jueves, 12 de marzo de 2026

El mes de la mujer: 8 de marzo. Abuelas, madres, hijas, nietas y, por supuesto, esposas… (VII)

(cont.)

13. Madre! (Mother!, 2017), de Darren Aronofsky

La historia de un poeta horas bajas (Javier Bardem) y de su joven esposa (Jennifer Lawrence) que viven en una vieja casa de campo aislada. Un día, un extraño (Harris) y su esposa (Pfeiffer) se presentan en la casa. Su visita provocará que nuestro poeta (Bardem) recupere la inspiración que había perdido y escriba la obra que le traerá la ansiada fama, pero que también cambiará la vida de todos los que se encuentran bajo el mismo techo.
Jennifer Lawrence en Madre! (2017)
Parte del atractivo de la película es la capacidad de sugerencia, y muchos son los tonos que impregnan la narración, aunque sí uno hay que destacar por encima de todos, me decanto por la deuda con Kafka, esa sensación de estar inmerso en una peripecia en que el desconcierto aguarda constantemente a la vuelta de la esquina, a pesar del comportamiento impostado de los que te rodean, que teóricamente se comportan con normalidad y actúan de modo razonable, aunque en realidad todo es alocado y surrealista.

14. La furia (2025), dirigida por Gemma Blasco

Alex, una joven actriz, es violada en una fiesta en Nochevieja sin reconocer a su agresor. Cuando acude a su hermano Adrián en busca de abrigo y compresión, éste reacciona cuestionándola y presionándola. Así, Alex se distancia de su hermano. A lo largo de un año vive sola el asco, la vergüenza y la culpa. Adrián, consumido por la rabia, toma sus propias decisiones en un camino cada vez más oscuro, muy lejos de lo que Álex necesita. Mientras, ella interpreta al vengativo personaje de Medea y encuentra en el teatro la única forma de canalizar su dolor e ira.
Alex Monner y Angela Cervantes en La furia (2025)
La película intenta explicar que el dolor no sólo afecta a la víctima, sino que se propaga a su entorno y transforma las relaciones interpersonales. También plantea una reflexión sobre el castigo y la venganza: Adrián reacciona con ira, buscando justicia por su cuenta, mientras que Alexandra intenta canalizar su trauma a través del arte. La metáfora de Medea se convierte en un eje central de la película, pues la protagonista, al ensayar la obra, revisita su propio sufrimiento y busca una catarsis que la ayude a sobrevivir. La propia Gemma Blasco ha coescrito con Eva Pauné un sutil guión, que no cae en el didactismo ni en el juicio moral, sino que muestra la violencia como un ciclo destructivo del que es difícil escapar. 

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