Mostrando entradas con la etiqueta Fallecimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fallecimientos. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de enero de 2026

Muerte de Béla Tarr maestro del cine húngaro (II)

(cont.)
Tristeza, pesada como una sustancia. Una tristeza tan pegajosa como eminentemente musical (las bandas sonoras del compositor Mihály Vig son embriagadoramente cautivadoras): esto es, sin duda, lo que caracteriza toda su obra. La melancolía de un marxista ortodoxo que siempre rechazó tanto la censura política de los regímenes estalinistas como la censura del mercado. La melancolía de un geógrafo del alma, hijo de un actor de teatro que decía haber "crecido en la calle" antes de entrar en la universidad, para luego volver a dejarla y convertirse en trabajador de un astillero.
Después de Sátántangó, este poeta radical, admirado por Gus Van Sant y Martin Scorsese, dirigió tres películas más:
Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000). A la ciudad llega un espectáculo ambulante que promete exhibir a la ballena más grande del mundo. Despierta también una gran curiosidad una figura misteriosa e imprevisible a la que llaman "el Príncipe"...
- El hombre de Londres (A Londoni férfi2007), codirigida con Ágnes Hranitzky. Maloin es un vigilante de una estación de tren que, de forma casual, es testigo de un asesinato, y acaba haciéndose cargo de una maleta llena de dinero que trastocará para siempre su vida, acarreándole muchos problemas. Inspirada en la novela homónima de 1934 de Georges Simenon. Presentada en Cannes, fue un semi-fracaso: el costoso y complejo rodaje en estudio fue interrumpido varias veces, en particular por el suicidio del productor francés, Humbert Balsan. El hombre de Londres sólo tiene 29 planos secuencia y una duración de 132 minutos. la película es una exploración del lugar que ocupan las rupturas anónimas del orden social en la vida personal. En su mayor parte, las cuestiones de justicia operan en el trasfondo de El hombre de Londres, que pone en primer plano las percepciones y el punto de vista de un testigo accidental del asesinato que, como el espectador, no tiene conexión con nadie involucrado.
Durante un tiempo, hubo temores de que Béla Tarr renunciara a todo después de esta tragedia, pero regresó una última vez para dirigir: 
- El caballo de Turín (A Torinói ló, 2011). Una especie de alegoría del Apocalipsis, la película comienza evocando el día en que Nietzsche descendió a la locura, antes de seguir la lucha diaria por la supervivencia de un granjero y su hija, observados por un caballo que parece sentir el fin del mundo. Aquí también hay poco diálogo, blanco y negro, y visiones inolvidables, como la secuencia en la que los trabajadores pelan a mano su enorme patata humeante y la devoran, quemándose los dedos y la garganta. ¿Desesperación? Sí y no. Porque este canto del cisne también evoca una extraña sensación de paz.

jueves, 8 de enero de 2026

Muerte de Béla Tarr maestro del cine húngaro (I)

