lunes, 16 de noviembre de 2015

Biografías de cine: Eadweard Muybridge (II)

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El excéntrico Eadweard Muybridge
No obstante, en este momento la carrera de Eadweard Muybridge se vió interrumpida de la forma más dramática. En 1871 se había casado con una divorciada que tenía exactamente la mitad de años que él. Su atareada vida profesional había hecho que la joven Flora se sintiera sola y aburrida, siendo objeto de las atenciones de un aventurero inglés, el mayor Harry Larkyns.
En abril de 1874 Flora dio a luz un niño al que bautizó con el nombre de Florando. No obstante, la alegría de Muybridge se vio ensombrecida cuando descubrió que el niño no era suyo, y que Flora seguía manteniendo su relación con el mayor Larkins. Así, en octubre de ese mismo años, Muybridge se desplazó en barco, tren y a lomos de caballo hasta la mina en que Larkins trabajaba por aquel entonces como inspector. Cuando llegó, le mando salir de la fiesta en la que se encontraba y le mató de un disparo. 
Muybridge permanece en la cárcel hasta el momento de celebrarse el juicio, en febrero de 1875. Afortunadamente para la posteridad, el jurado le declaró no culpable. Según la moralidad reinante en el oeste de Estados Unidos hacia 1879, la muerte de Larkins era perfectamente justificable. La pobre Flora falleció poco después del incidente mientras que la carrera de su marido alcanzaba nuevas etapas de gloria.
Tras viajar por todo México y América Central en expediciones fotográficas, realizó dos de sus obras maestras: un álbum fotográfico de América Central y un gigantesco panorama de San Francisco. Para 1877 se encontraba nuevamente bajo el patronato de Leland Stanford.
Disparador rápido
En el rancho de Palo Alto recientemente adquirido por Leland Stanford continuó con sus experimentos. A lo largo de la pista de entrenamiento construyó un cobertizo largo y bajo en el que colocó una batería de doce cámaras a intervalos de 48 metros y medio. Estaban equipadas con los obturadores más rápidos existentes, que se iban disparando sucesivamente según una pequeña calesa tirada por el caballo al que estaba fotografiando, iba pasando por una serie de alambres extendidos sobre la pista. Como alternativa, los obturadores podía dispararse por medio de hilos negros atados al pecho del caballo.
Bisonte americano galopando

Los primeros resultados tuvieron un gran éxito. Alabados por la prensa, Muybridge y Stanford (que sabía los dos hacer publicidad de sí mismos) se vieron estimulados a realizara experimentos fotográficos con otra serie de criaturas, bueyes, gatos, cerdos, perros y un oso. Para fotografiar a esos animales, en los que no se podía confiar para que corriesen por la pista y pusiesen en marcha el mecanismo de los obturadores, se creó un aparato automático destinado a producir la necesaria serie de exposiciones. Muybridge había dado otro paso significativo hacia la idea de la cámara cinematográfica. Después de fotografiar a todos estos animales convenció a tres atletas de la Universidad del Sur de California para que posasen con destino a sus primeros estudios sobre la forma humana. Sin avergonzarse para nada de su propio cuerp, Muybridge se desnudó entusiásticamente y posó con ello. 
La respuesta de la prensa fue abrumadoramente favorable. Los experimentos y fotografías de Muybridge recibieron publicidad internacional y le permitieron iniciar una correspondencia postal con investigadores europeos tales como el francés Jules Etienne Marey, que estaba trabajando en el mismo campo que él. 
En 1879 creó una nueva sensación. Tras haber desbrozado el movimiento en elementos separados y estáticos, decidió reconstruirlo. Redibujando sus imágenes fotográficas sobre una placa transparente y circular, utilizó un dispositivo llamado Zoopraxiscopio, un perfeccionamiento de los Phenakitoscopios ya utilizados por los linternistas mágicos, para mostrarlas como imágenes en movimiento. 
Zoopraxiscopio
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