La primera en llegar a los cines fue una fábula melancólica disfrazada de dibujo animado, El último unicornio (The Last Unicorn, 1982), dirigida por Jules Bass, Arthur Rankin. La película fue producida por Rankin/Bass para ITC Entertainment, y animada por Topcraft, el estudio japonés que acabaría transformándose en Studio Ghibli. Un magnífico cuento de hadas con magos y unicornios. Cansada de estar sola en el enorme bosque, la unicornio Amalthea comienza a preguntarse si es la última de su especie y sale por el mundo a buscar a sus semejantes. En su viaje se une al mago Schmendick y a Molly Grue que la ayudarán a buscar al Toro Rojo, una criatura mística que caza y aprisiona unicornios. Para pasar desapercibida entre los hombres y salvarla del Toro, Schmendrik transforma a Amalthea en una bella joven. Los tres se encaminan al tenebroso país del rey Haggard, el hombre que controla al Toro Rojo...
A simple vista, parecía “otro dibujo animado de fantasía” para niños, pero visionado con detenimiento, el espectador se daba cuenta de que había algo más: una tristeza de fondo, una sensación constante de pérdida y amenaza, escenas que podían dar auténtico miedo.
La historia, tanto en la película como en la novela homónima de 1968 y escrita por Peter S. Beagle, parece sencilla: una unicornio inmortal descubre, por casualidad, que puede que sea la última de su especie. Decide abandonar el bosque y emprende un viaje para averiguar qué ha sido del resto de unicornios. En el camino se cruzan Schmendrick, un mago torpe pero entrañable; Molly Grue, una mujer cansada y lúcida; el príncipe Lír; y el rey Haggard, un monarca incapaz de ser feliz, que solo sabe aferrarse a aquello que desea poseer. Y, por supuesto, el Toro Rojo, la criatura que ha empujado a los unicornios al borde del mundo.
La novela —reeditada recientemente (2025), en una atractiva tapa dura por Gran Travesía, con cubierta en relieve y aire de clásico rescatado— amplía y oscurece la experiencia de la película. La edición cuenta con un prólogo de Patrick Rothfuss, quien admite que no solo ama este libro, sino que es su libro favorito y lo ha sido durante más de treinta años. La prosa de Beagle es poética y melancólica, con diálogos llenos de ironía y momentos de una tristeza muy adulta. La transformación de la unicornio en mujer (Amaltea) no es solo un truco de guión: es una reflexión sobre lo que se sacrifica al hacerse humana, sobre cómo duele vivir en el tiempo cuando antes eras eterna.
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