El cineasta húngaro, conocido por sus tomas largas y películas en blanco y negro
que retratan paisajes desolados. 
Cielos grises, barro, lluvia. Esta es la imagen perdurable que perdura de su cine, vasto como un continente. Béla Tarr falleció el martes 6 de enero de 2025, a los 70 años, tras una larga enfermedad. El descubrimiento de su obra se remonta al invierno de 1997. 
En París, nos esperaba una película monumental de siete horas y media Sátántangó (1994), la historia relata gradualmente los problemas de una granja colectiva durante unos pocos días de otoño en los años de la Hungría post-comunista, observada desde la perspectiva de distintos personajes, una crónica campesina de un pueblo húngaro aparentemente abandonado en medio de una llanura azotada por el viento y la lluvia. Los pocos habitantes se espían entre sí, sus relaciones aparentemente regidas únicamente por el dinero y el sexo. En esta tierra de nadie descolorida (definitivamente en blanco y negro), una alegoría del colapso del comunismo, el plano secuencia reina: si un personaje tiene que ir al otro extremo del pueblo, el sinuoso camino se filma continuamente. Lo mismo ocurre con las comidas, las labores agrícolas y las copas en el baile del pueblo, todo ello con una música tan hermosa que hace llorar. Para algunos espectadores, esta "lentitud" resulta mortalmente aburrida. Para otros, la experiencia es única. Porque es, sin duda, una experiencia, tanto sensorial como mental. Una que combina meteorología, materialismo y metafísica sin una pizca de ironía. Una que equivale nada menos que a un viaje alucinante a través del tiempo.
Sátántangó (1994)
El hombre capaz de semejante gesto, un orgulloso desafío a todas las leyes que regían el cine comercial, no era otro que Béla Tarr. Hasta entonces desconocido en Francia, ya había dirigido media docena de películas, entre ellas Nido familiar (Családi tüzfészek, 1979), que narra los conflictos de una joven pareja que no puede mantener su propio hogar y se ven obligados a compartir habitación con los padres de él; y Gente prefabricada (Panelkapcsolat, 1982), una pareja vive con sus dos hijos en un apartamento confortable. Un día el hombre decide marcharse. Una mezcla de John Cassavetes y realismo sociológico. 
Se trataba de un cine crudo, cámara en mano, a diferencia de sus trabajos posteriores, como Almanaque de otoño (Öszi almanac, 1984), una mujer anciana es dueña del apartamento en que vive con su hijo. La mujer está enferma, y una joven enfermera, acompañada por su novio, se ha mudado con ella para administrarle las inyecciones. Un drama claustrofóbico con tintes bergmanescos.
Almanaques de otoño (1984)
Y, especialmente La condena (Damnación, 1987), Karrer lleva una vida retirada en una población minera. Las tardes las pasa siempre en el bar Titanik, cuyo dueño le propone participar en una operación de contrabando, pero él prefiere cederle ese trabajo al marido de la cantante del bar, que contiene las semillas de los temas y el estilo de su posterior obra maestra. La condena supuso un punto de inflexión en más de un sentido. Realizada en la Hungría socialista sin financiación pública —en otras palabras, de forma completamente ilegal—, la película, presentada en el Festival de Cine de Berlín sin aprobación oficial a finales de los años 1980, selló el exilio forzado de Béla Tarr. El cineasta tendría que permanecer a partir de entonces en Alemania Occidental, donde ya impartía clases. "Es uno de los períodos más tristes de mi vida", declaro en 2011. "El exilio es un castigo terrible, uno que no podría infligir ni a mis peores enemigos".
(cont.)

miércoles, 1 de octubre de 2025

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (VI)

Spy Game (Juego de espías) (Spy Game, 2001), de Tony Scott

Tony Scott firma uno de sus mejores filmes, junto a Marea roja y Amor a quemarropa. A la hora de narrar, sabe mezclar los hilos narrativos de lo que sucede en China y EE.UU., junto a recuerdos del pasado que nos indican lo que une a maestro y discípulo. Y junto a la apasionante intriga, plantea preguntas acerca de las disyuntivas morales que se presentan a los que se dedican al mundo del espionaje: ¿Pueden tener vida privada? ¿Vale todo? Resulta además muy inteligente la elección del reparto: Pitt parece un buen recambio al espía Redford, y por debajo subyace la idea-interrogante de si lo mismo ocurre entre ambos en lo que se refiere a su trabajo como actores.

La sombra de un secuestro (The Clearing, 2004), de Pieter Jan Brugge

El holandés Pieter Jan Brugge ha desarrollado una notable carrera de productor en Estados Unidos, con títulos como El dilema. Debutó en la dirección con un drama de aires clásicos, y pegado a la realidad, con personajes bien perfilados, que son un regalo para los protagonistas, unos Willem Dafoe, Robert Redford y Helen Mirren de lujo, lejos de las fantasías hollywoodienses, Brugge apuesta por la normalidad, una historia de personas vulgares con taras reconocibles, a las que una desgracia obliga a reaccionar. Maneja así un guión bien escrito, donde lo sorprendente son las pocas sorpresas. Sólo existen algunas dudas que deben ser despejadas, a las que alude el certero título original, The Clearing. Alrededor de la psicología del trío protagonista, su pena y amor por lo que se hizo y se dejó de hacer, la película avanza inexorable hasta su emotivo y sobrio final.

Una vida por delante (An Unfinished Life, 2005), de Lasse Hallström

Sólida película dirigida por el sueco Lasse Hallström, cuyo principal tema es la necesidad de perdonar y ser perdonado, la sabiduría de pasar página y aprender de los errores. El cineasta se toma el necesario tiempo a la hora de presentar a sus personajes, bien perfilados en el guión del matrimonio Mark Spragg-Virginia Korus. Se trata de papeles bien jugosos, que el magnífico reparto sabe hacer suyos sin problemas. El papel de cowboy maduro le va que ni pintado a Robert Redford, quien ya compuso un personaje de características similares, también en edad, en El hombre que susurraba a los caballos. Jennifer López sigue madurando como actriz, y está muy contenida en este papel dramático de mujer maltratada y valiente, que hará lo que sea necesario para sacar adelante a su hija. Morgan Freeman siempre lo borda todo, y aquí, en un papel secundario, viene a ser la ‘muleta’ que Redford necesita para salir del callejón sin salida del dolor y el resentimiento. También destaca la pequeña Becca Gardner, prácticamente una recién llegada, capaz de enternecer al duro corazón del ‘abuelo’ Redford.

