Mostrando entradas con la etiqueta Vivien Leigh. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vivien Leigh. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (VII)

(cont.)
La relación con Merivale demostró ser una influencia estabilizadora para Leigh, pero a pesar de su aparente alegría, el periodista Radie Harris la cita diciendo: «preferiría haber vivido una vida breve con Larry [Olivier] que enfrentarse a una larga sin él».​ Su primer marido, Leigh Holman, también pasó mucho tiempo con ella. Merivale se unió a ella para una gira por Australia, Nueva Zelanda y América Latina, que duró desde julio de 1961 hasta mayo de 1962, en la que la actriz disfrutó de críticas positivas sin compartir protagonismo con Olivier.​ A pesar de que todavía sufría episodios de depresión, continuó trabajando en el teatro y, en 1963, ganó un premio Tony a la mejor actriz en un musical por su papel en Tovarich. También apareció en las películas La primavera romana de la señora Stone (The Roman Spring of Mrs. Stone, 1961), dirigida por Jose Quintero, y El barco de los locos (Ship of Fools, 1965), dirigida por Stanley Kramer.​
Vivien Leigh y Warren Beatty en La primavera romana de la señora Stone (1961)
Su última aparición en pantalla en El barco de los locos fue un triunfo y emblemática de sus dolencias que estaban arraigando. Antes del rodaje, el productor y director Stanley Kramer tenía intención de que Leigh la protagonizara, aunque inicialmente no estaba al corriente de su frágil estado físico y mental.​ Hablando sobre su trabajo, Kramer recordó su valor al asumir el difícil papel: «Estaba enferma, y el coraje de seguir adelante, el coraje para hacer la película; fue casi increíble». Su papel estaba cargado de paranoia y tuvo como consecuencia crisis nerviosas que afectaron a su relación con otros actores, aunque tanto Simone Signoret como Lee Marvin fueron compasivos y comprensivos. En un caso puntual durante la escena de violación, Leigh se vio turbada y golpeó a Marvin con tanta fuerza con un zapato de tacón, que le marcó la cara.​ Leigh ganó el premio L'Étoile de Cristal a una actuación en un papel protagonista por su papel en la película.
Vivien Leigh y Lee Marvin en El barco de los locos (1965)
En mayo de 1967 estaba ensayando para actuar junta a Michael Redgrave en la obra de teatro de Edward Albee Un delicado equilibrio (A Delicate Balance) cuando sufrió una recaída en su tuberculosis. Tras varias semanas de reposo pareció que se recuperaba. Durante la noche del 7 de julio de 1967, Merivale la dejó como de costumbre en su apartamento de Eaton Square para actuar en una obra de teatro y regresó a casa poco antes de la medianoche encontrándola dormida; alrededor de 30 minutos más tarde, entró en el dormitorio y descubrió su cuerpo en el suelo. Ella había intentado ir al baño y, cuando sus pulmones se llenaron de líquido, se colapsaron y se asfixió.
Su fallecimiento se dio a conocer públicamente el 8 de julio y las luces de todos los teatros del centro de Londres se apagaron durante una hora. Se celebró un servicio católico en la Iglesia de Santa María de Cadogan Street, en Londres, y a su funeral asistieron las celebridades del teatro y el cine británico. De acuerdo con sus últimas voluntades, Leigh fue incinerada en el crematorio de Golders Green y sus cenizas fueron dispersadas en el lago junto su casa de campo en Tickerage Mill, cerca de Blackboys, Sussex Oriental. Se celebró un servicio conmemorativo en St Martin-in-the-Fields, en el que John Gielgud leyó un panegírico.

lunes, 18 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (V)

