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domingo, 29 de junio de 2025

De “L'Emploi du temps” a “Enzo”, la fértil relación de Laurent Cantet y Robin Campillo

Laurent Cantet falleció antes de rodar Enzo, que terminó Robin Campillo. Recordamos, por orden  cronológico, las películas que escribieron y editaron juntos.

1. El empleo del tiempo (L’emploi du temp, 2001)

Vincent, un consultor en empresa, es despedido. Decide ocultarlo a su familia y entorno, inventandose un nuevo empleo en Ginebra. Para mantener la farsa, Vincent pasa el tiempo conduciendo por la zona, hablando por su móvil y mirando al vacío. Dado el momento incluso acaba entrando en un edificio y acudiendo a reuniones como si fues eun trabajador más. No está buscando un empelo nuevo, si no un lugar en el mundo. Obligado no sólo a encontrar dinero, sino también a encontrar cada vez más detalles sobre su empleo, Vincent cae en su propia trampa. Mentir a su familia se convierte en una ocupación a tiempo completo. La historia se basa en los hechos reales que rodearon la vida de un tal Jean-Claude Romand en 1993.

2. Hacia el sur (Vers le Sud, 2005)

Principios de los años 1980. Haití vive bajo el férreo gobierno de Baby Doc, lo cual no impide que sea un destino turístico muy solicitado. En el hotel "La petite anse", un auténtico edén tropical situado en una playa de las afueras de Puerto Príncipe, se alojan dos americanas de unos cincuenta años que buscan sexo y un poco de cariño. La devastadora pasión que despierta en ellas Legba, un jovencito bello como un dios, trastornará sus vidas. Estamos ante una película triste y sórdida, sobre mujeres desamoradas, que no juzga a sus personajes, pero sus acciones y la incapacidad de asumir con valentía sus propias vidas sólo pueden calificarse de patéticas.

3. La clase (Entre les murs, 2008)

François es un joven profesor de lengua francesa en un instituto conflictivo, situado en un barrio marginal. Sus alumnos tienen entre 14 y 15 años, y no duda en enfrentarse a ellos en estimulantes batallas verbales; pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. Al comenzar el curso, los profesores, llenos de buenas intenciones, deseosos de dar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero la abismal diferencia de cultura y de actitud chocan violentamente en las aulas, que no son más que un microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos que sean a veces los alumnos, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor. La tremenda franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos. Una magnífica película sobre el mundo de la educación escolar, Palma de Oro de 2008 en Cannes.

4. El taller de escritura (L’atelier, 2017)

La Ciotat, Francia. Antoine ha aceptado formar parte de un taller de escritura donde unos jóvenes, como parte de un programa de integración social, deben escribir una novela con la ayuda de Olivia, una conocida escritora. A raíz del trabajo en el taller, resurge el pasado obrero de la ciudad y el cierre del astillero hace 25 años, pero nada de esto interesa a Antoine. Volcado en preocupaciones más actuales, se opone al grupo y a Olivia con una violencia que alarma y seduce a la novelista. Más que interesante película que habla de nuestras actitudes, de las ideas que nos configuran, de conflictos personales y sociales.

5. Enzo (2025)

El nombre de la película lo refleja con transparencia: Enzo, habla del yo, de un yo adolescente definido por el carácter exacerbado de sus percepciones subjetivas, de unas emociones que ocupan su campo de visión y que subordinan todo cuanto se encuentra a su alrededor al orden de sus impulsos más caóticos. Para Enzo, el mundo es un almacén lleno de retazos vitales ajenos de los que disponer cuando sea necesario, un archivo abierto al que acudir cuando quiera apropiarse de la imagen del dolor de alguien, un parque de atracciones cotidianas en el que no existe una concepción de la solidaridad que no se encuentre embalsamada entre los caracteres de la consigna más vacía y, paradójicamente, egoísta.

lunes, 6 de mayo de 2024

Muerte del cineasta Laurent Cantet, testigo comprometido de los errores humanos (II)

