lunes, 28 de enero de 2013

Biografías de cine; Paul Newman (I)


En el rostro de Paul Newman destacan,
en primer lugar, los ojos brillantes y azules;
luego, la boca sensual, que le hacen parecer
una estatua griega o quizás el David de Miguel Ángel.
 Al principio de su carrera,  el éxito se debió
a su extraordinario aspecto  físico, por lo que el público y
 buena parte de la crítica  tardó bastante tiempo en descubrir
el actor serio que se ocultaba bajo esa fachada .
El 26 de enero de 1925 nace Paul Leonard Newman, conocido artísticamente como Paul Newman en en Shaker Heights, condado de Cuyahoga, Ohio, Estados Unidos  actor, director y productor estadounidense, ganador de dos premios Oscar de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood y un premio Globo de Oro de la Hollywood Foreign Press Association (Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood). También tuvo una actividad digna de destacar como piloto de automovilismo, siendo ya actor famoso, al alzarse con éxitos significativos en varias carreras. 
Fue hijo de Terézia Fecková, nacida en Ptičie, Imperio austrohúngaro, hoy en Eslovaquia, y de Arthur Samuel Newman, estadounidense judío, hijo de emigrantes húngaros y polacos. Cursa sus estudios elementales en la Malvern School y en la Shaker Heights High School. En 1942 ingresa en el Kenyon College universitario y al año siguiente se alista en la Armada de los Estados Unidos. Cumplió el servicio militar entre 1943 y 1945, en las bases de Okinawa y Guam. Tras servir en la Armada de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, volvió a Kenyon, donde se graduó en Ciencias Económicas y formó parte del equipo de fútbol americano. Estudió interpretación en la Escuela Dramática de la Universidad de Yale y en el famoso Actor's studio de Lee Strasberg.

Tras varios papeles de extra, figurante esporádico y secundario con poco papel en varias series de la televisión norteamericana (Suspense en 1949, The Web en 1952) y obras teatrales de Broadway, efectuó su debut cinematográfico en El cáliz de plata (The Silver Chalice, 1955) dirigida por Victor Saville, cinta bíblica de lujosa producción y regulares resultados a nivel de crítica y público en su estreno, donde compartía cartel con Pier Angeli y Virginia Mayo. Fue descrita por el propio Newman como "la peor película de la década". Su primer éxito le llegó dos años después con una película de enorme repercusión a nivel internacional, Marcado por el odio (Somebody Up There Likes Me, 1956) de Robert Wise, un biopic, en el que encarnó al boxeador Rocky Graziano en un papel al que también optaba Steve McQueen, y brillaba con una interpretación bastante notable al lado de dos jovencísimos Pier Angeli y Sal Mineo. Ese mismo año logra destacar en un film de ambiente judicial basado en una obra teatral que se apunta al éxito de Traidor en el infierno, de Billy Wilder: se trata de la notable Traidor a su patria (The Rack) de Arnold Laven, donde Newman trabaja con Walter Pidgeon y Wendell Corey en una trama de traiciones en el ámbito del espionaje militar. En 1957 repite con el director Robert Wise en un melodrama criminal donde comparte cartel con dos bellísimas Joan Fontaine y Jean Simmons: se trata de Mujeres culpables (Until They Sail), en su momento no estrenada en cines en Europa pese a su indudable atractivo. Ese mismo año estrena la biografía musical de la cantante Helen Morgan (quien luchó por salir del alcoholismo estando en la cumbre de su carrera) titulada Para ella un solo hombre, (de Michael Curtiz), al lado de la recordada actriz Ann Blyth. Tras esta cinta, Newman rueda cuatro películas  importantes que se estrenan en 1958: La gata sobre el tejado de zinc, de Richard Brooks, adaptación de la espléndida obra teatral de Tennessee Williams que marcó toda una época y que pone al actor en el "mapa" de la industria cinematográfica estadounidense por su impecable encarnación del atormentado hijo de un rico empresario enfermo, por su perfecta química en pantalla con una turbadora Elizabeth Taylor, y por no dejarse robar ningún plano frente a característicos del talento de Burl Ives o Jack Carson; El zurdo, (de Arthur Penn), revisión desmitificadora del legendario Billy the Kid que sólo triunfó en Europa, pero que es considerada película de culto, donde el actor realiza una composición bastante acertada; El largo y cálido verano, drama sureño basado en El Villorrio, de William Faulkner, y de generoso presupuesto, donde Newman trabaja por primera vez con Martin Ritt -uno de sus directores favoritos y cómplice de buena parte de su carrera profesional- y con la bella Joanne Woodward, -que acababa de ganar el Óscar a la mejor actriz dramática por una memorable interpretación de mujer con desdoblamiento de personalidad en el clásico Las tres caras de Eva (1957), de Nunnally Johnson-, de la que se enamora, además de compartir secuencias con sólidos compañeros como Orson Welles, Tony Franciosa, Angela Lansbury y Lee Remick, y por último Un marido rico, (de Leo McCarey, comedia fresca y agradable pero no muy redonda, no especialmente recordada hoy, a no ser por la presencia de una exuberante Joan Collins).