(cont.)
Leigh consiguió el papel de Blanche DuBois en la producción teatral de la obra del dramaturgo Tennessee Williams Un tranvía llamado Deseo (A Streetcar Named Desire, 1947), después de que Williams y la productora de la obra, Irene Mayer Selznick (hija del fundador de la MGM, Louis B. Mayer), la vieran actuando en The School for Scandal y Antígona; por su parte, Olivier fue contratado como director. La obra incluía una escena de violación y referencias a la promiscuidad y la homosexualidad, y estaba claramente destinada a ser polémica; el debate en los medios de comunicación sobre su pertinencia incrementó la ansiedad de Leigh. Sin embargo, creía firmemente en la importancia de esta obra.
Vivien Leigh y Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo (1951)
Cuando la producción de la obra en el West End se estrenó en octubre de 1949, J. B. Priestley censuró la obra y la actuación de Leigh, y el crítico Kenneth Tynan, que tenía por costumbre rechazar sus actuaciones teatrales, comentó que Leigh no era apropiada para el papel porque los actores británicos estaban «demasiado bien educados para exteriorizar sentimientos en escena». Olivier y Leigh estaban desilusionados porque parte del éxito comercial de la obra estaba en la asistencia de espectadores que querían ver lo que creían sería una historia escabrosa, en lugar de lo que ellos concebían como una tragedia griega. La obra también tuvo firmes defensores, como el actor y dramaturgo Noël Coward, quien describió a Leigh como «espléndida».
Kim Hunter, Marlon Brando y Vivien Leigh en Un tranvía llamado deseo (1951)
Después de 326 representaciones Leigh dejó la obra, y pronto fue elegida para volver a interpretar su papel como Blanche DuBois en la versión cinematográfica de la obra. Su irreverente y a menudo obsceno sentido del humor hizo que mantuviera una buena relación con el coprotagonista, Marlon Brando, pero al principio tuvo dificultades para trabajar con el director, Elia Kazan, ya que este no estaba de acuerdo con la dirección que Olivier había tomado al dar forma al personaje de Blanche. Kazan había preferido a Jessica Tandy y más tarde a Olivia de Havilland antes que a Leigh, pero sabía que había tenido éxito en la producción teatral londinense desempeñando al personaje.​ Posteriormente comentó que no la tenía en gran estima como actriz, considerando que «tenía poco talento», sin embargo a medida que el rodaje avanzaba, pasó a sentir una «gran admiración» por «la mayor determinación por sobresalir de cualquier actriz que conozco. Se habría arrastrado sobre cristales rotos si creyera que eso ayudaría a su actuación». Leigh encontró el papel extenuante y comentó en Los Angeles Times: «Estuve durante nueve meses en el teatro como Blanche DuBois. Ahora ella está al mando sobre mí». Olivier la acompañó a Hollywood, donde él iba a coprotagonizar junto a Jennifer Jones la película Carrie (1952), dirigida por William Wyler.
Vivien Leigh y Karl Malden en Un tranvía llamado deseo (1951)
Su actuación en la película recibió magníficas críticas, y obtuvo su segundo Oscar como mejor actriz, el Premio de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA) a la mejor actriz británica y un premio del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York a la mejor actriz. Tennessee Williams comentó que Leigh dio al papel «todo lo que imaginé para él, y mucho de lo que nunca había soñado». Leigh tenía sentimientos encontrados acerca de su relación con el personaje; en años posteriores, dijo que interpretar a Blanche DuBois «me volvió loca».
(cont.)

domingo, 17 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (IV)