(cont.)
“Una palma a la humanidad”
Con La clase (Entre les murs, 2008), consiguió el reconocimiento mundial. François es un joven profesor de lengua francesa en un instituto conflictivo, situado en un barrio marginal. Sus alumnos tienen entre 14 y 15 años, y no duda en enfrentarse a ellos en estimulantes batallas verbales; pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. Al comenzar el curso, los profesores, llenos de buenas intenciones, deseosos de dar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero la abismal diferencia cultural y de actitud chocan violentamente en las aulas, que no son más que un microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos que sean a veces los alumnos, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor. La tremenda franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos. Se basa en Entre les murs, un libro donde François Bégadeau, un profesor auténtico, recogía algunas de sus experiencias profesionales. Rodada con un tono realista, que recoge anécdotas reales recogidas en ese libro, el propio Bégadeau es coguionista, además de interpretar al profesor protagonista.
François Bégadeau en La clase (2008)
Y es con esto, una clase, precisamente, que este cineasta comprometido y curioso por el vértigo de la juventud ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes , en 2008. Con el día a día de una clase de cuarto de secundaria en un establecimiento “difícil” de París y su joven profesor de francés. “Solo” eso: estudiantes de secundaria filmados con pasión y respeto. Cuando Sean Penn, presidente del jurado, anunció el premio supremo por La clase, se mostró conmovido y asombrado: “una palma para la humanidad, una película extraordinaria”. Y Cantet subió al escenario con François Bégaudeau, su actor principal y autor de la novela original, pero también con todo su elenco de jóvenes estudiantes. Apenas parecía avergonzado de hablar por ellos. Porque, para el discreto pero vibrante Cantet, lo que contaba era la opinión, la vida de los demás.
Marina Foïs, Matthieu Lucci y Julien Souve en El taller de escritura (2017)
¿El amor? Este hombre modesto dejó esto en manos de los demás cineastas y sólo mostró, en la pantalla, el equilibrio de poder. Como en El taller de escritura (L'Atelier, 2017), donde Marina Foïs, que interpreta a una conocida novelista, dirige un taller de escritura para jóvenes en un programa de integración social en La Ciotat y cae bajo la fascinación de un joven fascista. De un lado, la bohemia parisina, del otro, una bello adolescente como la discordia que sacude sus convicciones... Para Cantet, era vano juzgar, era noble comprender. Cuando la profesora y su alumno terminan solos en un acantilado, de noche, bajo la luna, El taller de escritura adquiere magníficos reflejos negros, como si Billy Wilder estuviera filmando la lucha de clases.

domingo, 5 de mayo de 2024

Muerte del cineasta Laurent Cantet, testigo comprometido de los errores humanos (I) 5/5

Del vértigo de la juventud a la soledad del mundo laboral, Laurent Cantet, Palma de Oro en 2008 por La clase (Entre les Murs, 2008), filmó con pasión los matices y los tumultos de la sociedad moderna. Murió el 25 de abril a la edad de 63 años.
Tenía la tierna sonrisa de un niño pero la mirada tupida de un adulto que todavía está perturbado por la complejidad del mundo. Sus películas tenían esta doble imagen: volcada hacia la juventud y sus esperanzas, también hacia la oscuridad y las desilusiones de una sociedad cada vez más violenta... El cine pierde uno de los testigos más preocupados de los trastornos sociales de nuestro tiempo, de su soledad moderna.
Recursos humanos (Ressources humaines), en 1999, su primer largometraje, escrito con Gilles Marchand, otro antiguo alumno de Idhec ( (Institut des hautes études cinématographiques, Instituto de Altos Estudios Cinematográficos), lo consagró, desde el principio, como el mejor cineasta que representaba la trágica realidad social. A un joven universitario lo contratan como pasante en el departamento de Recursos Humanos de una fábrica situada en la campiña francesa. Lleno de ilusión e ingenuidad, está convencido de que sus esfuerzos servirán para que los sindicatos y la dirección alcancen un acuerdo sobre la jornada laboral. Sin embargo, pronto se da cuenta de que su trabajo está, en realidad, al servicio de una reorganización de la empresa, que implica una reducción de la plantilla. ¿Ken Loach? No, porque en Cantet, aunque el sueño del colectivo existe, cada uno lucha con su propio callejón sin salida y sus propios problemas y decisiones- no hemos olvidado la secuencia en la que el hijo escupe en la cara de su padre "la vergüenza" que éste le ha comunicado. , “la vergüenza de ser hijo de trabajador, y la vergüenza de avergonzarse de ser hijo de trabajador”. 
Jean-Claude Vallod y Jalil Lespert en Recursos humanos (1999)
Con su siguiente película, escrita esta vez junto a su amigo de toda la vida y futuro compañero Robin Campillo, fue aún más lejos en el análisis de lo que representa el trabajo para un hombre, y sobre todo, como dijo en su momento, “la idea de que la sacralización del trabajo no es inevitable”. El empleo del tiempo (L'Emploi du temps, 2001), inspirada en el caso Jean-Claude Romand, profundiza en la psique de un ejecutivo que, tras un despido, construye una vida profesional, toda una existencia, sobre la base de mentiras. Una película escalofriante sobre la impostura pero también sobre la soledad, y sin asesinatos al final para deshacerse del aspecto monstruoso de Romand y quedarse sólo con “lo común, lo banal” de esta historia.
Aurélien Recoing en El empleo del tiempo (2001)
Ésta era la ambición de Cantet: nunca entregarse a la facilidad del romance para iluminar los defectos humanos con matices. Lo real, siempre lo real. E incluso cuando filmó a la estrella Charlotte Rampling bajo el sol caribeño en Hacia el Sur (Vers le sud, 2005). Principios de los años 1980. Haití vive bajo el férreo gobierno de Baby Doc, lo cual no impide que sea un destino turístico muy solicitado. En el hotel "La petite anse", un auténtico edén tropical situado en una playa de las afueras de Puerto Príncipe, se alojan dos americanas de unos cincuenta años que buscan sexo y un poco de cariño. La devastadora pasión que despierta en ellas Legba, un jovencito bello como un dios, trastornará sus vidas, en una compleja relación Norte-Sur entre el deseo y la explotación y la miseria.
Charlotte Rampling y Ménothy Cesar en Hacia el sur (2005)
(cont.)