En 1959 estrena una historia equilibrada aunque poco vista sobre las presiones de la alta sociedad conservadora, en el personaje de un abogado joven y talentoso que lucha por abrirse camino, con el inevitable conflicto de amor, y para los seguidores del cine de tribunales, el desenlace electrizante en un juicio final breve e inesperado, La ciudad frente a mí (The Young Philadelphians), de Vincent Sherman, basada en la novela The Philadelphian de Richard P. Powell).


Pero la gran década de Paul Newman fue realmente la de los 60 del pasado siglo. En 1960 vuelve a trabajar con Joanne Woodward en un melodrama de relieve aunque mediano éxito comercial Desde la terraza (From the Terrace), de Mark Robson, en el que ambos coinciden con Myrna Loy y Peter Lawford. No obstante, vuelve a dar en la diana cuando entra en el reparto de una de las superproducciones más costosas y famosas de la historia: la adaptación del best seller de Leon Uris Éxodo (Exodus1960), que produce y dirige el célebre cineasta Otto Preminger. Aunque tachada de sionista por algunos, la cinta logra recrear en parte la realidad de la creación del Estado de Israel tras la 2ª Guerra Mundial, y cuenta con inolvidable reparto: Eva Marie Saint, Ralph Richardson y Sal Mineo, entre otros. El año 1961 parece dar un revés a la joven estrella, al estrenar dos cintas que pasan sin pena ni gloria: por un lado, la célebre pero en su momento algo incomprendida El buscavidas (The Hustler), de Robert Rossen, una de las mejores muestras del llamado "cine de perdedores" en la que tanto Newman como Piper Laurie, George C. Scott y Jackie Gleason logran magistrales actuaciones; por el otro, su segundo film con Martin Ritt, donde encarna a un joven músico de jazz que viaja a París con un compañero (Sidney Poitier) y ve actuar al mismísimo Louis Armstrong: Un día volveré (Paris Blues), film de poca solidez narrativa y dramática pero que conserva cierto encanto. Pero, desde 1962 en adelante, Newman va encadenando un éxito tras otro, en títulos destacados como Dulce pájaro de juventud (Sweet Bird of Youth, 1962), nueva adaptación de Tennessee Williams que supone para Newman reencontrarse con el gran director y guionista Richard Brooks y que, pese a las imposiciones de la censura norteamericana para con el texto original, le permite ofrecer una de sus mejores interpretaciones, sin desmerecer a sus compañeros de reparto -entre los que sobresalen Shirley Knight, Geraldine Page y Ed Begley-.
Cuando se tienen veinte años (Hemingway's Adventures of a Young Man, 1962) de nuevo a las órdenes de Ritt, en una de sus colaboraciones más famosas, donde el actor comparte protagonismo con Richard Beymer; Hud, el más salvaje entre mil (Hud,1963), otra vez bajo las órdenes de Martin Ritt y acompañado de los consagrados Patricia Neal y Melvyn Douglas en un drama psicológico enclavado en un ambiente rural y enmarcado en el mundo de los perdedores que tiene alcance); Samantha (A New Kind of Love, 1963) comedia ligera dirigida por Melville Shavelson donde vuelve a coincidir con su ya esposa Joanne Woodward, y con una estupenda Thelma Ritter en esta especie de versión del clásico de Vincente Minnelli Mi desconfiada esposa (1958); El premio (The Prize, 1963), cine de intriga claramente influido por el estilo de Alfred Hitchcock y basado a su vez en un best-seller de la época, realizado por Mark Robson y coprotagonizado por una deliciosa Elke Sommer; y Cuatro confesiones (The Outrage, 1964) de nuevo con Martin Ritt y con un completo reparto encabezado por Edward G. Robinson, Laurence Harvey y Claire Bloom, versión del clásico de Akira Kurosawa Rashōmon con resultados globales netamente inferiores. Le seguirían la comedia romántica Ella y sus maridos (What a Way to Go!, 1964) de J. Lee Thompson y Lady L (1965) dirigida y escrita por Peter Ustinov, adaptación de una novela de  Romain Gary y compartí cartel con Sofia Loren, David Niven, Michel Piccoli, entre otros.
