Un champ de fraises pour l'éternité (2026), de Alain Raous
Radio Pomski libra su última batalla. Esta emisora local de culto, situada en el corazón de un camping, refleja a sus residentes permanentes: personas a las que la vida ha golpeado con dureza. Ante la amenaza inminente del desalojo, la emisora se convierte en el alma de una comunidad donde se entrecruzan vidas ordinarias y extraordinarias; un lugar donde la gente busca la felicidad y se aferra a la frágil certeza de que, unidos, aún no todo está perdido. A su manera, cada uno lucha por salvar mucho más que un simple lugar: una determinada visión del amor y la amistad.
Compuesta por cuatro capítulos, cada uno una historia de amor vivida por los habitantes de un camping alpino, esta algo aburrida película, con su estilo narrativo confuso y protagonizada por Philippe Rebbot como un hippie alcohólico y envejecido, resulta interminable.

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