martes, 1 de marzo de 2022

De “Furia” a “Arthur Rambo”: un sinfín de películas donde la manada es implacable (I)

Linchamientos, hordas furiosas, persecuciones… Como Fritz Lang, Julien Duvivier, Arthur Penn o hoy Laurent Cantet con Arthur Rambo, muchos cineastas han puesto en escena los peligros de las multitudes. Pequeño inventario del caos popular en el séptimo arte.
Tiene todo para triunfar. Él es agradable. carismático. El éxito está ahí, muy cerca, y la gloria, con este libro que todos los medios están acaparando... Pero de repente circula un rumor: Karim D. (Rabah Naït Oufella) habría enviado, tiempo antes, a la Red, bajo un apodo ridículo, Arthur Rambo, tweets sucios, racistas, misóginos, homófobos, antisemitas… En un abrir y cerrar de ojos, quienes lo alababan se alejan, incluidos sus amigos, sus cómplices que se reían con él de estos mensajes insolentes y provocadores.
Arthur Rambo (2021)
No juzgar a su héroe (inspirado en Mehdi Meklat, uno de los dos "Kids", los columnistas una vez celebrados, especialmente en France Inter) fue la principal preocupación de Laurent Cantet. En Arthur Rambo (estrenada el 2 de febrero), el personaje permanece irremediablemente opaco. “Sobre todo, no debería tratar de protegerlo borrando todo lo que es inadmisible sobre él. Tuvimos que oscilar continuamente entre el rechazo y la empatía. Un hijo de puta que escribe basura no me hubiera interesado. Por otro lado, que un joven con el que uno podría simpatizar sea capaz de escribir tales mensajes, es algo que dar que pensar. Es pues una trampa la que detalla, que se cierra sobre quien la había tramado.
Un breve recordatorio de películas donde de repente, una multitud se desata contra un ser al que juzga culpable. Bien o mal.

La madre (Mat1926), de Vsévolod Pudovkin

La madre de Pável Vlásov es empujada al conflicto revolucionario cuando su esposo e hijo se encuentran en lados opuestos durante una huelga de trabajadores. Después de que su esposo muera durante la fallida huelga, la madre traiciona la ideología de su hijo, para intentar, en vano, salvarlo. Pável es arrestado, procesado en una farsa judicial y sentenciado a trabajo forzado en un campo de concentración. Durante su encarcelamiento, su madre se alinea con él y su ideología y se une a los revolucionarios. En el clímax de la película, la madre y cientos de otros marchan a la prisión para liberar a los reclusos, quienes conocen el plan y han proyectado su escape. Las últimas escenas de la película muestran la muerte de la madre y el hijo por las tropas del Zar que desvelaron el levantamiento.
La película está basada en la novela homónima de Máximo Gorki, exponente del realismo socialista. Retrata la lucha de una mujer contra el régimen zarista durante la Revolución rusa de 1905.