Su consagración definitiva como estrella de Hollywood se da en 1966 con su participación en una superproducción de cine negro que hace historia: Harper, investigador privado (Harper) de Jack Smight, supone una renovación formal y estilística de un género ya en decadencia pero que este film actualiza y reinventa -e inicia un subgénero que recoge Frank Sinatra en su trilogía sobre el detective Tony Rome en Hampa dorada, El detective y La mujer de cemento-; es uno de los films más taquilleros del año en medio mundo, y la crítica internacional arropa un film brillante que contaba también con Lauren Bacall, Shelley Winters, Janet Leigh, Arthur Hill, Robert Wagner, Julie Harris... Ese mismo año, Newman rueda su único film con Alfred Hitchcock: Cortina rasgada (Torn Curtain) al lado de Julie Andrews, que supone un fracaso comercial bastante inmerecido y que cuenta una interesante trama al hilo de la Guerra Fría. 
Harper investigador privado (1966)
De aquí en adelante, la carrera del actor se consolida con películas de renombre y otras menos logradas pero de buena acogida: Un hombre (Hombre, 1967)de Martin Ritt, western psicológico donde Newman tiene un inolvidable duelo interpretativo con Fredric March y Richard Boone; La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, 1967) de Stuart Rosenberg, primer título del actor con este director, que será uno de sus talismanes en los 70, y todo un clásico del género carcelario de todos los tiempos, donde el actor queda inmortalizado para la historia del cine junto a George Kennedy, Jo Van Fleet o Strother Martin; Comando secreto (The Secret War of Harry Frigg, 1968) de Jack Smight (mediocre thriller británico donde Newman sale airoso junto a Andrew Duggan y Sylva Koscina frente a un guion bastante flojo); Raquel (Rachel, Rachel, 1968) que supone su debut en la dirección, y una de las mejores radiografías de la condición femenina en la Norteamérica profunda, y otorga a Joanne Woodward una de sus mejores creaciones; Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), de George Roy Hill primera reunión de Newman con este director y con Robert Redford para uno de las películas clave de los 60 que revisitaba e innovaba en el western crepuscular y lograba uno de los mayores taquillazos de la década, suponía el descubrimiento de la malograda Katherine Ross y arrasaba en la entrega de los Oscar; 500 millas (Winning, 1969) de James Goldstone, reuniéndose de nuevo con su esposa en un film de carreras de coches que se apuntaba a la moda iniciada desde Aquellos chalados en sus locos cacharros en 1963 o La carrera del siglo en 1964; Un hombre de hoy, de Stuart Rosenberg (su peor película pese a trabajar con su esposa y la inevitable química entre ambos); Casta invencible (Sometimes a Great Notion, 1970),  su segundo film como realizador, logrado drama familiar con los rostros de Henry Fonda, Lee Remick y el hoy olvidado Michael Sarrazin; El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean, 1972) de John Huston,en su primer encuentro con este enorme director, en un remake de la legendaria y magistral El forastero, de William Wyler, de 1940, en compañía de una madura pero todavía sensual Ava Gardner; Los indeseables (Pocket Money, 1972) de Stuart Rosenberg, western otoñal infravalorado por la crítica, donde Newman trabajaba con Wayne Robson y Lee Marvin en un film luego imitado hasta la saciedad, el guión es de Terrence Malick; Punto y aparte merece su tercera película detrás de las cámaras: El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas (The Effect of Gamma Rays on Man-in-the-Moon Marigolds, 1972) de nuevo con Joanne Woodward como protagonista absoluta, supone el reconocimiento de crítica y público a nivel internacional y su entrada en la historia del séptimo arte en labores de autoría.  El golpe (The Sting, 1973) de George Roy Hill, que supone la segunda película de Newman-Redford y todo un fenómeno social en el momento de su estreno, basado en una obra teatral de prestigio, y El hombre de Mackintosh (The MacKintosh Man, 1973) de John Huston, thriller casi británico no maravilloso pero redimido por la actuación de Newman, de James Mason y de la fascinante Dominique Sanda

