lunes, 1 de junio de 2026

Divertida, intelectual y perfeccionista: Marilyn Monroe, mucho más que un símbolo sexual (I)

Para conmemorar el centenario del nacimiento de Marilyn Monroe el 1 de junio, aquí les ofrecemos una breve mirada, desde una perspectiva subjetiva, a un ícono de la cultura popular.
"Quiero que me ames", cantaba en "Some Like It Hot". Su voz fue escuchada en todo el mundo, para bien o para mal. Nacida en Los Ángeles el 1 de junio de 1926, Marilyn Monroe habría cumplido 100 años este lunes.
El título original de esta obra maestra de Joseph L. Mankiewicz, Eva al desnudo (All About Eve), estrenada en 1950, tiene un carácter casi profético: el arquetipo femenino bíblico original, adorado y vilipendiado, víctima y tentadora, analizado hasta la saciedad. Poco importa que Marilyn Monroe aparezca solo unos minutos en esta película temprana. Su sensualidad y vulnerabilidad, con una modestia que traspasa la pantalla, ya saltan a la vista: esta estrella estaba destinada a un futuro extraordinario. Para 1953, con Níagara (Niagara), de Henry Hathaway, Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks) y Cómo casarse con un millonario (How to Marry a Millionaire), de Jean Negulesco, ya era la mujer más famosa del mundo.
Gladys Baker
Es difícil hablar de Marilyn Monroe sin mencionar el calvario de la pequeña Norma Jean Baker —su nombre real—, quien fue maltratada, abusada, descuidada y trasladada de una familia de acogida a otra, entre vecinos, su abuela e instituciones, debido a que su madre, Gladys Baker, padecía una grave enfermedad mental. Detrás de Marilyn, Norma Jean, la niña herida, siempre permanecerá oculta.
Blonde
Es el título de la suntuosa y conmovedora novela que Joyce Carol Oates le dedicó, y también el color de todos los sueños artificiales del cine. "Demasiado rizado e indomable, se recomienda decoloración y permanente", reza el expediente de la morena Norma Jean en la agencia de modelos Blue Book, donde se inscribió en 1945. Una nueva identidad nació, en los cada vez más agresivos lavados con amoníaco, a través de todos los tonos de rubio, desde el brillo soleado de las comedias hasta el tono juvenil de Río sin retorno (River of No Return, 1954), de Otto Preminger (1954), hasta el platino casi irreal, pálido como un sudario, del final de su vida.
Marilyn Monroe en Río sin retorno (1954)
(cont.)

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