Cuando todo está perdido (All Is Lost, 2013), de J. C. Chandor

Cuando todo lo tiene ya ganado, Robert Redford no necesita esforzarse demasiado para demostrar que se le puede considerar tal y como apuntaba el título de una de sus películas de los años 1980: El mejor. A pesar de todo, a sus 77 años el astro se atrevió a sumergirse en un espectáculo de un solo hombre...

La verdad (Truth, 2015), de James Vanderbilt

Película basada en hechos reales, dramatiza el revuelo causado por un reportaje de "60 minutes", el popular programa de la CBS, emitido dos meses antes de la elecciones presidenciales de 2004, cuando George W. Bush buscaba la reelección. El hecho de que Robert Redford haya sido escogido para encarnar a Dan Rather hace pensar que Vanderbilt quiere que el espectador piense en Todos los hombres del presidente, también por la idea de búsqueda de la verdad a toda costa, procurando que ésta salga a la luz, caiga quien caiga. La diferencia, por supuesto, estriba en que Nixon cayó por el Watergate, mientras que a Bush se le encomendó otro mandato.

martes, 30 de septiembre de 2025

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (V)

Habana (Havana, 1990), de Sydney Pollack

La película es emotiva, romántica y tiene una música preciosa de Dave Grusin que fue nominada al Oscar. Sydney Pollack dirige don mucho oficio a Robert Redford y Lena Olin en este drama donde destaca la fotografía suave y cálida. En su día se quiso ver un paralelismo con Casablanca, pero cualquier parecido no hace sino acentuar sus kilométricas diferencias.

Sneakers (Los fisgones) (Sneakers, 1992), de Phil Alden Robinson

Un reparto de auténtico lujo protagoniza esta trepidante película sobre las nuevas tecnologías, aunque quizá ya esos avances hayan quedado desfasados. Robert Redford resulta el perfecto jefe del equipo, formado por nombres como Ben Kingsley o Dan Aykroyd, entre muchos otros.

Una proposición indecente (Indecent Proposal, 1993), de Adrian Lyne

Fiel a su estilo, el polémico director inglés Adrian Lyne plantea una historia morbosa en la que juega al escándalo y a la doble moralidad, a la vez que pone en entredicho algunos principios éticos básicos. A Robert Redford le va como anillo al dedo el papel de galán conquistador, mientras que Demi Moore está también convincente en su interpretación de enamorada pero asustada e insegura esposa.

Íntimo y personal (Up Close & Personal, 1996), de 

Dúo de estrellas: Robert Redford y Michelle Pfeiffer, en una de las películas de amor más recordadas. Jon Avnet, que se basa en la obra Golden Girl de Alanna Nash, sabe aprovechar a sus artistas. Entre ambos actores hay química y el espectador es testigo de un gran duelo interpretativo. La película cuenta con un excelente ritmo narrativo en el que se alterna la agitada vida de la profesión periodística con el tórrido romance entre los protagonistas. Inolvidable la canción Because you love me.

La última fortaleza (The Last Castle, 2001), de Rod Lurie

El director de Candidata al poder ofrece una entretenida película carcelaria con variante militar. El personaje de Robert Redford está cargado de dignidad, como el inocente recluso de Tim Robbins en Cadena perpetua: ayuda a sus hombres, les comunica ideales. El contrapunto lo da James Gandolfini, escogido quizá como el coronel por su composición en Los Soprano: en ambos casos, gángster o soldado, se revela como un tipo muy de nuestros tiempos.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Fallece Claudia Cardinale, el gran icono del cine italiano (II)

