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sábado, 25 de enero de 2020

Fallecimiento de Terry Jones, miembro de los Monty Python

El hombre que había encontrado un sentido a la risa.
El sorprendente director y comediante de Monthy Python era un as del travestismo. Y un experto en historia medieval. 
Terry Jones en 1987
Treinta años después de Graham Chapman, las Monty Pythons están de luto una vez más: Welshman Terry Jones murió el martes por la noche el 21 de enero de 2020 de una enfermedad neurodegenerativa. Tenía 77 años de edad.
Terry Jones hizo su debut en la televisión británica en 1967 en la serie At Last the 1948 Show, presagiando el humor absurdo de Monty Pythons, donde dos pilares de la futura compañía cómica, John Cleese y Michael Palin, ya aparecían. Dos años más tarde, es el comienzo de Flying Circus, uno de los programas de televisión más ingeniosos (y divertidos) jamás creado, que hará las delicias de la BBC durante cinco años. Terry Jones se destacó en el travestismo, con una predilección por los roles de abuelitas sinvergüenzas con una voz estridente.
Terry Jone en La vida de Brian (1979)
Cuando, en 1975, la banda de los seis decidió filmar Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail), su primera película "real" para cine (Se armó la gorda (And Now for Something Completely Different), en 1971, era una recopilación de sus mejores parodias), Terry Jones, además de su interpretación memorable de Sir Bedevere "el Sabio" en la escena de culto de la bruja, codirigida con Terry Gilliam, el único estadounidense del grupo. "¿Por qué nosotros dos?" Como no le interesaba a nadie más en el grupo, afirmaba en 2002. Los otros, John Cleese, Graham Chapman, Michael Palin y Eric Idle, prefirieron escribir. E interpretar. El dúo se había dividido las tareas: Gilliam, el papel del demiurgo, Jones, el papel de diplomático, esencial para canalizar a la banda de felices bromistas.
Terry Jones en Erik el vikingo (1989)
No estarán juntos detrás de la cámara para La vida de Brian (The Life of Brian, 1979), una visión muy original del Nuevo Testamento donde un pobre habitante de Judea, nacido la misma noche que Jesús, llevará una vida paralela a éste y, para su mayor desgracia compartirá, el destino de Cristo -Terry Jones está  irresistible como la madre judía hosca que pregunta a los tres Reyes Magos lo que puede hacer con la mirra.
Terry Jones en Monty Python's Flying Circus (1969)
Pero es solo o casi (Gilliam encargándose del brillante prólogo) quien realizará el canto de cisne de Monty Python, El sentido de la vida (Monty Python's The Meaning of Life), Premio especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes en 1983. Luego filmará Servicios muy personales (Personal Services1987), la historia de una madre soltera y madam, y tres películas etiquetadas como para el público juvenil: Erik el vikingo (Erik the Viking, 1989), Viento en los sauces (The Wind in the Willows, 1996) y Absolutamente todo (Absolutely Anything, 2015).
Terry Jones como Mr. Creosote.
Como actor, lo veremos nuevamente en dos películas de uno de sus más grandes admiradores, Albert Dupontel: en Le créateur (1999), interpretando a ¡Dios mismo!, y Enfermés dehors (2006), un vagabundo...
El hombre feliz que era Terry Jones, también era una cabeza muy bien amueblada. Graduado de Oxford, este especialista en historia medieval en general, y del reinado de Ricardo II en particular, fue autor de varias obras de referencia y un guión sobre las Cruzadas. Con un conocimiento enciclopédico que aprovechó en dos series documentales divertidas: Terry Jones' Medieval Lives (2004) y Terry Jones's Barbarians (2006). 

martes, 26 de febrero de 2019

Michel Legrand, el gran compositor de bandas sonoras (III)

