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lunes, 28 de marzo de 2022

La Motion Picture Association cumple 100 años: la policía moral de Hollywood

La Motion Picture Association (MPA), fundada en 1922 como Motion Picture
Producers and Distributors of America (MPPDA) 
y conocida como la Motion Picture Association of America (MPAA) desde 1945 hasta septiembre de 2019) es una asociación industrial. Esta agrupación de seis grandes estudios o plataformas hollywoodienses (los cinco mayores estudios de Hollywood: Paramount Pictures (National Amusements), Sony Pictures (Sony), Universal Pictures (Comcast), Walt Disney Studios (The Walt Disney Company) y Warner Bros. (AT&T).​ Recientemente se le ha añadido la productora de series para televisión y streaming Netflix, creada en 1997. La MPA realiza la conocida y más aplicada clasificación por edades de películas, de acuerdo al contenido de las mismas), festeja este año su primer centenario. 
Se constituyó para velar por los intereses de los estudios cinematográficos. Una de sus labores iniciales fue la de instituir el Código Hays, un acuerdo por el cual los contenidos y la forma de las películas de Hollywood deberían contener una serie de valores y normas acordes con el modo de vida estadounidense. En un principio estos valores eran de carácter progresista: antibelicismo, protección de las clases bajas, denuncia de los abusos de los poderosos, etc. Esto tuvo mucho que ver con el crack del 1929 y la subsiguiente crisis económica que asoló los Estados Unidos hasta el fin de la segunda guerra mundial. Posteriormente, con el advenimiento del Macartismo, la caza de brujas de Hollywood, se generó una ola de conservadurismo en la producción de Hollywood que duró hasta el advenimiento del llamado "cine independiente estadounidense".
Encadenados (1946), cuando Alfred Hitchkock burló maliciosamente las reglas del célebre Código Hays
"The following video has been approved for appropriate audiences (El siguiente video ha sido aprobado para audiencias apropiadas)": este leyenda precede a casi todas las películas distribuidas en los Estados Unidos. Detrás de él, la Motion Picture Association (MPA), una alianza de seis grandes estudios o plataformas de Hollywood (Disney, Warner, Universal, Paramount, Sony Pictures y Netflix) que este año celebra su centenario.
Primero en el origen del famoso código Hays, una guía de buenas prácticas morales destinada a los cineastas de la década de 1930, luego de un sistema de calificación de contenido aún vigente, la MPA ha defendido desde 1922 los intereses del cine estadounidense en el país y en el extranjero.
Si bien su papel como policía moral sigue siendo su actividad más conocida, la MPA también tiene la intención de involucrarse en la diplomacia internacional y la lucha contra la piratería. Misiones y logros a lo largo de un siglo de historia que el lobby resume en un sitio web interactivo completamente sesgado, enriquecido con testimonios de figuras políticas como Kamala Harris, la vicepresidenta de los Estados Unidos. La oportunidad de (re)descubrir cinco datos incongruentes sobre él… que no todos tienen su lugar en esta campaña de comunicación institucional.

viernes, 25 de octubre de 2019

Hollywood desvergonzado antes del código Hays (I)