(cont.)
Leigh había realizado una prueba de pantalla y esperaba coprotagonizar junto a su marido Rebeca (Rebecca, 1940), que iba a ser dirigida por Alfred Hitchcock con Olivier en el papel principal. Después de ver la prueba de pantalla de Leigh, David Selznick señaló que «no parece la adecuada para representar la sinceridad, edad o inocencia» del personaje, una opinión compartida por Hitchcock y el mentor de Leigh, George Cukor, además Selznick observó que no había demostrado ningún entusiasmo por el papel hasta que Olivier fue confirmado como protagonista, por lo que le dio el papel a Joan Fontaine, y también se negó a permitir que se uniera a Olivier en Más fuerte que el orgullo (Pride and Prejudice, 1940), por lo que Greer Garson desempeñó el papel que Leigh deseaba para ella misma. Olivier y Leigh iban a protagonizar El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1940), dirigida por Mervyn LeRoy, pero Selznick substituyó a Olivier con Robert Taylor, por entonces en la cumbre de su éxito como una de las estrellas masculinas más populares de la Metro-Goldwyn-Mayer;​ sus recaudaciones en taquilla reflejaban su estatus en Hollywood y la película tuvo gran acogida entre la audiencia y la crítica.
Vivien Leigh y Robert Taylor en El puente de Waterloo (1940)
Los Olivier montaron una producción teatral de Romeo y Julieta para Broadway. La prensa de Nueva York dio a conocer la naturaleza adúltera de los inicios de la relación entre Olivier y Leigh y cuestionó su ética al no regresar al Reino Unido para colaborar con el esfuerzo bélico de su país. Las críticas de Romeo y Julieta fueron desfavorables. Brooks Atkinson, del The New York Times, escribió: «Aunque la señorita Leigh y el señor Olivier son unos atractivos jóvenes, prácticamente no actúan».​ Aunque la mayor parte de la culpa se atribuyó a la actuación y dirección de Olivier, Leigh también fue criticada, como en el caso del historiador y crítico Bernard Grebanier, famoso por sus estudios sobre la obra de Shakespeare.​ La pareja había invertido casi todos sus ahorros, unos 40 000 dólares, en el proyecto y el fracaso fue un desastre financiero para ambos.
            Vivien Leigh con Laurence Olivier en Lady Hamilton (1941)
El matrimonio protagonizó Lady Hamilton (That Hamilton Woman, 1941), dirigida por Alexander Korda, con Olivier como Horatio Nelson y Leigh como Emma Hamilton. Por entonces Estados Unidos todavía no se habían incorporado a la guerra en curso, y esta fue una de las películas que Hollywood realizó con el objetivo de despertar un sentimiento pro británico entre el público estadounidense.​ La película fue popular en Estados Unidos y un éxito excepcional en la Unión Soviética. Winston Churchill organizó una proyección durante una fiesta a la que asistió el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt y al terminar se dirigió a los asistentes diciendo: «Caballeros, pensé que esta película les interesaría, pues muestra los grandes eventos similares a aquellos en los que están tomando parte». Los Olivier siguieron colaborando con Churchill, asistiendo a cenas y aquellas ocasiones para las que fueron requeridos durante el resto de su vida.
Vivien Leigh y Claude Raines en César y Cleopatra (1945)
Los Olivier regresaron a Gran Bretaña en marzo de 1943; Leigh recorrió el norte de África ese mismo año como parte de una revista para las fuerzas armadas desplazadas en la región. Según los informes, rechazó un contrato de un estudio cinematográfico por valor de 5000 dólares semanales de voluntaria como parte del esfuerzo bélico.​ Actuó para las tropas antes de caer enferma con una tos persistente y fiebre. En 1944 se le diagnosticó tuberculosis en el pulmón izquierdo y pasó varias semanas en el hospital. Leigh estaba rodando César y Cleopatra (Cesar and Cleopatra), dirigida por Gabriel Pascal, cuando descubrió que estaba embarazada, pero poco después sufrió un aborto espontáneo.​ Entró temporalmente en una profunda depresión que en su peor momento la llevó a caerse al suelo sollozando en un ataque de histeria.​ Este fue el primero de los muchos episodios de su trastorno bipolar. Olivier llegó a reconocer los síntomas de un episodio inminente: varios días de hiperactividad, seguidos de un período de depresión y un colapso nervioso, después de lo cual Leigh no recordaría el incidente, pero estaría sumamente avergonzada y arrepentida.
Vivien Leigh y Ralph Richardson en Anna Karénina (1948)
Con la aprobación de su médico, Leigh estuvo lo suficientemente bien como para volver a actuar en 1946, protagonizando la exitosa producción teatral de Thornton Wilder en Londres The Skin of Our Teeth; sin embargo sus películas de este período, César y Cleopatra (1945) y Anna Karénina (1948), no fueron grandes éxitos comerciales. Todas las películas del Reino Unido de este período se vieron afectadas negativamente por un boicot de Hollywood a las películas británicas.
En 1947 Olivier fue nombrado caballero y Leigh lo acompañó al palacio de Buckingham para la investidura, convirtiéndose en Lady Olivier. Tras su divorcio, según la costumbre que se otorgaba a la esposa divorciada de un caballero, se la conocía socialmente como Vivien, Lady Olivier.
En 1948 Olivier formaba parte de la junta directiva del Old Vic Theatre y emprendió junto a su esposa una gira de seis meses por Australia y Nueva Zelanda para recaudar fondos para el teatro. Olivier desempeñó el papel protagonista en la obra teatral Ricardo III y también actuó junto a Leigh en The School for Scandal y The Skin of Our Teeth. La gira fue un éxito excepcional y, aunque Leigh padecía de insomnio y le permitió a su suplente reemplazarla durante una semana mientras estaba enferma, generalmente soportó los requerimientos que se le imponían, como las peticiones de atender a los medios, pues Olivier apreciaba su habilidad para «cautivar a la prensa». Los miembros de la compañía recordaron más adelante varias peleas entre la pareja, y Olivier estaba cada vez más resentido por las demandas que recaían sobre él durante la gira. El altercado más dramático ocurrió en Christchurch, Nueva Zelanda, cuando no encontraron sus zapatos y Leigh se negó a salir al escenario sin ellos. Olivier, exhausto y exasperado, le gritó una obscenidad y le dio una bofetada en la cara, y Leigh le devolvió otra bofetada, consternada de que la golpeara públicamente; poco después se dirigió al escenario con unos zapatos prestados y, en cuestión de segundos, había «secado sus lágrimas y sonreído alegremente en escena».​ Al final de la gira, ambos estaban agotados y enfermos. Olivier le dijo a un periodista: «Puede que no lo sepas, pero estás hablando con un par de cadáveres andantes». Más tarde, observaría que «perdió a Vivien» en Australia.​
El éxito de la gira animó a los Olivier a hacer su primera aparición en el West End juntos, representando las mismas obras y una más, Antígona, incluida ante la insistencia de Leigh porque deseaba desempeñar un papel en una tragedia.
(cont.)