(cont.)
Después de La bahía de los ángeles (La baie des anges), de Jacques Demy, en 1963, vendrá la sublime Los paraguas de Cherburgo (Les parapluies de Cherbourg, 1964), la película "cantada" montada "contra un ejército de escépticos y refractarios", Palma de Oro en Cannes. La petulante Las señoritas de Rochefort (Les demoiselles de Rochefort), en 1967, cuyas canciones en versos alejandrinos le hicieron pasar un mal rato a Legrand, quien realizó hasta cuarenta propuestas por canción. Luego, Piel de asno (Peau d'âne, 1970), las más olvidables, No te puedes fiar ni de la cigüeña (L’evénement le plus important depuis que l’homme a marché sur la lune, 1973), Lady Óscar (1979) o Calle P (Parking, 1985), todas ellas con Jacques Demy como director.
Michel Legrand (sentado), Norman Maen, Catherine Deneuve y Franoise DorlŽac, durante  el
rodaje de la película Las señoritas de Rochefort 1966. Fotografía de Georges Kelaidites (1932-2015)
Paralelamente, el compositor colabora con Jean-Luc Godard, Joseph Losey, Chris Marker. Saturado de la Nouvelle Vague, se va con su esposa e hijos a vivir a Los Ángeles a fines de la década de 1960 y firma la emblemática The Windmills of Your Mind de para El caso de Thomas Crown (The Thomas Crown Affair, 1968), de Norman Jewison, con la que ganaría un Oscar. Abrumado por una depresión de la que tardará muchos meses en recuperarse, regresó a Francia dos años después. Desde la distancia, continuará su carrera en Estados Unidos, trabajando con Barbra Streisand, John Frankenheimer o Clint Eastwood.
El caso de Thomas Crown (1968)

Del jazz al ballet

Pero el hombre-orquesta no se resume sólo en su música para el cine. En 1956, se "enamoró" a primera vista de Claude Nougaro. Le gusta "su forma de articular palabras, tanto espontáneas como literarias". El tolosano es entonces un poeta, y aún no es cantante. Legrand convenció al productor Jacques Canetti para grabarlo. En 1962 Claude Nougaro, un disco que contenía Le cinéma, disco que contenía importantes éxitos (Le cinéma, Le jazz et la java, Une petite fille, Les Don Juan, Rouge et Noire...). Pero las personalidades de Legrand y Nougaro eran polos opuestos: el primero es el control, el segundo los excesos. Sus caminos divergen.
A partir de 1964, el compositor se canta a sí mismo, dispersándose con energía. Sus cualidades vocales no son malas, pero no lo convierten en un gran intérprete. Veinticinco años más tarde, debutó en la dirección con Cinco días en junio (Cinq jours in juin, 1989), una historia muy personal de cómo cruzó una parte de Francia con su madre en 1944. Pero, fue un fracaso. "Encontré la historia de este niño, tierna; pero no tuvo suerte", dijo sobre el largometraje en una conversación con Jacques Chancel.
Ávido de renovación, este fogos hombre, casado cuatro veces, se habría acercado, en el último período de su vida, a un repertorio sinfónico más clásico, experimentando con el ballet (Liliom, para John Neumeier), creando un concierto para piano, otro para el violonchelo. Todavía complaciéndose en el cine, prepara la banda sonora de la película inacabada de Orson Welles, restaurada por Netflix, En el otro lado del viento, o un nuevo largometraje como director, sobre un guión de Didier van Cauwelaert. Impulsado por el entusiasmo de la cantante Natalie Dessay, una de sus más fervientes admiradoras, incluso había terminado un oratorio imaginado, cuarenta años antes, por Barbra Streisand. Decididamente magnetizado por la música, el octogenario seguía vibrando.
David y el gigante de piedra (Die Schelme von Schelm, 1995)

lunes, 25 de febrero de 2019

Michel Legrand, el gran compositor de bandas sonoras (II)

(cont.)
De la música de Legrand, a menudo recordamos un brillo alegre, tan profundo como una noche de invierno y tan ligero como una mañana de primavera. Un virtuosismo para hacer malabares con semitonos, dando gracia y nostalgia a sus partituras. Que tiene su origen en una infancia que nunca fue de color rosa. "Si ella tuviera un color, sería gris; si se definiera por un sentimiento, sería la soledad", afirmó en 2013 a Stéphane Lerouge para su autobiografía, Rien n’est grave dans les aigus (Ed. La Cherche Midi), una reedición revisada y aumentada, J’ai le regret de vous dire oui, se publicó en 2018. El niño de Ménilmontant (en la actualidad, barrio situado en el XX Distrito de París), nacido en 1932, ve a su padre abandonar el hogar cuatro años después, Raymond, actor, arreglista, compositor e instrumentista, es un "alegre conversador y un egoísta encantador", que se convertirá en una estrella bajo la Ocupación alemana y dejará a su primera familia "muriéndose de hambre". Marcelle lucha para criar a Michel y su hermana, pero se niega a ser llamada "mamá". Para las demostraciones de amor, los pequeños deberán esperar.