La madurez interpretativa del actor llega con su aparición en la superproducción que, junto a la anterior Aeropuerto de 1970, inicia el subgénero de cine catástrofe: El coloso en llamas (The Towering Inferno, 1974), de Irwin Allen y John Guillermin, al lado de otras estrellas como Steve McQueen, Faye Dunaway o Richard Chamberlain. Su siguiente proyecto es una secuela de Harper que tiene buen tono narrativo: Con el agua al cuello (The Drowning Pool, 1975), de Stuart Rosenberg. Sin embargo, con esta película se inicia una especie de declive en la carrera del intérprete, y la calidad de sus films posteriores empieza a ser más irregular: Buffallo Bill y los indios (Buffalo Bill and the Indians, or Sitting Bull's History Lesson, 1976), bajo las órdenes de Robert Altman, divide a crítica y público pese a conseguir el Oso de Oro en el Festival de Berlín y a la innegable calidad de algunas escenas y a su gran reparto (Joel Grey, Geraldine Chaplin, Harvey Keitel...); El castañazo (Slap Shot, 1977), de George Roy Hill, sólo consigue atrapar al público medio con una historia sobre el hockey donde Newman depura su método interpretativo para los papeles ligeros y brilla al lado de Melinda Dillon y Michael Ontkean; Quinteto (Quintet, 1979) de Robert Altman, Una de las peores películas de Altman. Elenco de lujo para una descafeinada entrega futurista. Tanto hielo en la acción como en el resultado; El día del fin del mundo (When Time Ran Out, 1980), de James Goldstone, intenta resucitar un cine de drama-catástrofe que, como mayor reclamo, empieza a caer en el olvido, con William Holden, Jacqueline Bisset y Burgess Meredith; Distrito Apache: El Bronx (Fort Apache, The Bronx, 1981) de Daniel Petrie, es un mero vehículo de lucimiento para el actor, de convencional trazado pero con un par de escenas memorables y excelente interpretación de Edward Asner; el telefilm La caja oscura, que continúa su línea de cine comprometido en la dirección, esta vez tratando la historia de las personas que sufren enfermedades mentales, y Ausencia de malicia (Absence of Malice, 1981), de Sydney Pollack, drama político donde Newman borda en un cambio de registro un papel de (presunto) cínico-liberal-corrupto emparejado a la siempre destacada Sally Field.

En 1982 el cotizado actor resurge para ofrecer una de las mejores interpretaciones de toda su carrera, nominación al Óscar incluida, en la fenomenal Veredicto final (The Verdict) de Sidney Lumet. Basada en un guion de David Mamet y con estructura teatral, Lumet construyó una pieza de enorme solidez, contundente y patética que deslumbra por su sencillez narrativa, los grandes trabajos de los inmensos Charlotte Rampling, Jack Warden, James Mason y Milo O´Shea y su confeso coqueteo con el eterno cine de perdedores, tan querido por el cine norteamericano clásico. La historia de un abogado fracasado que se encuentra con un caso fácil en apariencia pero con trasfondo de poder, logra conmover de principio a fin. Tras este alabado papel, Newman reactiva su carrera y logra la respetabilidad definitiva con Harry e hijo (Harry and Son, AKA Harry & Son, 1984), parcial autobiografía en sus relaciones con su hijo mayor, con el que salda cuentas a través de la realización del film y, sobre todo, con la revisitación de El buscavidas que Martin Scorsese le brinda en 1986: El color del dinero (The Color of Money)le hace ganar un merecidísimo Oscar al mejor actor, a la par que su último gran trabajo en pantalla. En 1987 rueda su última película como director: El zoo de cristal (The Glass Menagerie), una adaptación de la obra homónima de Tennessee Williams que recibió buenas críticas y que, ciertamente, se ve con interés por resultados y reparto (Joanne Woodward, Karen Allen y John Malkovich); El escandalo Blaze (Blaze, 1989) de Ron Shelton, Una pequeña tragedia americana en clave de farsa.