Roles complejos, feminismo absoluto
Se protege. Porque la humillaron mucho al principio. Como hablaba mal el italiano (nació en Túnez en 1938 en una familia franco-siciliana), se burlaban de ella. La ridiculizaban. Y la doblaban (¡hay que decir que casi todo el mundo era doblado en aquella época en Italia!). Fue en sus películas francesas -Los leones andan sueltos, ya mencionada, y  Cartouche (1962), de Philippe de Broca, con Jean-Paul Belmondo— donde descubrimos su verdadera voz: ligeramente ronca y muy sensual… Peor aún: su productor, su protector, quien se convirtió en su marido, Franco Cristaldi, la obligó a hacer pasar al hijo, fruto de una violación, que dio a luz en 1958 por su hermano menor. "Me vi obligada a asumir esta mentira", declaró  a Closer en 2021. Fue una época extraña, ya sabes, cuando los actores dependían totalmente del productor con el que tenían contrato, así que estaban atados de pies y manos"...
Claudia Cardinale en Cartouche (1962)
Toda su vida, luchó. Para apoyar a Sergio Leone contra los caprichos de las estrellas de Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West), en 1968). Para financiar las películas políticas de su segundo marido, Pasquale Squitieri -Hermanos de sangre (I guappi, 1973), La fuerza del silencio (Il prefetto di ferro, 1977)-. Para defender a Jerzy Skolimowski, amenazado con el despido por el productor de Las aventuras de Gerard (The Adventures of Gerard, 1970). Para seguir los delirios de Werner Herzog en  Fitzcarraldo  (1982), obsesionado, como sabemos, con la idea de izar un barco de vapor de 320 toneladas a la cima de una colina amazónica... Aceptó todos los papeles complejos que le ofrecieron: hermana incestuosa Sandra (Vaghe Stelle dell'Orsa, 1965), de Visconti; una prostituta de altos vuelos que ayuda a un joven a obtener una entrevista con el Papa, La audiencia (L'udienza, 1972), de Marco Ferreri, 1971); una mujer judía violada por un alemán durante la guerra, La historia (La storia, 1986), de Luigi Comencini, basada en la novela de Elsa Morante. 
Claudia Cardinale en Hasta que llegó su hora (1968)
Pero también hay muchos momentos malos en su carrera. ¿El peor? Su encuentro con Brigitte Bardot en Las petroleras (Les pétroleuses), de Christian-Jaque , en 1971. Un desastre...
Claudia Cardinale y Brigitte Bardot en Las petroleras (1971)
Fue una figura destacada en la lucha contra el sida. Una apasionada defensora de la causa gay. Y una feminista absoluta. Sin embargo, no hasta el punto de aprobar controversias estériles, como la que estalló en 2017 cuando el Festival de Cine de Cannes eligió para su cartel una foto —retocada— de ella dando vueltas en la playa. "Es un baile, un vuelo", dice.  "El retoque acentúa la ligereza y me transforma en un personaje onírico. Una sublimación… La preocupación por el realismo no tiene cabida aquí, y, como feminista convencida, no veo allí ningún ataque al cuerpo de la mujer". Claudia Cardinale era sensata. Lúcida. Clarividente.

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (IV)

Un puente lejano (A Bridge Too Far, 1976), de Richard Attenborough

Recreación histórica de una famosa misión contra los alemanes en la II Guerra Mundial. Tras el desembarco de Normandía los aliados han de tomar el puente de Arnheim, un punto clave por su lugar estratégico. Adaptación de William Goldman del libro de Cornelius Ryan, basado en hechos reales. Inolvidable el “Dios te salve María” de Robert Redford en el río. Se trata de una de las mayores superproducciones sobre la II Guerra Mundial. Richard Attenborough contó además con un reparto que tiene más estrellas que todos los generales juntos de la película.

El jinete eléctrico (The Electric Horseman, 1979), de Sydney Pollack

Historia con sabor a western, aderezada con música country y con una pareja que derrocha química: Robert Redford y Jane Fonda, que ya habían coincidido en Descalzos por el parque. La película habla de ser uno mismo y de ir en busca de las raíces; y dentro de este halo emotivo también hay momentos para el humor y el amor. Dirige la cinta Sydney Pollack.

Brubaker (1980), de Stuart Rosenberg

Impactante drama carcelario, con Robert Redford en uno de sus papeles más recordados. Se trata de un sólido alegato a favor de los derechos humanos, basado en una escalofriante historia real de Tom Murtom, el director de prisiones que conmocionó el mundo político de Arkansas al destapar los escandalosos abusos y asesinatos que tuvieron lugar en la prisión estatal.

El mejor (The Natural, 1984), de Barry Levinson

Drama deportivo sublimadamente romántico –los golpes épicos con el bate, las carreras a cámara lenta entre chisporroteos, la emoción de los fans y de un crío–, y con algún punto de thriller, sigue a un honesto jugador de béisbol, que debe enfrentarse a los hombres envidiosos y llenos de poder que le rodean. Redford da el tipo de hombre misterioso, en cuya vida juegan un papel determinante tres mujeres: la fatal, que le dispara en un hotel (Barbara Hershey), el amor desde la más tierna infancia (Glenn Close), y la seductora que podría dar al traste nuevamente con su recobrada carrera (Kim Basinger).