Orquestaciones para Sinatra, Piaf o Montand

Alto como dos manzanas y media, el mini-Legrand se aferra al piano, reproduciendo de oído lo que escucha en la radio. Pronto, entrará en  el Conservatorio de París, beneficiándose de la enseñanza extremadamente exigente de Nadia Boulanger. A la edad de 16 años en Pleyel, fue "aturdido, sacudido, anonadado" por un concierto de Dizzy Gillespie. Irresistiblemente atraído por el jazz, este músico con la "reputación de un descifrador loco" orquestó para Frank Sinatra, Édith Piaf o Yves Montand; montó una comedia de dos pianos con Darry Cowl; arregl las canciones de Juliette Gréco o Marcel Mouloudji; acompañó a Henri Salvador... Se convierte, según sus palabras, en un "rentable arreglista". En resumen, vive bien pero está aburrido.
En 1955 comenzó su nueva carrera en el cine: primero compuso una partitura que luego describió como "abominable" para Les amants du Tage (1955), de Henri Verneuil. Antes de un reencuentro fundacional. En 1960, Jacques Demy prepara Lola; Su compositor, Quincy Jones, le falla. Contactado para reemplazarlo, Michel Legrand, abrumado por el trabajo, se niega. Llamada de Agnès Varda, furiosa: "¿Pero cómo te atreves a rechazar a Demy por una película de Carné  [El solar (Terrain Vague, 1960)]? ¡A tu edad, es una pena! ¡Carné, es el pasado del cine! La esposa del director lo convence, y solicitará al músico un año más tarde para su película Cleo de 5 a 7Cléo de 5 a 7, 1962). Este fue el comienzo de una relación "fraternal" entre los dos hombres, y de una complicidad artística fecunda. 

sábado, 23 de febrero de 2019

Michel Legrand, el gran compositor de bandas sonoras (I)

Michel Legrand, el gran compositor de banda sonoras para el cine, ha muerto del pasado 26 de enero de 2019. 
Se calcula que ha compuesto cerca de doscientass banda sonoras, entre las que destacamos La señoritas de Rochefort (Les Demoiselles de Rochefort) y Los paraguas de Cherburgo (Les Parapluies de Cherbourg). Había recibido tres Oscar a la largo de su carrera. 
"Soy una persona optimista y alegre, pero en todo lo que hago, la muerte siempre está presente", dijo a Jacques Chancel de Radioscopie en 1989, en France Inter. Ella le ganó esta vez, a la edad de 86 años. Sin embargo, Michel Legrand, quien afirmó "ser el sello" de la posteridad, habrá tenido éxito en una carrera internacional, "bigger than life" (más grande que la vida), como gusta decir al otro lado del Atlántico. Es porque el artista ha tenido varias vidas, moviéndose con la flexibilidad de un gato desde la profesión de pianista acompañante a la de arreglista, orquestador, compositor e incluso cantante. Seduciendo tanto a Francia como a Estados Unidos, donde fue considerado por un tiempo, como el jardinero del mercado de Les Halles rogordete, mudo y bigotudo que apareció en la portada de su disco Amo a París (I love Paris), un rotundo éxito al otro lado del Atlántico en 1954.
Brillante y colérico, el compositor de Moulins de mon Cœur, (incluida en la película El caso Thomas Crown (The Thomas Crown Affair, 1968), dirigida por Norman Jewison), Las señoritas de Rochefort y los paraguas de Cherburgo admitía de buena gana tener un carácter raro. Este entusiasta impaciente pudo, a los 22 años, "rechazar" al ídolo Charles Trenet, a quien consideraba "seco y quebradizo". "No quiero tener nada que ver con el pasado; el ayer se acabó, solo el mañana me interesa ", decía en 2005. Eso no le impidió comentar con cordialidad algunas de sus colaboraciones, como la sombría Trois places pour le 26 (Tres entradas para el 26) firmado por su querido Jacques Demy en 1988, con un todopoderoso Yves Montand.
(cont.)