sábado, 16 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (III)

(cont.)
En Hollywood se estaba llevando a cabo una prolongada búsqueda acompañada de gran publicidad para encontrar a una actriz para el papel de Scarlett O'Hara en la gran producción de David O. Selznick de Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939).​ Por aquel entonces Myron Selznick, hermano de David y agente teatral estadounidense de Leigh, era el representante en Londres de la Myron Selznick Agency. En febrero de 1938 Leigh le pidió a Myron Selznick que la consideraran para desempeñar el papel de Scarlett.
Vivien Leigh como Scarlett O'Hara
Ese mismo mes David O. Selznick vio sus actuaciones en Inglaterra en llamas y Un yankee en Oxford y pensó que era una buena actriz, pero de ninguna manera una posible Scarlett porque era «demasiado británica». A pesar de ello, Leigh viajó a Los Ángeles para estar con Olivier y para tratar de convencer a David Selznick de que ella era la persona adecuada para el papel. Myron Selznick también era representante de Olivier y cuando conoció a Leigh creyó que poseía las cualidades que su hermano estaba buscando.​ Se cuenta la historia de que Myron Selznick llevó a Leigh y a Olivier al plató donde se filmó la grabación de la escena del incendio de Atlanta y orquestó un encuentro donde presentó a Leigh y, dirigiéndose burlonamente a su hermano menor, le dijo: «Hey, genio, te presento a tu Scarlett O'Hara».​ Al día siguiente, Leigh leyó una escena para Selznick, quien organizó una prueba de pantalla con el director George Cukor y escribió a su esposa: «Ella es la ganadora sorpresa para Scarlett y se ve muy bien. Te comento esto sin que se lo digas a nadie: la selección se reduce a Paulette Goddard, Jean Arthur, Joan Bennett y Vivien Leigh».​ Cukor estuvo de acuerdo y alabó la «increíble bravura» de Leigh y la actriz consiguió el papel poco después.
Clark Gable y Vivien Leigh en Lo que el viento se llevo (1939)
El rodaje resultó difícil para Leigh. Cukor fue despedido y sustituido por Victor Fleming, con quien la actriz tenía frecuentes enfrentamientos. Ella y Olivia de Havilland se reunían en secreto con Cukor por las noches y los fines de semana para oír sus consejos sobre cómo debían desempeñar sus papeles. Leigh entabló amistad con Clark Gable, su esposa Carole Lombard y Olivia de Havilland, pero no tuvo buenas relaciones con Leslie Howard, con quien debía rodar varias escenas muy emotivas. En ocasiones debía trabajar los siete días de la semana, a menudo hasta altas horas de la noche, lo cual aumentaba su angustia; además echaba de menos a Olivier.​ Durante una llamada telefónica de larga distancia con Olivier, declaró: «... ¡cómo odio actuar en el cine! ¡Lo odio, lo odio, y no quiero volver a rodar nunca más una película!» En una biografía de Olivier de 2006, Olivia de Havilland defendió a Leigh contra las afirmaciones acerca de su conducta maníaca durante el rodaje de la película: «Vivien fue impecablemente profesional, impecablemente disciplinada en Lo que el viento se llevó. Tenía dos grandes preocupaciones: hacer su mejor trabajo en un papel extremadamente difícil y estar separada de Larry [Olivier], que estaba en Nueva York».
Vivien Leigh, Olivia de Havilland y Leslie Howard en Lo que el viento se llevó (1939)
La película le supuso a Leigh fama y atención inmediata, aunque se la cita diciendo: «No soy una estrella de cine, soy actriz. Ser una estrella de cine, sólo una estrella de cine, es una vida falsa, vivida por falsos valores y por la publicidad. Las actrices trabajan mucho tiempo y siempre hay papeles maravillosos para representar». Lo que el viento se llevó ganó diez premios Oscar, incluido el de mejor actriz para Leigh,​ quien también ganó un premio como mejor actriz concedido por el Círculo de Críticos de Cine de Nueva York.
(cont.)

martes, 12 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (II)