Metropolis (1927), de Fritz Lang

Futuro, año 2000. En la megalópolis de Metrópolis la sociedad se divide en dos clases, los ricos que tienen el poder y los medios de producción, rodeados de lujos, espacios amplios y jardines, y los obreros, condenados a vivir en condiciones dramáticas recluidos en un gueto subterráneo, donde se encuentra el corazón industrial de la ciudad. Un día Freder (Alfred Abel), el hijo del todoperoso Joh Fredersen (Gustav Frohlich), el hombre que controla la ciudad, descubre los duros aspectos laborales de los obreros tras enamorarse de María (Brigitte Helm), una muchacha de origen humilde, venerada por las clases bajas y que predica los buenos sentimientos y al amor. El hijo entonces advierte a su padre que los trabajadores podrían rebelarse.
Metrópolis es uno de las pocas películas consideradas Memoria del Mundo por la Unesco. Fue la primera en poseer esta categoría, amparada en la vívida encarnación de toda la sociedad, y la profundidad de su contenido humano y social.

El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), de James Whale

Henry Von Frankenstein es un doctor que decide llevar a cabo un experimento un tanto tenebroso: pretende crear un nuevo ser humano utilizando fragmentos de cadáveres. Su fiel criado Fritz será su aliado en el proyecto y, con su ayuda, se adentran en los cementerios cercanos para conseguir la materia prima. Lo que el doctor no sabe es que el cerebro que utilizado pertenecía a un criminal, condenando al monstruo al odio de la turba iracunda.
Es una adaptación de la obra de teatro de Peggy Webling, que a su vez está basada en la novela Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley.

Furia (Fury, 1936), de Fritz Lang

Joe (Spencer Tracy) llega, tranquilo, a un pequeño pueblo que, al parecer, también lo es. Pero es sospechoso de secuestro. La policía chapotea en su investigación, los jueces se dejan influir, los políticos no quieren molestar a los ciudadanos. Partido por un linchamiento en buena y debida forma, la turba incendia la prisión donde está encerrado Joe. Ella cree que él está muerto. Pero no: con la complicidad de sus dos hermanos (los únicos a los que reveló su supervivencia), decide vengarse: escondido y encantado, observa, de lejos, el juicio de sus asesinos. A riesgo de convertirse también en verdugo.
Esto es lo que quiso demostrar Fritz Lang: el mal corre… En su primera película americana, está en lo más alto (lo que no siempre será así): ritmo sostenido, montaje frío… Su denuncia de la furia y la ceguera sigue siendo, aún hoy, estruendosa.

Incidente en Ob-Bow (The Ox-Bow Incident, 1943), de William Wellman

Nevada, 1885. Gil Carter (Henry Fonda) llega a una pequeña población del oeste en busca de su antigua novia, una mujer de dudosa reputación. Le acompaña su amigo Art (Harry Morgan). La inesperada noticia del asesinato de un conocido ranchero provoca que, ante la ausencia del sheriff, se forme un grupo de linchamiento del que tanto Gil como Art formarán parte.
La película adaptaba la novela homónima escrita por Walter Van Tilburg Clark en 1940. Síntesis, sobriedad, agilidad, seriedad y tratar al espectador como adulto. Eso es Incidente en Ox Bow, y una patada en la barriga.
(cont.)

“Arthur Rambo”, de Laurent Cantet, revive el asunto Mehdi Meklat (II)