Realizadas entre 1930 y 1934, antes de la estricta censura del código Hays, las películas conocidas como "precode" son libres, a veces incluso escandalosas y desconocidas.
Es algo inusual ver películas del catálogo de Warner en la pantalla grande que no se han proyectado, para algunos, desde la década de 1980. ¡Casi 40 años! Muchos de ellas han estado consideradas perdidas hasta los últimos años... ¿Pero de qué joyas estamos hablando? Películas rodadas entre 1930 y 1934, antes de que un código de moralidad se implantará en Hollywood y las prohibiera. Estos son los años llamados "precódigo Hays", durante los cuales se producen películas de una libertad ciertamente alucinante.
A principios de los años 1920, la industria cinematográfica estadounidense comenzó a ser tachada de inmoral por un amplio segmento de la población americana. Según estas personas, las películas eran cada vez más lascivas y explícitas, y mostraban comportamientos y situaciones que ofendían con facilidad la sensible moral del público. En 1922, la unión de estudios de cine asignó a un comité liderado por Will H. Hays la tarea de rehabilitar la deteriorada imagen de sus películas. Dos años más tarde, Hays creó una serie de normas que se aplicarían a los contenidos de las películas, algo que se llamaba vulgarmente "la fórmula", y pidió a los estudios que antes de proceder a cualquier rodaje, se les facilitara un extracto del argumento para poder supervisar los posibles contenidos controvertidos.
Barbara Stanwyck en Carita de ángel (Baby Face, 1933), de Alfred E. Green 
Aun así, por lo general los estudios ignoraron "la fórmula", sabiendo a ciencia cierta que eran precisamente los temas prohibidos por el código aquellos que más vendían en taquilla. Por desgracia, en 1929, la iglesia tomó cartas en el asunto y amenazó con un boicot a la industria cinematográfica si no se ceñían a los estándars que mandaba el código estipulado. Posiblemente hoy en día esa amenaza no tendría ningún valor, pero en ese momento del tiempo, con una sociedad estadounidense de fuertes valores religiosos que normalmente asistían a misa los domingos, la sombra del boicot era algo a tener muy en cuenta.
Las normas del "código Hays" (nombre erróneo pues Hays sólo estuvo al mando del comité hasta 1934) se reforzaron hasta alcanzar cotas ridículas, y su seguimiento fue estrictamente obedecido bajo el miedo de no recibir el sello de aprobación del comité.
La actriz Louise Brooks en la película La caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, 1929)
Aunque la lista de temas prohibidos es más larga y compleja, los principales asuntos que nunca debían aparecer en una película eran los siguientes:
1. Lenguaje profano y expresiones vulgares.
2. Desnudez explícita o implícita.
3. Tráfico de drogas.
4. Perversión sexual.
5. Esclavitud de blancos.
6. Sexo interracial.
7. Higiene sexual y enfermedades venéreas.
8. Escenas de parto.
9. Órganos sexuales de menores de edad.
10. Ridiculizar a la iglesia.
11. Ofensa a cualquier nación, raza o credo.
En el punto 4, concretamente, incluía la prohibición de proyectar cualquier manifestación sexual más allá de la estricta heterosexualidad.
George Raft y Paul Muni en Scarface, el terror del hampa (Scarface, 1932)
Algunas de las películas que sortearon de algún modo la censura en estos años fueron, entre otras, El ángel azul (Der blaue Engel, 1930), de Josef Von Sternberg, con una sensual Marlene Dietrich. Otros ejemplos comprenden la película El signo de la cruz (The Sign of the Cross, 1932), de Cecil B. DeMille, centrada en la época del emperador Nerón, interpretado por Charles Laughton, se muestran sus excesos de forma manifiesta; o Carita de ángel (Baby Face, 1933), de Alfred E. Green, con Barbara Stanwych usando abiertamente sus encantos para ascender socialmente.
Marlene Dietrich en El ángel azul (Der Blau Engel, 1930)
Varias de las películas "pre-code" sufrieron el ataque de la censura después de 1934. Un ejemplo es la película Adiós a las armas (A Farewell to Arms, 1932), de Frank Borzage), protagonizada por Gary Cooper y Helen Hayes, fue recortada a posteriori, de manera que sólo se conserva su versión censurada. Otros profesionales afectados por el código fueron los hermanos Marx –conocida es la audacia de sus diálogos– o algunas actrices, como Jean Harlow o Joan Blondell, sobretodo ésta última fue vetada en numerosas ocasiones.
Gary Cooper y Helen Hayes en Adiós a las armas (A Farewell to Arms ,1932)
Sin embargo, algunos creadores encontraron de algún modo en la severa vigilancia del código, un aliciente para retar su ingenio. Y es que, en muchas ocasiones, las dificultades son un estímulo para el que no se rinde ante ellas. Por eso maestros como Ernst Lubitsch o Alfred Hitchcock, supieron sortear la censura con su irrepetible talento y desarrollarlo de manera impecable. Sus fantásticos diálogos o las acciones detrás de una puerta cerrada, son dos de los hitos de la magia de Lubitsch. También es particularmente insuperable la célebre secuencia del largo beso interrumpido –recordemos que los besos sólo podían durar tres segundos–, en la que Cary Grant y Ingrid Bergman nos ofrecen una de las escenas más íntimas de la filmografía de Hitchcock en la maravillosa Encadenados (Notorious 1946), de Alfred Hitchcock.
Cary Grant e Ingrid Bergman en  Encadenados (Notorius, 1946)