(cont.)
Laurence Olivier conoció a Leigh cuando acudió a ver una función de The Mask of Virtue y entablaron amistad cuando la felicitó por su actuación. Iniciaron un romance durante su representación en el papel de amantes en la película Fire Over England (1937), pero Olivier todavía estaba casado con la actriz Jill Esmond.​ Durante este período, Leigh leyó la novela de Margaret Mitchell Lo que el viento se llevó y le dio instrucciones a su representante estadounidense para que la recomendara a David O. Selznick, que estaba planeando una versión cinematográfica de la novela.​ Ella comentó a un periodista: «Me he elegido como Scarlett O'Hara»; el crítico de cine del The Observer C. A. Lejeune recordó una conversación del mismo período en la que Leigh «nos sorprendió a todos» con la afirmación de que Olivier «no hará el papel de Rhett Butler, pero yo seré Scarlett O'Hara. Espera y verás.»
Vivian Leigh y Hattie McDaniel en Lo que el viento se llevó (1939)
A pesar de su relativa inexperiencia fue elegida para interpretar a Ofelia en la adaptación teatral de Olivier de Hamlet en una producción del Old Vic estrenada en Elsinor, Dinamarca. Olivier recordó más adelante un incidente cuando su humor cambió rápidamente mientras que ella se estaba preparando para entrar en escena; sin provocación aparente, empezó a gritarle y de repente se quedó en silencio y con la mirada perdida. Pudo llevar a cabo la representación sin contratiempos y al día siguiente había vuelto a la normalidad sin recordar el incidente. Era la primera vez que Olivier presenciaba en ella este comportamiento. Comenzaron a vivir juntos, ya que sus respectivos esposos se habían negado a concederles el divorcio.​ A causa de los estándares morales aplicados por entonces por la industria cinematográfica, su relación tenía que llevarse a cabo al margen de la opinión pública.
Vivien Leigh y Robert Taylor en Un yanqui en Oxford (1938)
Actuó junto a Robert Taylor, Lionel Barrymore y Maureen O'Sullivan en Un yanqui en Oxford (A Yank at Oxford, 1938), dirigida por Jack Conway, que fue la primera de sus películas en recibir atención en Estados Unidos. Durante la producción, adquirió una reputación de carácter difícil e irrazonable, en parte porque le disgustaba su papel secundario, pero principalmente porque sus petulantes excentricidades parecían resultarle beneficiosas. A pesar de llegar a un acuerdo tras la amenaza de presentar una demanda por un incidente frívolo, Korda le dijo a su representante que advirtiera a la actriz que no le renovarían el contrato si su comportamiento no mejoraba. 
Su siguiente papel fue en Callejón sin salida, también conocida como Las calles de Londres (Sidewalks of London AKA  St Martin's Lane AKA London After Dark AKA Partners of the Night, 1938), dirigida por Tim Whelan, junto a Charles Laughton. Bella historia de amor imposible, sobre la fama y sus dos lados: el del que lo alcanza y de los que seguirán superándose a si mismos en las calles, utilizando la acera como escenario, sin un reconocimiento superior al de una moneda en un sombrero, en ese eterno porvenir y devenir de las calles de Londres.
Vivien Leigh y Charles Laughton en Callejón sin salida (1938)
Olivier había intentando ampliar su carrera cinematográfica, pero a pesar de su éxito en Gran Bretaña no era muy conocido en Estados Unidos y los intentos anteriores de presentarlo al público estadounidense habían fracasado. Tras recibir una oferta para el papel de Heathcliff en la producción de Samuel Goldwyn Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights, 1939), viajó a Hollywood dejando a Leigh en Londres. Goldwyn y el director de la película, William Wyler, ofrecieron a la actriz el papel secundario de Isabella, pero ella rechazó la oferta porque prefería el de Cathy, papel que finalmente desempeñó Merle Oberon.
(cont.)

viernes, 8 de julio de 2022

Mujeres de cine: Vivien Leigh (I)