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Entonces, ¿por qué Mehdi Meklat arrojó tanto odio a la cara del mundo? ¿Y por qué nunca quiso borrar sus huellas antes de que fuera descubierto, a riesgo de alienar a quienes lo apoyaban? En la cohorte de sus justificaciones, declinando a su antojo el muy conveniente "es culpa del sistema", reconoció un elemento íntimo, sin duda más doloroso de admitir, y que está en el corazón de las palabras de Laurent Cantet: el malestar identitario que lo han atravesado, en estos años en que penetró, tan atronadoramente, en un mundo al que no estaba destinado a priori. El sentimiento de malestar propio de los desertores de clase, que se había convertido para él en un conflicto de pertenencia tal que habría alimentado el deseo de asumir, en paralelo a un éxito que se llevaba, la peor de las caricaturas; como una forma de mantener la mano, En definitiva, la fractura interna de un niño lleno de paradojas.
Hoy, una de las escenas más fuertes de la película de Laurent Cantet enfrenta a Karim D., lamentando sus acciones pasadas, con su hermano pequeño, como un reflejo descontrolado de sí mismo: el menor había tomado tuits del mayor en primer grado, y él no estaba el único, y estalla de ira en la cara del que acusa de ahora descarriarse y traicionar a todos los de la ciudad. La mirada del personaje central se pierde en una mezcla de pavor e interrogación: en el fondo, ¿no se adhirió un poco de todos modos a los horrores que niega? "No puedo pensar más", confiesa Karim D. al final de Arthur Rambo, mientras se va a buscar un respiro con un amigo en el fin del mundo. En la vida real, Mehdi Meklat también lo hizo.“Mi lado oscuro ha sido expulsado pero tengo que pensarlo. Llevará tiempo” , confió a la hora de la salida.
Fuerte potencial de pasión
Al encender su teléfono cuando acababa de aterrizar en Tokio, el joven dijo que encontró un mensaje, entre otros, de Virginie Despentes: “Si la literatura la hicieran almas claras, no tendría ningún interés. Mirando la historia en retrospectiva, uno se pregunta si el doble estatus adquirido por Mehdi Meklat, a la vez libre creador de sus invenciones, ya que novelista, pero también periodista, por lo tanto relevo de la realidad, no habrá acentuado aún la confusión que lo habitaba. Aún así, el asunto de Meklat dolió. A quienes ofendieron los tuits; a los medios de comunicación que habían elogiado al niño por el trabajo que estaba haciendo a plena luz del día; a todos los que lo han disfrutado; al propio interesado, y sin duda más allá.“Me digo a mí mismo que estaba loco por jugar con el fuego del antisemitismo que hoy irradia Francia […]. Mi cuerpo todavía está temblando, mis palmas sudorosas, estoy en pánico” (en Autopsie, ed. Grasset, 2018).
Desde entonces, el tumulto se ha calmado y ha reaparecido Meklat, todavía con Badrou, menos expuesto que ayer. A tres meses de las elecciones presidenciales, la película de Laurent Cantet corre el riesgo de devolver su figura al primer plano de las noticias, un tema todavía muy sensible, con un fuerte potencial pasional. Temblamos un poco por cómo Arthur Rambo podría ser instrumentalizado en una campaña a veces pestilente. Pero también es una oportunidad: abre caminos de reflexión en un intento de comprender cómo el odio y los malentendidos han podido arraigar en Francia. Huellas que, más allá de las trayectorias individuales de tal o cual otro, sólo pueden encontrar una respuesta duradera en la política.

lunes, 28 de febrero de 2022

“Arthur Rambo”, de Laurent Cantet, revive el asunto Mehdi Meklat (I)