Memorias de África (Out of Africa, 1985), de Sydney Pollack

Uno de los más memorables romances épicos del cine de los años 80, ganadora de siete Oscar en 1985: mejor película, director, guión, fotografía, música, dirección artística y sonido. Se trata de una de las mejores películas del tándem formado por el realizador Sydney Pollack y el actor Robert Redford. En esta ocasión, Pollack adapta varios libros de la escritora danesa Isak Dinesen, en los que narra sus recuerdos de su estancia en tierras africanas. La carga nostálgica es tremenda, los diálogos están soberbiamente escritos y la inolvidable música es obra del magistral compositor John Barry.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Fallece Claudia Cardinale, el gran icono del cine italiano (I)

Descubierta desde muy joven por su belleza felina, Claudia Cardinale se convirtió en actriz y luego en estrella sin proponérselo. Dejó huella en el cine con sus papeles en El Gatopardo, Ocho y medio y Hasta que llegó su hora. Falleció el martes 23 de septiembre de 2025, a los 87 años.
En Los leones andan sueltos (Les lions sont lachés, 1961), de Henri Verneuil, Lino Ventura, en uno de sus raros papeles de macho (¡lo odiaba!), define así al personaje interpretado por Claudia Cardinale: "Eres joven, eres hermosa, estás sana... ¡Ah, si supieras qué bonito es encontrar a alguien como tú: con buena salud!"... Esto es exactamente lo que la actriz, fallecida a los 87 años, encarnó al principio de su carrera, en comedias -Rufufú (I soliti ignoti, 1958), de Mario Monicelli-; Un maldito embrollo (Un maledetto imbroglio, 1959), de Pietro Germi- o dramas -La chica de la maleta (La ragazza con la valigia, 1951), de Valerio Zurlini-: la ragazza sabia o sensual que el destino arrebata de un futuro sin esperanzas.
Tras un papel secundario en Rocco y sus hermanos (Rocco e i suoi fratelli, 1960), Luchino Visconti transformó su brillantez en un acto político: en El gatopardo (Il gattopardo, 1963), es esta chica del pueblo, invencible y alegre, esta fuerza vital que, a través de su matrimonio con el apuesto Tancrède (Alain Delon), se introduce en la vibrante familia aristocrática del príncipe de Salina (Burt Lancaster). Fellini, por su parte, la ve más como una mediadora: en Fellini, ocho y medio (8½) [(8½ (Otto e mezzo)], frente a la locura de los demás personajes, encarna una ayuda y un recurso: la vida en sus aspectos más reconfortantes y hermosos.
Claudia Cardinale en Rufufú (1958)
Su solidez y sencillez resistieron a todo, incluido Hollywood. Al mismo tiempo que, Sophia Loren, Dos mujeres (La ciociara, 1960) de Vittorio De Sica, se convirtió, especialmente en Arabesco (Arabesque, 1966) de Stanley Donen, en una especie de diosa inaccesible, vestida y calzada por Christian Dior. Y Virna Lisi se transformó —por un tiempo, afortunadamente para ella— en Marilyn en Cómo matar a la propia esposa (How to Murder your Wife, 1965), de Richard Quine.  Ella, en sus escasas incursiones americanas: La pantera rosa (The Pink Panther, 1963), de Blake Edwards; Misión secreta (Blindfold, 1965), de Philip Dunne , con Rock Hudson,  mantuvo —incluso en la sofisticación que se le imponía en aquel momento— una naturalidad que le servía de brújula, de salvaguardia. Igual que la amabilidad, además: frente a periodistas a menudo desconcertados por lo que tomaban por sentimentalismo, la utilizó como arma defensiva. Sí, Luchino era maravilloso. Sí, Federico era magnífico. Y adorables eran Marcello (Mastroianni), Vittorio (Gassman) y Renato (Salvatori)…
Claudia Cardinale en La pantera rosa (1963)
(cont.)

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (III)

Tal como éramos (The Way We Were, 1973), de Sydney Pollack

Un drama romántico en toda regla, que cuenta con una magnífica pareja protagonista en plenitud de facultades, Robert Redford y Barbra Streisand. Una incursión en los recovecos del enamoramiento, que Pollack desarrolla con agudeza. De este director es conocida su peculiar manera de trabajar: comienza sus películas sin un guión cerrado, y lo va elaborando durante el rodaje. La canción de Marvin Hamlisch obtuvo el Oscar.

