lunes, 18 de diciembre de 2017

El cine documental (I)

El cine es una forma de expresión artística que no puede existir sin público. Mucha gente puede escribir libros, pintar cuadros o componer música para satisfacer sus necesidades privadas, pero, aparte de la películas familiares, el cine es, por su propia naturaleza y coste, un medio que tiene que exhibirse a los demás, y que sólo puede financiarse mediante el patronazgo o los ingresos de taquilla. 
Cuando las agujas del reloj marcan las siete. París cobra vida en
Rien que les heures (1926), documental de Alberto Cavalcanti
Aunque el cine nació documental, baste recordar la primera película, el plano secuencia La salida de la fábrica Lumière en Lyon (La Sortie des usines Lumière à Lyon), dirigida y producida por Louis Lumière, proyectada públicamente en el Salon Indien du Grand Café de París el 28 de diciembre de 1895.
Tanto cuando se hacían para fines de información general (los llamados noticiarios, la forma más primitiva de documental), como para fines de puro entretenimiento, las películas se destinaban inicialmente al público en general y se exhibían en ferias, teatros de variedades o grandes palacios del cine. Dicho en otras palabras, las películas se hacían para un público popular, identificable y conocido; y, como consecuencia, durante muchos años la producción se limitó al cine de entretenimiento. 
Berlín fue la siguiente ciudad en verse retratada por la cámara en Berlín, sinfonía
de una gran ciuda
d (Berlin, Die Sinfonie Der GrosStadt, 1927), de Walther Ruttmann
Sin embargo, tras la I Guerra Mundial, las películas comenzaron a atraer cada vez más a los artistas e intelectuales, apareciendo un público más exigente, sobre todo, en los centros en los que existía ya una considerable concentración de "intelligentsia": París, Berlín, Roma, Londres y Nueva York. En los años 1920 se fundaron cine-clubs y sociedades cinematográficas, para que esos nuevos públicos pudieran desarrollar sus propios gustos, en lugar de tener que que aceptar lo que la industria comercial les ofrecía. El crítico, ensayista y director francés Louis Delluc había organizado el Ciné-club de France, que por lo general se considera la primera institución de este tipo, en 1920. Con el mismo espíritu –y el agregado de un fuerte compromiso ideológico- se fundó en 1927 la Amsterdam Filmliga. En Londres la primera Film Society fue fundada por personalidades ya consagradas como H. G. Wells, George Bernard Shaw o el economista John Maynard Keynes. En Estados Unidos, las primeras entidades importantes de este tipo parecen haber surgido también hacia 1928 pero las que resultaron más influyentes y mejor organizadas fueron algo posteriores y, como la Filmliga, estuvieron vinculadas a los sectores políticos de izquierda que en Norteamérica tuvieron un mayor peso cultural a partir de la depresión económica de 1929.
 Mannus Franken y Joris Ivens dejaron rienda suelta a su imaginación
para retratar una fuerte tormenta en Lluvia (Regen, 1929)
También en la década de 1920 se produjo el nacimiento de la crítica cinematográfica especializada, junto con la aparición de las revistas cinematográfica "artísticas" e internacionales, sobre todo Close Up, publicada en Suiza, pero escrita fundamentalmente en inglés, por Kenneth Macpherson, un joven cineclubista y cineasta británico que, desde un castillo,  cuyo subtítulo informaba con temprano orgullo que se trataba de The Only Magazine Devoted to Film as an Art.

Esta mayor atención al medio cinematográfico, unida a unos costes de producción relativamente bajos en el cine mudo, permitió la realización de toda clase de películas "artísticas", con la etiqueta de cine de vanguardia o experimental. Esas películas estaban destinadas a una exhibición limitada, fundamentalmente en los cine-clubs de Europa y en las sociedades cinematográficas fundadas por los estudiantes de numerosas universidades. Algunas de ellas eran formas puramente abstractas de animación experimental, o parecidas; otras eran psicológicas, y exploraban las imágenes relacionadas con el subconsciente; otras, como las primeras creaciones de Luis Buñuelk, era surrealistas e iconoclastas de concepción. 
La emotiva  Wittem Vlam, también conocida como Flamme
blanche (1930),  dirigida por  Charles Dekeukeleire
La mayoría de los autores afirman que el cine documental nació el año 1922, al estrenarse la película Nanook el esquimal (Nanook of the North), de Robert Flaherty, a pesar de que desde el mismo comienzo del cine lo que se filmaba ya eran documentos en movimiento que tenían por objeto tan sólo registrar acontecimientos de la vida cotidiana. Los primeros documentalistas fueron grandes exploradores (Flaherty, Vertov, Grierson) que llegaron a filmar aspectos muy cercanos a ellos y otros en los más remotos lugares de la tierra. Más tarde llegaron directores que prefirieron filmar el cine social, más cercano a su propia realidad, o el cine sobre la naturaleza, como los documentalistas de televisión, con más medios y en algunos casos muy buenos resultados.
Fotografía del joven Robert J. Flaherty rodando
en la Bahía de Hudson entre 1913  y 1919
(cont.)

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