domingo, 10 de mayo de 2026

Retrospectiva: El festín de Babette

El festín de Babette (Babettes gæstebud, 1987), dirigida por Gabriel Axel e interpretada por Stéphane Audran, Birgitte Federspiel, Bodil Kjer, Jarl Kulle, Jean-Philippe Lafont, Bibi Andersson, Ghita Norby. Aclamadísima adaptación de un cuento de Isak Dinesen, autora también de la novela que inspiró dos años antes Memorias de África. Obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
La trama: Siglo XIX. En una remota aldea de Dinamarca, dominada por el puritanismo, dos ancianas hermanas, que han permanecido solteras, recuerdan con nostalgia su lejana juventud y la rígida educación que las obligó a renunciar a la felicidad. La llegada de Babette, que viene de París, huyendo de la guerra civil, cambiará sus vidas. La forastera pronto tendrá ocasión de corresponder a la bondad y al calor con que fue acogida. Un premio de lotería le permite organizar una opulenta cena con los mejores platos y vinos de la gastronomía francesa. Todos los vecinos aceptan la invitación, pero se ponen previamente de acuerdo para no dar muestras de una satisfacción que sería pecaminosa. Pero, poco a poco, en un ceremonial intenso y emotivo, van cediendo a los placeres de la cocina francesa. 
La narración de El festín de Babette, más profunda de lo que parece a simple vista, contrapone dos modos opuestos de encarar la existencia, aun dentro de la buena voluntad de ambas: la visión católica y la protestante. Se trata de un verdadero canto a la "joie de vivre", y a la realidad de que el ser humano está compuesto de cuerpo y alma, y ambos pueden gozar de las cosas buenas de la Tierra. Cuestiones como la comprensión, la apertura de mente, el amor y el perdón están bien presentes, y vienen facilitadas por algo en aparente tan prosaico como una buena comida.
Toda la trama de El festín de Babette se encamina al momento climático de la cena, una celebración culinaria en que el paladar y el espíritu pueden gozar sobremanera. En esos pasajes convive un fino sentido del humor con la emoción más genuina, para subrayar que el trabajo bien hecho puede convertirse en arte, y que las renuncias de este mundo bien llevadas tendrán su recompensa en el banquete del reino de los cielos.

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