El gran Gatsby (The Great Gatsby, 1974), de Jack Clayton

La quintaesencia del cine romántico. Francis Ford Coppola –antes lo había intentado Truman Capote– adapta para Jack Clayton la mejor novela de Francis Scott Fitzgerald. Clayton atrapa esa atmósfera dorada y decadente típica que rodea a los personajes encumbrados, en los que se cumple a la letra aquello de "más dura será la caída", y en que el lujo y el fasto no pueden ocultar que, al final, lo que todos buscamos es amor; y Gatsby lo que desea es llamar la atención de la mujer que ama. Cada fotograma de esta particular encarnación del "sueño americano" está impregnado de nostalgia, de anhelo de felicidad o del paraíso perdido. Robert Redford se revela como la elección ideal para encarnar al enigmático Gatsby.

Los tres días del cóndor (Three Days of the Condor, 1975), de Sydney Pollack

Sydney Pollack dirige a Robert Redford en este thriller de espionaje, cuya acción no pla película acuse una estética muy marcada en los setenta, lo que contribuye a que se vaya desfasando con los años. Por otro lado, destaca la presencia de la enigmática Faye Dunaway y de secundarios de la talla de Max Von Sydow o Cliff Robertson.

El carnaval de las águilas (The Great Waldo Pepper, 1975), de George Roy Hill

George Roy Hill dirige un título de aviación y muestra los sueños de unos hombres y su amor por volar. Robert Redford encarna perfectamente al ídolo del aire, que antaño fue un heroico aviador, y le acompaña en pantalla Bo Svenson y una joven Susan Sarandon.

Todos los hombres del presidente (All the President's Men, 1976), de Alan J. Pakula

El especialista en thrillers políticos Alan J. Pakula adapta el libro homónimo, en el que los propios Bernstein y Woodward exponen su investigación. Se trataba de una película muy difícil, porque Pakula corría el riesgo de que el espectador se perdiera en un mar de datos, pero el cineasta filma con fuerza, aprovecha el carisma de sus protagonistas y secundarios, y exprime el inteligente guión de William Goldman, que resume con maestría el asunto. Su visión idealizada de la prensa ganó cuatro Oscar.

jueves, 25 de septiembre de 2025

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (II)

Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969), de George Roy Hill

Aventuras basadas en dos auténticos ladrones del viejo Oeste, Butch Cassidy y The Sundance Kid. Redford y Newman, irresistibles, hacen tándem por primera vez (cuatro años después rodarían la magistral El golpe (The Sting, 1973), también a las órdenes de George Roy Hill) en un western formidable lleno de aventuras y con un ingenioso toque de humor en muchos de sus diálogos. Aventuras basadas en dos auténticos ladrones del viejo Oeste, Butch Cassidy y The Sundance Kid.

El candidato (The Candidate, 1972), de Michael Ritchie

La película muestra los entresijos políticos, las campañas, los discursos, las promesas, las estrategias..., y el protagonista hace uso del encanto que derrocha por su juventud e iniciativas para captar votantes. ¿Quién mejor que Robert Redford para el papel? Le acompañan Peter Boyle y Melvyn Douglas.

Las aventuras de Jeremiah Johnson (Jeremiah Johnson, 1972), de Sydney Pollack

Antes de que Kevin Costner bailara con lobos, Robert Redford, un hombre del lejano Oeste, hizo lo propio con osos en Las aventuras de Jeremiah Johnson. Sydney Pollack entregó una fabulosa película, en la que fue la segunda de las siete en que trabajó con su actor fetiche Robert Redford. La película, basada en una novela de Vardis Fisher, se inspira en un auténtico trampero llamado John Johnston, y que recibió apodos tan siniestros como los de “Matador de Cuervos” y “Comedor de Hígados Johnston”. La etiqueta le vino de la “peculiar” costumbre de matar indios Crows y comerse sus entrañas, como venganza por el asesinato de su esposa. Curiosamente, después de estrenarse la película el cuerpo de Johnston fue trasladado a Wyoming para recibir un nuevo enterramiento, y Robert Redford asistió al acto funerario.

Un diamante al rojo vivo (The Hot Rock, 1972), de Peter Yates

Entretenida cinta de cacos protagonizada por un Robert Redford tan atractivo como ágil ladronzuelo. La acción mezclada con buenos golpes de humor consigue hacer atractiva la historia, y destaca la música de Quincy Jones. Dirige Peter Yates y entre los secundarios se encuentran George Segal y Ron Leibman.

