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3. Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1951)
Sinopsis: Totó es un bondadoso huérfano que vive, igual que otros muchos desharrapados, en un mísero barrio de chabolas en las afueras de Milán. Cuando en los terrenos donde viven se descubre petróleo, Totó, tan ingenuo como bienintencionado, decide enfrentarse al poderoso señor Mobbi, el dueño del suelo.
Aunque contiene elementos fantásticos, constituye con Ladrón de bicicletas y Umberto D. la gran trilogía neorrealista de De Sica. La prueba de que en su poética personal también había espacio para el optimismo y la fantasía se encuentra en el memorable clímax de una fábula social con un corazón de oro, donde el realismo mágico irrumpe con fuerza huracanada para dotar a sus personajes de una catarsis sin parangón en la historia del cine. ¿El vuelo con bicicletas de E.T., El Extraterrestre (1982)? Sí, Spielberg lo tomó prestado de aquí.
4. Umberto D. (1952)
Sinopsis: Umberto Domenico Ferrari es un jubilado que intenta sobrevivir con su miserable pensión. Sumido en la pobreza, vive en una pensión, cuya dueña lo maltrata porque no consigue reunir el dinero necesario para pagar el alquiler de su habitación. Los únicos amigos que tiene en este mundo son una joven criada y sobre todo su perro Flike.
Su capacidad para extraer oro de actores no profesionales tocó el cielo con Carlo Battisti, profesor universitario ya jubilado que pasó a la posteridad como el trágico Umberto D. Ferrari, un manojo de desdichas que intenta con todas sus fuerzas aferrarse a lo único que le queda (un piso de alquiler) antes de caer en el más anónimo y deshumanizador de los olvidos.
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