Impulsado desde la ciudad de Seine-Saint-Denis a las altas esferas intelectuales y mediáticas de París, el escritor y periodista Mehdi Meklat se vio envuelto en una serie de tuits antisemitas y misóginos. El cineasta Laurent Cantet se inspira en su historia al dirigir Arthur Rambo (2021).
Casi habíamos olvidado, el asunto Mehdi Meklat, y ahora viene una película a recordarlo. Arthur Rambo, de Laurent Cantet, libremente inspirado en la historia de un joven de 25 años cuyo ascenso social y gloria mediáticos se había visto truncado en 2017 por la exhumación de viejos tuits racistas, antisemitas, misóginos, homofóbicos, groso fóbicos, entre otros, escritos primero bajo el seudónimo de Marcelin Deschamps, antes de que él los respaldara con su nombre verdadero.
El personaje de la película se llama Karim D., y no Mehdi M. Su apodo: Arthur Rambo, y no Marcelin Deschamps. Pero aparte de algunos otros detalles, los hechos que relata se ajustan a la realidad, al menos tal como la conocemos, tal como la hemos experimentado, y tal como la contó el propio Meklat. El director plantea los hechos, reproduce los considerables problemas que había causado el escándalo, esboza posibles explicaciones. Pero no toma partido. Dejando que el espectador lo haga por sí mismo. Y el deseo, quizás, de volver a sumergirse en él.
Además, ¿realmente se había olvidado del asunto Meklat? Por supuesto que no,  había molestado mucho. Ante un malentendido que no pudo resolverse ni con las explicaciones tajantes de quienes aman estigmatizar (sobre todo cuando su objetivo lleva un nombre de origen extranjero); ni contentarse con las disculpas e intentos de justificación del interesado, formuladas en particular en un libro, Autopsie, publicado en 2018: Mehdi Meklat reconoció su error… al descartar en gran medida su edad, la violencia de su tiempo, la de las redes sociales, su origen en los arrabales sin horizonte. Asegurando, prometiendo, jurando, que todo era provocación, ficción, que no quiso decir nada ello. 
E incluso, sin reírse, que esos tuits ordinarios y de odio formaban parte de una “ficción literaria, artística”… Señalando de paso a los periodistas de France Inter (con los que colaboró), que lo habrían entendido mal, considerados ilegítimos, y por lo que le hubiera gustado vengarse de alguna manera inventando un ficticio doble. Certificando también que dentro de los medios, generalmente de izquierda, que todavía lo elogiaban el día anterior al escándalo, "todo el mundo lo sabía". Estamos bien situados para saber que no. No todos lo sabían. Sabíamos que tenía un humor abrasivo, a veces vulgar ya menudo divertido (un poco como... Charlie Hebdo ). Pero nada que toque lo odioso.
Inquietud
La película de Laurent Cantet no se detiene en este punto, no es su principal preocupación. Y tal vez se conozca la historia, el asombro sigue corriendo cuando los tuits firmados por Arthur Rambo, del mismo tono que los que efectivamente se colgaron en la red, aparecen en letras gigantes en la pantalla. A nuestros ojos, Mehdi Meklat no era sospechoso de nada más que de su talento. Por lo tanto, lo escuchamos con deleite, él y su compañero Badroudine Saïd Abdallah, conocido como Badrou, en un programa de Pascale Clark en Inter: "los niños", como los llamó la presentadora, que se apoderó de temas más o menos actuales. restaurarlo en un collage subjetivo de sonidos y palabras que era más creación artística –e incluso, nos atreveríamos a decir, poética– que comentario de noticias.
Durante más tiempo, el dúo ofició en el Bondy Blog, un nuevo tipo de medio que, presenta las noticias a través del prisma dela diversidad étnica y los suburbios, sacudió la comodidad de las principales redacciones parisinas. Los Kids también habían colaborado en una exposición en el Palais de Tokyo, producido un documental emitido sobre Arte, lanzado una revista gruesa con el periodista Mouloud Achour, Téléramadan (sin ningún vínculo con Télérama ), que se suponía que se estrenaría una vez al año y, después la conmoción de los ataques de 2015, cuestionando la relación con el Islam en sus dimensiones religiosa, social y cultural – Mehdi Meklat, personalmente, siempre ha dejado claro que no era musulmán. En vísperas del "asunto", acababan de publicar su segunda novela. Dos años antes, para su primer libro, Burn Out, también publicado en Seuil, los dos chicos habían aparecido en la portada de Télérama.
(cont.)

martes, 23 de septiembre de 2014

Efemérides de cine: Recursos humanos

El 22 de septiembre de 1999 en Festival de Cine de San Sebastían se estrenó la película franco-británica Recursos humanos (Ressources humaines), dirigida por Laurente Cantet. Protagonizada por Jalil Lespert, Jean-Claude Vallod, Chantal Barré, Véronique de Pandelaère, Michel Begnez, Lucien Longueville. Coproducción Francia-GB; La Sept-Arte/Haut et Court/ CNC/BBC Films/Procirep.
Sinopsis argumental: La película  relata la historia y los hechos que atraviesa Frank, un joven universitario. Conforme pasa el tiempo se da cuenta que los sindicalistas están muy en desacuerdo con las decisiones de los ejecutivos.Empieza una negociación, entre el sindicato y la dirección de la empresa, sobre la mejor manera de reducir la semana laboral a 35 hs, de acuerdo con la nueva ley para incrementar la producción y las ganancias. El joven propone una solución que corresponde a la aplicada en uno de los casos estudiados en la facultad: realizar una encuesta a los trabajadores de la empresa sin saber el futuro laboral y hacer respetar sus derechos. Avisa a todos los obreros y se une a ellos en sus huelgas, lo cual hace que Frank se enoje con él y le reproche muchas cosas. Al final gana el sindicato, pero siguen de paro para poder luchar por su empleo, luego de los reclamos de Frank, su padre decidió unirse a la huelga.
Nominaciones y premios: Premios César: Mejor ópera prima y Actor revelación (Lespert). 3 nominaciones. Premios del Cine Europeo: Premio Discovery. BAFICI: Mejor película, Premio del público. Festival de San Sebastián: Premio nuevos realizadores (Laurent Cantet)
Comentario: Con este título, Laurent Cantet quiere resaltar una de las ideas básicas de su película, que “es injusto que hablemos del trabajo humano como de los otros recursos o materias primas”. El objetivo del realizador es mostrar la dimensión humana del trabajo. Sus personajes son tan reales que se identificaron con ellos espectadores que pertenecían a la clase trabajadora, pero también los directivos, pues la mirada de Cantet parece bastante objetiva.