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El club de la lucha (1999)
Chuck Palahniuk es un escritor de culto por su espíritu nihilista y lo salvaje de sus manuscritos. Sin embargo, o quizá precisamente por ello, no se trata de un autor amable de leer. Su estilo es muy personal; repleto de frases cortas y repeticiones. Algo que puede hacerse pesado de leer. Además, en ocasiones, peca de no centrar sus ideas por completo. Por ello, adaptar sus obras parecía algo imposible. Sin embargo, David Fincher no solo logró llevar El club de la lucha (Flight Club) a la gran pantalla, sino que convirtió su adaptación en un icono generacional.
El director estadounidense no solo consiguió mantener el espíritu y mensaje de Palahniuk, sino que lo hizo más digerible. De hecho, su película toma algunas decisiones que mejorar el material original. Por ejemplo, la gran revelación está llevada mucho mejor llevada en la película, tanto por las semillas que va plantando a lo largo del metraje como por el montaje subliminal que realiza. También el final es más satisfactorio, con una imagen icónica, potenciada por el Where is my mind? de los Pixies, que cierran la historia con una profunda carga simbólica. Una conclusión redonda que no posee la novela.
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