El 8 de julio de 1977 fallece en Londres, Inglaterra, Vivian Mary Hartley, más conocida artísticamente Vivien Leigh, actriz de teatro y cine británica. Galardonada con dos premios Óscar a la mejor actriz, se la recuerda sobre todo por sus papeles como Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó (1939) y como Blanche DuBois en Un tranvía llamado deseo (1951), papel que ya había desempeñado en los teatros del West End de Londres en 1949.
Tras finalizar sus estudios de arte dramático, desempeñó pequeños papeles en cuatro películas en 1935 y progresó hasta su papel protagonista en Inglaterra en llamas (Fire Over England, 1937), dirigida por William K. Howard. Elogiada por su belleza, sintió que sus atributos físicos en ocasiones le impedían ser tomada en serio como actriz. A pesar de su fama en la gran pantalla, fue sobre todo una actriz de teatro; durante su carrera de 30 años, desempeñó papeles que fueron desde las comedias de Noël Coward y George Bernard Shaw hasta personajes clásicos de Shakespeare como Ofelia, Cleopatra, Julieta y Lady Macbeth. Ya en sus últimos años, desempeñó algunos papeles secundarios en unas pocas películas.
Vivien Leigh y Laurence Olivier en Inglaterra en llamas (1937)
Durante su matrimonio con Laurence Olivier, con el que estuvo casada en segundas nupcias entre 1940 y 1960, el público la identificaba a menudo junto a su marido, con el que coprotagonizó tres películas y numerosas producciones teatrales, a menudo dirigidas por el propio Olivier. Tenía reputación de ser difícil trabajar con ella y durante gran parte de su vida adulta padeció trastorno bipolar, además de episodios recurrentes de tuberculosis crónica, que le fue diagnosticada por primera vez a mediados de la década de 1940 y que finalmente fue la causa de su muerte a los 53 años de edad.​ A pesar de que su carrera tuvo períodos de inactividad, en 1999 el American Film Institute la clasificó como una de las mayores estrellas del cine clásico de Hollywood.
Por sugerencia de sus amigos desempeñó un pequeño papel como colegiala en la película Things Are Looking Up (1935), de Albert de Courville. en lo que fue su debut cinematográfico, aunque no figuró en los créditos. Contrató a un agente, John Gliddon, que consideró que Vivian Holman no era un nombre adecuado para una actriz, por lo que, después de rechazar sus numerosas sugerencias, ella decidió que su nombre artístico sería «Vivian Leigh». Gliddon se la recomendó al productor y director Alexander Korda como posible actriz de cine, pero Korda la rechazó al considerar que carecía de potencial.​ Actuó en la obra teatral The Mask of Virtue, dirigida por Sidney Carroll en 1935, y recibió excelentes críticas, lo que le supuso conseguir entrevistas y aparecer en artículos de prensa. Uno de esos artículos fue del Daily Express, en el que la entrevistadora observó que «un cambio como un rayo apareció en su rostro», que fue la primera mención pública de los bruscos cambios de humor que se habían vuelto característicos de ella.​ El futuro poeta laureado John Betjeman la describió como «la esencia de la juventud inglesa». Korda asistió a su actuación de la noche de estreno, admitió su error, y firmó con ella un contrato cinematográfico.21​ Continuó con la obra pero, cuando Korda la trasladó a un teatro más grande, Leigh fue incapaz de proyectar su voz adecuadamente o de mantener la atención de una audiencia tan grande, y la obra dejó de representarse poco después. En el cartel de la obra, Carroll había cambiado la ortografía de su nombre de pila a «Vivien».
Vivien Leigh en Things are looking up (1935) 
En 1960 Leigh volvió a dar muestras de su ambivalencia ante su primera experiencia de aclamación crítica y repentina fama, comentando que «algunos críticos consideraron conveniente ser tan tontos como para decir que yo era una gran actriz. Y pensé que eso era una tontería, algo malvado, porque me imponía esa obligación y esa responsabilidad, que no podía soportar. Y me llevó años aprender lo suficiente para estar a la altura de lo que decían en esas primeras críticas.​ Lo encuentro estúpido. Recuerdo muy bien al crítico y nunca le he perdonado».
(cont.)

martes, 16 de febrero de 2021

Cinco hermosos melodramas para ahogarse en la felicidad de las lágrimas

Hay tragedia, drama intenso, terrible y noble. Y luego está el melodrama, historias terriblemente tristes, que te hacen llorar tanto que se vuelve casi dulce dejarse mecer por estas lágrimas derramadas… ¿Están cerrados los cines? Aquí hay cinco razones admirables para estar locamente.
Definición de melodrama: "Subgénero de drama en el que se hace especial énfasis en los sentimientos de los personajes, normalmente exacerbados o exagerados, desempeñando los aspectos emocionales o sentimentales un gran papel en la trama". ... Sí pero, gracias a sus propios excesos, el melodrama en el cine -como el thriller, además- permite muchos atrevimientos psicológicos. Y muchos hallazgos estéticos. Aquí hay cinco, más o menos famosos, uno de los cuales termina bien. Porque, a diferencia de la tragedia, inevitablemente implacable, el melodrama autoriza el perdón. Una posible redención. El comienzo de una feliz fatalidad.

El puente de Waterloo (Waterloo Bridge, 1940), de Mervyn LeRoy

Ella no se parece a los personajes habituales de los melodramas. Sin ser una sufridora (como la heroína de Carta de una desconocida, de Max Ophuls), Myra (Vivien Leigh) es menos víctima del destino que de sí misma. Si renuncia a la pasión, es para obedecer a una moral, basada en el honor, que ha hecho regla de vida. Durante la Gran Guerra, tuvo que rebajarse. Privarse. Incluso prostituirse. Cuando volvió la paz, no pudo, por tanto, abandonarse al amor que le tiene a un oficial noble y puro (lo interpreta Robert Taylor y esa es la única debilidad de la película: ¡cuesta imaginar a este yanqui como un heredero británico!...). Vivien Leigh, cuyas problemas psicológicos conocemos, añade una inquietante ambigüedad a esta extraña, exigente y exaltada figura. Un fantasma de un clásico del siglo XVII que, a fuerza de exigencia y orgullo, revive los tormentos de los personajes de Racine...
Vivien Leigh en El puente de Waterloo (1940)

Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), de Max Ophuls

Está llorando, probablemente por primera vez. Sobre una carta. Sobre su vida. Sobre esta mujer olvidada que sólo lo amaba a él... Generalmente, es el dolor secreto de la mujer lo que Max Ophuls magnifica (Danielle Darrieux en Madame de…, Martine Carol en Lola Montes). Aquí, es a un hombre que le devuelve, en el último momento, al hacer que muera por ella, su dignidad perdida... Stefan (Louis Jourdan) está cautivo de su egoísmo. Lisa ( Joan Fontaine), de una obsesión amorosa que la lleva al masoquismo puro. Un abismo los separa, que solo el arte puede llenar. De ahí los amplios movimientos de cámara del cineasta que parece rodearlos y esos planos encadenados de sus rostros que los hacen encontrarse por unas fracciones de segundo. En cierto modo, el todopoderoso Ophuls otorga a los amantes lo que el cielo les niega. Para él, es el artificio el que dice la verdad.
Louis Jourdan en Carta de una desconocida (1948)

Imitación a la vida (Imitation of Life, 1959), de Douglas Sirk

Los sirve durante el funeral de una madre a la que llevó a la desesperación... Una escena grandiosa como le gustaba a Douglas Sirk: una catedral, un ataúd cubierto de flores y, a modo de apoteosis, Mahalia Jackson entonando Trouble of the World ("Yo he terminado con los problemas del mundo")... Las dos faltas de Sarah Jane (Susan Kohner), la mezcolanza que a menudo se basa en el salario del pecado, es haber despreciado a su pobre madre negra, que siguió siendo una doméstica toda su vida. Y sobre todo negó sus orígenes, al querer, al ser una mujer de piel clara, mimetizarse en un mundo dominado por los blancos (su flirteo la castigó de lleno cuando se supo quién era su madre)... En la América puritana y racista de los años 1950, lel cineasta siempre se ha mantenido insolente: celebra a una mujer a la que su familia quiere castigar por haberse enamorado de un jardinero Sólo el cielo lo sabe (All That Heaven Allows, 1955), o al playboy arrepentido que se convierte en cirujano para curar al que ha dejado ciego, Obsesión  (Magnificent Obsession 1954). Con él, y sobre todo en Imitación a la vida, oscilamos entre lo grandilocuente y lo grandioso...

Susan Kohner en Imitación  a la vida (1959)

Primavera en Akitsu (Akitsu onsen, 1962), de Kijû Yoshida

Es cuando ve a Shinko (Mariko Okada) sollozando, ese día de 1945 cuando el emperador anuncia la rendición de Japón, que Shûsaku (Hiroyuki Nagato), el desesperado, el suicida, decide vivir. Solo que no es muy bueno en eso. Duele. Y por lo tanto, lastima a los demás. Vagará, frustrado e insatisfecho, regresando sólo intermitentemente a quien habrá sido destruida a fuerza de esperarlo... Kijû Yoshida (nada que hacer, ¡este incansable y prolífico cineasta sigue siendo un desconocido entre nosotros!) Filma con travellings suntuosos a su heroína corriendo simbólicamente por los sinuosos y vacíos pasillos de una posada, en busca de un ser que nunca deja de huir... Hay Ophuls en Yoshida, menos en el estilo que en el look. Shûsaku y Louis Jourdan en Carta de una desconocida son iguales, además, casi hermanos...

Mariko Okada y Hiroyuki Nagato en Primavera en Akitsu (1962)

Moscú no cree en las lágrimas (Moskva slezam ne verit, 1980), de Vladimir Menshov

Entrenada por una excéntrica compañera, mintió, fingió ser la hija de un hombre rico, se rindió ante un vil seductor. En medio del deshielo post-estalinista, Katia (Vera Antonova) se encuentra embarazada, humillada, rechazada, odiada. Veinte años después, convertida en directora de fábrica, conoce al hombre perfecto. Un poco machista, de todos modos… Y para no perderlo, volverá a mentir… La crítica rusa odiaba la película, pero el público todavía la adora hoy. Apagón total en Francia. Compréndalo: en 1981, Vladimir Menshov tuvo la osadía de robarle el Oscar a la mejor película extranjera a François Truffaut por El último metro (Le dérnier métro)... Transijamos: la puesta en escena de Menshov es agradablemente aburrida. Pero el escenario, con sus giros y vueltas sentimentales y sus cálidos papeles secundarios, ilustra muy bien una de las leyes esenciales del melodrama: el placer de la compasión. ¡Ah, qué dulce es llorar cuando prevalece la fatalidad de la felicidad!
Vera Alentova en  Moscú no cree en las lágrimas (1980)