El golpe (The Sting, 1973), de George Roy Hill

Extraordinaria película que ganó siete Oscar y contó con la interpretación de la emblemática pareja de los actores y galanes Paul Newman y Robert Redford. La película no pierde ritmo en ningún momento y gracias al fabuloso y sorprendente guión, acompañado de un toque de humor y una notable ambientación, la historia resulta muy entretenida. Y la química entre los dos actores es inmejorable como ya demostraron en la también fascinante Dos hombres y un destino. Para la posteridad han quedado las saltarinas notas del piano de Scott Joplin, mítica estrella del estilo Ragtime.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Robert Redford ha muerto: un repaso a las películas imprescindibles del legendario actor (I)

El actor estadounidense falleció a los 89 años el martes 16 de septiembre. Un repaso a su carrera en diez películas en las que interpretó papeles protagonistas...
Niño búho, navegante, aventurero… Robert Redford se vistió de más de un traje a lo largo de su carrera, a menudo bajo la dirección de su amigo Sydney Pollack. El estadounidense falleció este martes 16 de septiembre de 2025 a los 89 años. Habían pasado seis años desde que se retiró de la actuación (su última aparición fue en Avengers: Endgame, de Anthony y Joe Russo en 2019): "He estado haciendo este trabajo desde los 21 años, bueno, ya es suficiente", dijo. Pero dejó su huella en el cine para siempre.

La rebelde (Inside Daisy Clover, 1965), de Robert Mulligan

En su casi debut cinematográfico, junto a Natalie Wood en su (casi) mismo papel de estrella adolescente de Hollywood, el joven Redford interpreta, como corresponde, a un príncipe. un drama agridulce sobre los entresijos del mundo del cine no al uso, con un aire burbujeante y chispeante, e incluso surrealista.

Propiedad condenada (This Property is Condemned, 1966), de Sydney Pollack

Con guion de Francis Ford Coppola y Fred Coe sobre una obra en un acto de Tennessee Williams, Propiedad condenada tiene todos los ingredientes de esas obras apasionadas ambientadas en el Sur que han pasado a la historia del cine como un subgénero de pleno derecho. Ésta fue la primera de las siete colaboraciones que haría con Pollack en un momento en que su carrera estaba a punto de despuntar. 

La jauría humana (The Chase, 1966), de Arthur Penn

La película, hija de su época, los turbulentos años 1960, se basa en una novela de Horton Foote, convertida en guión por la siempre eficaz Lillian Hellman. Es ésta uno de esas películas que podemos definir como ‘psicoviolentos’.

Descalzos por el parque (Barefoot in the Park, 1967), de Gene Saks

Una comedia muy aguda en la que se tratan con acidez los sentimientos de dos enamorados. Notables interpretaciones de Redford y Fonda, en una época en la que ambos estaban en plenitud de su atractivo. La esta película es una adaptación de la obra teatral de Neil Simon.

El valle del fugitivo (Tell Them Willie Boy is Here, 1969), de Abraham Polonsky

Western crepuscular y desencantado, basado en hechos reales, cuenta con una soberbia fotografía de Conrad L. Hall que realza la trama de "caza del hombre". La película incide en el tema del racismo, omnipresente a pesar de la llegada de cierta modernidad, simbolizada en la esperada visita del presidente Taft. Aunque con un argumento sencillo que destacó por reflejar el punto de vista de los indios.

martes, 19 de agosto de 2025

Fallece Terence Stamp, inolvidable actor en la obra de Pasolini y luego en Las aventuras de Priscilla, reina del desierto

Los años 1960 fueron su época, pues fue buscado por los grandes directores antes de caer en el olvido. De ahí surgió la saga de Superman y, sobre todo, Las aventuras de Priscilla, reina del desierto.
Ciertos seres parecen estar dotados de un poder tan misterioso como fugaz: un destello de brillantez en su interior, una chispa que debe aprovecharse rápidamente antes de que el tiempo la apague. A principios de los años sesenta, dos cineastas completamente opuestos, Peter Ustinov y Pier Paolo Pasolini, lo detectaron en un joven actor menos robusto que los robustos shakespearianos de la época (Richard Burton, Oliver Reed, Alan Bates) que revolucionaban el cine británico. Ustinov fue el primero en convertir a Terence Stamp —fallecido este domingo 17 de agosto a los 87 años— en el héroe de Billy Budd (1962), basada en la obra de Herman Melville: este marinero de deslumbrante belleza que se convierte en la víctima del sacrificio.
Pasolini lo inmortalizó en Teorema (1968), Stephan Elliott lo metamorfoseó en transexual en Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (1994) y George Lucas en maestro del universo en Star Wars. Episodio I: La amenaza fantasma (1999): el británico Terence Stamp, fallecía el domingo 17 de agosto de 2025, a los 87 años de edad, nos cautivó con sus ojos azules tanto en películas experimentales como  producciones de Hollywood.