Desde entonces, el actor siguió rodando películas, la mayoría en colaboraciones de lujo o papeles principales, entre los que destacan títulos como Creadores de sombra (Fat Man and Little Boy ,1990) de Roland Joffé, también en 1990; la preciosista pero poco valorada Esperando a Mr. Bridge (Mr. and Mrs. Bridge) de James Ivory; la costumbrista Ni un pelo de tonto (Nobody's Fool, 1994) de Robert Benton; la comedia El gran salto (The Hudsucker Proxy, 1994) el excelente thriller con aroma de clásico Al caer el sol (Twilight, 1998) del mismo director, con un magnífico Newman secundado por Susan Sarandon y Gene Hackman, y la magnífica y nada despreciable Camino a la perdición (2002) de Sam Mendes, junto a Tom Hanks y Jude Law.
Paul Newman ha sido nueve veces nominado al Oscar de la Academia como actor: La gata sobre el tejado de zinc caliente (1958), El buscavidas (1961), Cuando se tienen veinte años (1962), Hud, el más salvaje entre mil (1963), La leyenda del indomable (1967), Veredicto final (1982), El color del dinero (1986), Ni un pelo de tonto (1994) y Camino de perdición (2002) (candidato al Oscar al mejor actor de reparto). Su Oscar conseguido por el film de 1986, El color del dinero, le llegó un año después de que recibiese el Oscar honorífico por sus "múltiples y  memorables interpretaciones en pantalla", y el actor reconociese perder la esperanza de obtener uno "de verdad" por una sola interpretación. Además fue candidato en una ocasión como productor por Rachel, Rachel. También se le concedió el premio especial de la Academia, Premio Humanitario Jean Hersholt, en 1994.
También fue nominado en 2003 al Emmy por su interpretación en Our Town, y en 2005 ganó el Premio Emmy al mejor actor de reparto por su papel en la lujosa miniserie Empire Falls. En 2006, ganó el Globo de Oro como mejor actor de reparto por la misma actuación.
Paul Newman falleció el 26 de septiembre de 2008 en su granja cerca de Westport (Connecticut).

Personalidad cinematográfica

Es a partir de 1960 cuando el actor norteamericano crea sus cuatro personajes más memorables en El Buscavidas, Hudel más salvaje entre mil, La Leyenda del indomable y Dos hombres y un destino, al tiempo que se consolidaba su imagen ya claramente reconocible.
Como arriesgado jugador profesional de billar obtuvo
 Newman uno de sus mayores éxitos en  El buscavidas
Su personalidad cinematográfica y privada ha estado muchas veces en extremos opuestos. Al igual que muchos alumnos del Actor's Studio, se consideraba  a sí mismo como un actor "cerebral" y a cada uno de sus papeles como una "agotadora sesión de estudio", y sin embargo, ha interpretado numerosos personajes espontáneos y desinhibidos, Newman ha encarnado con frecuencia a hombres encantadores  y seguros de sí mismos, a pesar de ser bastante tímido e inseguro en su vida privada. Comprometido apasionadamente con todas las causas humanitarias y liberales, Newma ha creado toda una galería de personajes egoístas  y que piensa únicamente en sí mismos; y aunque ha estado casado con una sola mujer la actriz Joanne Woodward, desde 1958, sus personajes atacan, insultan y rechazan a las mujeres, subordinándolas enteramente a la ambición masculina.
La ambición constituyó de hecho un aspecto clave de la imagen de Paul Newman. Algunos de sus personajes son de origen humilde y aspiran a realizar el sueño americano de la riqueza y el estatus social como en La ciudad frente a mi y Dulce pájaro de juventud dirigida por Richard Brooks. A otros no les interesas necesariamente el dinero, sino el triunfo en algún juego, como en la citada El buscavidas o en una carrera automovilística, como en 500 millas. El objetivo perseguido puede ser también el cumplimiento de una misión, como ayudar a los refugiados de Éxodo, a llegar a Palestina, o el de triunfar en el campo de la música como en Un día volveré, pero los medios son similares en todos los casos. Estos hombres ponen a un lado todas las consideraciones relacionadas con el amor, la familia, la humanidad y la moralidad, y avanzan implacablemente, alienándose al mismo tiempo en la sociedad en ese proceso.
Newman, como Luke Jackson en La Leyenda de un indomable,
la historia de un convicto que pasa dos duros años en un campo
 de trabajos forzados antes de morir y convertirse en un mito.
