pero su desconcentración se suma a la indiferencia del personaje que parece no tomarse nada en serio. Ni siquiera a Delon... Después de la muerte de su hijo y un accidente automovilísticoque la inmovilizó durante años, Dalila di Lazzaro abandonó el cine y se convirtió en novelista... 

5.- La música

Muy extraña si se piensa en las composiciones habituales de Claude Bolling (Borsalino (1970) o las orquestaciones de las primeras canciones de Brigitte Bardot). El tema principal, lírico, inquietante, evoca a Philippe Sarde y Georges Delerue. Ella es uno de los personajes esenciales de este thriller.
Postdata: En Japón, donde Alain Delon era -mejor, aún es-, una divinidad, los distribuidores insatisfechos con el desenlace, lo transformaron en un final feliz. 

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