domingo, 6 de julio de 2025

Michael Madsen, la muerte de un actor “de truenos y terciopelo”

Inolvidable en Reservoir Dogs y fabuloso en Sin City, el actor, con su rostro rudo y
su extraordinario talento, dejó una huella única en el cine estadounidense durante más de cuatro décadas. Falleció el 3 de julio a los 67 años.
Cabello negro engominado hacia atrás, ojos azules para morirse. Con camisa blanca y pantalón de traje, Vic Vega, alias Mr. Blonde, saca un cuchillo de sus botas de vaquero, mientras el policía Marvin Nash yace moribundo, atado a una silla, con cinta adhesiva en la boca, la cara hinchada y la nariz ensangrentada. El torturador le pregunta a su víctima si conoce "K-Billy's Super Sounds of the 70s", un programa de radio (ficticio) que reproduce música clásica. Una sonrisa ilumina su rostro: la radio transistor reproduce los primeros acordes de guitarra de Stuck in the Middle with You, de la banda escocesa Stealers Wheel. Mr. Blonde, que se sabe la canción de memoria, empieza a bailar frente a la presa asustada, finge cortarse la cara antes de cortarle una oreja, afortunadamente, fuera de cámara. Hemoglobina, sadismo, una pieza musical de culto: sin duda estamos ante Quentin Tarantino en su primera película, Reservoir Dogs (1992). Una escena de culto en una película de culto, interpretada por el actor estadounidense Michael Madsen, quien falleció de un infarto en su casa de Malibú el jueves 3 de julio a los 67 años. Esta película marcó el inicio de una colaboración regular con el director, quien posteriormente lo contó en Kill Bill: Volúmenes 1 y 2 (2003 y 2004), Los odiosos ocho  (2015) y  Érase una vez… en Hollywood  (2019). Tarantino también le había ofrecido el papel que finalmente relanzó la carrera de John Travolta en Tiempos violentos (1994), pero Madsen ya estaba comprometido con el rodaje de Wyatt Earp, de Lawrence Kasdan…
Michael Masden en Reservoir Dogs (1992)
Un físico imponente
En un emotivo homenaje publicado en redes sociales, el director Robert Rodriguez, quien dirigió al actor en Sin City (2005), contó que no se planeó ninguna improvisación en el set de rodaje para ser lo más fiel posible a la tira cómica de Frank Miller. "Pero rompíamos esa regla cada día que Michael Madsen trabajaba con nosotros. Siendo un escritor increíble, nos ofrecía una y otra vez una frase mágica". Luego relata cómo el actor fue el único elegido a pesar de tener un físico que no se parecía en nada al del personaje de cómic que interpretaba. "Pero Michael era tan inusual que pensamos que sería el compañero perfecto para el detective Bruce Willis. ¡Menudo equipo de policías tan fabuloso!"
Y qué físico! Con más de 1,80 m de altura, tenía uno de esos rostros imponentes, ideales para papeles de tipo duro. En una carrera de más de cuarenta años, que comenzó en el cine con Juegos de guerra (1983) de John Badham, Michael Madsen ha aparecido en casi trescientas cincuenta películas y series. Es imposible enumerarlas todas, pero sus papeles en Thelma y Louise,  Donnie Brasco, The Doors, Liberen a Willy, Muere otro día y Boarding Gate, del francés Olivier Assayas, han marcado la carrera de este actor de "trueno y terciopelo" (en palabras de su hermana, la actriz Virginia Madsen, quien le rindió homenaje en Instagram), a quien le ofrecieron principalmente papeles secundarios.
Michael Masden en Sin City (2005)
Michael Madsen, quien incursionó brevemente en el teatro, también era familiar para los aficionados a los videojuegos, para quienes dobló a varios personajes con su voz profunda y cautivadora, capaz de transmitir una frialdad aterradora (Toni Cipriani en  Grand Theft Auto III, Rafferty en  True Crime: Streets of LA, John Tanner en Driv3R,  o incluso Daud, el maestro asesino del juego Dishonored). En Kill Bill, Volumen 2, Bill (David Carradine, fallecido en 2009) advierte a su hermano Budd, interpretado por Michael Madsen, que la novia (Uma Thurman) viene a matarlos. “Esa mujer merece su venganza, y nosotros merecemos morir”, responde Budd con calma, con los ojos entornados. Un carisma inquietante resumido en una sola escena.