No obstante, las interpretaciones de Newman logran que los espectadores  se sientan identificados incluso con los personajes más arrogantes y egoístas, compartiendo con ellos sus problemas y obsesiones. Muchos de los tipos "sucios" interpretados por Newman poseen al menos una característica que los redime: el encanto. El aspecto juvenil de Newman y su sentido del humor hacen que resulten incluso atractivos. Por supuesto, ese atractivo depende en gran medida del aspecto físico del actor; puede encarnar a hombres irresponsables, duros y malvados, pero sus rasgos sugieren por el contrario sensibilidad e inteligencia.  
Por si fuera poco, sus interpretaciones de Brick en La gata sobre el tejado de zinc caliente, de Billy el Niño en El zurdo, ambas de 1958, y de Luke en La leyenda del indomable provocan simpatía a causa de la extrema soledad a la que le conducen sus acciones. Un buen número de personajes se humanizan también al tener que sufrir severos castigos físicos: en EL buscavidas le machacan las manos, Dulce pájaro de juventud le destrozan la cara; en El juez de la horca se ve continua y despiadamente torturado. Esa extrema degradación  y dolor crean una atmósfera de vulnerabilidad que facilitará la identificación del público con él.
En Hud, el más salvaje entre mil interpretaba a un ranchero amoral
cuya depravada forma de vida termina alejando  de su vida a a sus
amigos y familiares.
Pero quizás la razón más importante del atractivo de los héroes y antihéroes de Newman consiste en que parecen encarnar a la perfección el estado de ánimo dominante en su momento. En los papeles de los años 1950, interpretando personajes como el de Rocky Graziano (Marcado por el odio) y Billy el Niño (El zurdo), encajo en el molde Brandon/Dean, el de rebelde confuso y con dificultades para expresarse que se enfrenta al mundo y le devuelven los golpes sin saber por qué. El alejamiento de Rocky de un padre que no le hace el menor caso y las dificultades de Billy el Niño con todas las figuras paternales con las que se va encontrando a lo largo de su accidentada trayectoria, tocaban una cuerda muy sensible de los jóvenes espectadores de aquellos años, permitiendo la identificación de Newman  con los personajes interpretados tanto por James Dean como por otros jóvenes rebeldes del cine de aquella época.
Dos hombres y un destino
Redford y Newman.
Las aventuras reales de dos forajidos de principio del siglo XX
En la década de 1960, la imagen cinematográfica de Newman fue evolucionando, hasta convertirse en la de un rebelde relativamente "inteligente", capaz de controlarse mejor a sí mismo y de conocer las causas de su rebeldía. Los protagonistas de El Buscavidas, Dulce pájaro de juventud y Hudel más salvaje entre mil pueden, describir cuales son sus motivaciones y, aunque no se esfuerzan por mejorar la sociedad en la que viven, su propia capacidad de saber lo que las pasa y de expresarlo les conecta ya con la juventud de la era Kennedy.
Paradójicamente, la intención de Newman al interpretar a esos oportunistas sin escrúpulos era conseguir que el público los condenase. Esperaba demostrar que los hombres que poseen todo aquello que impresiona a los americano: atractivo, encanto, virilidad y habilidad, tanto para seducir a las mujeres como  para sentirse cómodos bebiendo entre los hombres, llevaban muchas veces dentro de ellos la "semilla de la corrupción" y triunfan sólo a costa de vender sus almas. Sin embargo, eran personajes vibrantes y magnéticos, y los espectadores se sintieron atraídos por ellos. 
Los famosos rasgos que tanto han contribuido 
al éxito continuado de Paul Newman. En El golpe 
interpretaba a un ingenioso delincuente 
que lograba engañar y estafar aun peligroso gángster.
La quintaesencia de todo estos personajes fue Hud, el amoral tejano moderno, que puede considerarse casi como un predecesor del malvado J. r: Ewing (Larry Hagman) de la popular serie de la década de 1980 (1978-1991); es decir, arrogante, maquiávelico, oportunista, incapaz de amar, profundamente corrompido... y, sin embargo, totalmente cautivador. Newman realizó un gran trabajo de interpretación, sacando a la superficie algunas de sus características cinematográficas: el aire cínico y distanciado, la voz nasal y desdeñosa, la sonrisa astuta e insinuante, la mirada helada y una sexualidad insolente. Los anuncios de la película afirmaban "Paul Newman es Hud". Aunque, en el fondo, esto distaba mucho de ser verdad, para el público Newman y Hud fueron la misma persona. (cont.)

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