miércoles, 29 de junio de 2016

Noticias de libro: Vivien Leigh. La tragedia de Scarlett O'Hara

Vivien Leigh

La tragedia de Scarlett O'Hara

José Madrid
T & B Editores
Madrid
2013
224 págs.
Vivien Leigh: la tragedia de Scarlett O'Hara es la primera biografía en español de una de las mejores actrices del siglo XX, cuya belleza fue tan legendaria como algunas de sus interpretaciones. Su apasionado matrimonio con Laurence Olivier, sus desequilibrios mentales y su prematura muerte, la convirtieron en una leyenda tan grande como la película que la inmortalizó para siempre, Lo que el viento se llevó. A través de una amplia documentación y de la novelización de algunos de los episodios más controvertidos de su corta vida, Jose Madrid repasa la carrera interpretativa y la tumultuosa existencia de una mujer persistente y ambiciosa que sufrió la enfermedad desde muy joven y vivió con la misma pasión que algunos de los personajes que interpretó. Además, el libro es una oportunidad para repasar el rodaje de películas míticas como Un tranvía llamado deseo o El Puente de Waterloo, piezas clave de la carrera de una mujer que amó el teatro, vivió deprisa y sufrió las consecuencias de una belleza maldita.

miércoles, 30 de julio de 2014

Efemérides de cine: El barco de los locos

El 29 de julio de 1965 se estrenó la película estadounidense El barco de los locos (Ship of Fools), dirigida por Stanley Kramer. Protagonizada por Vivien Leigh, Simone Signoret, Oskar Werner, José Ferrer, Lee Marvin, Elizabeth Ashley, George Segal, José Greco, Michael Dunn, Charles Korvin, Heinz Rühmann. Productora: Stanley Kramer Productions. Distribuidora: Columbia Pictures.  
Sinopsis argumental: En el año 1933, el barco alemán "Vera" zarpa de Veracruz con destino a Bremerhaven. Un grupo de pasajeros, apoyados en la borda, ven cómo la tierra se aleja. Un enano deforme, Glocken, observa fríamente a los pasajeros. Cada uno tiene sus problemas y saben que su lugar de destino puede ser su comienzo o su final, ya que en Alemania el nazismo progresa rápidamente. Durante la travesía, a través de los ojos de Glocken, vemos cómo se desenvuelven cada uno de los pasajeros. En una de las escalas, una española adicta a las drogas es embarcada y se enamora del joven médico del barco.
Nominaciones y premios: 2 Oscar: mejor fotografía (blanco y negro), dirección artística (blanco y negro). 8 nominaciones. Globos de Oro: 3 nominaciones, incluyendo mejor película-drama. Círculo de Críticos de Nueva York: mejor actor (Oskar Werner).
Comentario: Basada en la novela del mismo nombre de Katherine Anne Porter, la película recuerda en parte a Grand Hotel, pues también un grupo numeroso de personas que se encuentran en un mismo entorno verán como sus vidas se irán relacionando. La cinta está repleta de grandes actores y fue nominada a la mejor película, así como al mejor guión, mejor actriz (Simone Signoret), entre otros... Ernest Laszlo ganó el Oscar. Fue, además, la última película de la actriz Vivien Leigh, ya que murió meses después aquejada de una tuberculosis.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Efemérides de cine: Inglaterra en llamas

El 25 de febrero de 1937 se estrenó Inglaterra en llamas (Fire over England), dirigida por William K. Howard. Protagonizada por Flora Robson, Laurence Olivier, Vivien Leigh, Leslie Banks, Raymond Massey, James Mason, Tamara Desni. Productora: United Artists presenta una producción London Film. Productor: Alexander Korda.
Sinopsis argumental: En 1588, las relaciones entre España e Inglaterra están prácticamente rotas. Con el respaldo de la reina Isabel I, el corsario Francis Drake ataca regularmente a las naves españolas que traen el oro del Nuevo Mundo. Felipe II prepara una flota, la Armada Invencible, para atacar a Inglaterra...
Comentario: Basada en el novela homónima de A. E. W. Mason, es una mirada británica al conflicto que en el S. XVI enfrentó a las dos potencias de entonces, la Inglaterra de Isabel I (Robson) y la España de Felipe II (Massey).
Es la primera vez en la actuaron junto la pareja Laurence Olivier y Vivien Leigh. La actuación de esta última convenció a David O. Selznick para que representara el papel de Scarlett O'Hara en Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939).