lunes, 15 de enero de 2018

Las películas más vistas de Matt Damon

Después del fracaso de la mediocre Suburbicon (2017), de George Clooney, en la que destacó, el actor se pasa a la comedia de ciencia-ficción Una vida a lo grande (Downsizing, 2017), dirigida por Alexander Payne, que ha alcanzado cierto éxito, aunque comenzó lánguidamente en las salas de cine. Demos un paseo por en cinco etapas por la carrera de este actor, que hace mucho tiempo conoció las mieles del éxito. 
1.- El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, 1997), de Gus Van Sant.
Todavía poco conocido, con su físico adolescente introvertido, impresiona en el papel de un joven con un intelecto del nivel de un genio y una excelente memoria eidética, marginal y pobre. A la edad de 28 años, logró la proeza de ser nominado a los Oscar como mejor actor mientras que, el mismo año, Leonardo DiCaprio no lo era por Titanic, mientras ganaba el premio al mejor guión original, coescrito con su gran amigo Ben Affleck. La película, también ganaba por la presencia de Robin Williams, entonces en plena gloria, fue un triunfo comercial.
2.- El caso Bourne (The Bourne Identity, 2002), de Doug Liman.
Las mismas causas no producen los mismos efectos. Gerry (2002), dirigida por Gus Van Sant y coescrita y protagonizada por Matt Damon, como ocurría en El indomable Will Hunting, no obtuvo el mismo reconocimiento. Pero ese año gracias al espía amnésico Jason Bourne, el joven actor encuentra la llave de un éxito a largo plazo, que seguirá creciendo a lo largo de los sucesivos episodios: El mito de Bourne (The Bourne Supremacy, 2004), El ultimátum de Bourne (The Bourne Ultimatum, 2007) y Jason Bourne (2016), estas tres dirigidas por Paul Greengrass. 
3.- Los infiltrados (The Departed, 2007), dirigida por Martin Scorsese.
La magia del cine estadounidense cuando da en el blanco. Dos estrellas, trabajando codo con codo, son reunidas por un Scorsese en plena forma y asumen los roles de dos archienemigos casi gemelos. Una gran película, ganadora de varios Oscar, aunque ninguno de los dos actores fue nominado incomprensiblemente a dicho premio. Pero Los infiltrados refuerza aún más sus respectivas posiciones en la taquilla.
4.- Marte (The Martian, 2015), dirigida por Ridley Scott. 
El mayor éxito personal de Matt Damon, sólo también en la la lista del reparto, en su irresistible papel de astronauta ermitaño-ecologista. El único inconveniente es que ese año Leonardo DiCaprio triunfa también en un papel semejante de superviviente El renacido (The Revenant). El duelo está servido entre estos grandes actores ante todo Hollywood. Pro primera vez, los compiten por el Oscar al mejor actor... Al final será Leonardo quien se lleve el gato al agua, o sea, el Oscar.
5.- La gran muralla (The Great Wall, 2016), de Zhang Yimou. 
Esta superproducción chino-estadounidense fracasó en los Estados Unidos, limita este fracaso en Europa y pasa sin pena ni gloria por China. Pero ¿Que le está sucediendo a Mat Damon? Parece poco preocupado por la lucha contra los monstruos que pretenden invadir China. En esta ocasión, su encanto y sensibilidad no son suficientes para hacer triunfar sus hazañas como héroe de acción. Comienza un período de turbulencias que el actor parece atravesar...

sábado, 15 de abril de 2017

Oficios de cine: Guionista

El guionista es la persona encargada de confeccionar el guión, ya sea una historia original, una adaptación de un guión precedente o de otra obra literaria. Muchos escritores se han convertido en guionistas de sus propias obras literarias. Dentro del guión cinematográfico se distinguen el guion literario o cinematográfico, que narra la película en términos de imagen (descripciones) y sonido (efectos y diálogo), y está dividido en actos y escenas. Es necesario distinguir el guion literario del guión técnico, que agrega al anterior una serie de indicaciones técnicas (tamaño de plano, movimientos de cámara, etc.) que sirven al equipo técnico en su labor y que, a diferencia del guion literario, suele elaborarlo el director, no el guionista. También pueden colaborar con el guionista otros escritores (co-guionistas) o contar con dialoguistas que están especializados en escribir diálogos. El papel del guionista es muy importante, pues su trabajo es la base de todo el proyecto, si el guión es bueno el director puede hacer una película excelente, pero si éste es deficiente aunque el director tenga muchos recursos, la película quedará vacía.
Robert Bolt
Algunos de los más famosos guionistas de la historia del cine:
Robert Bolt, este dramaturgo británico ostenta un lugar de honor entre los guionistas cinematográficos por su adaptación de su propia obra de teatro para Un hombre para la eternidad (A man for all seasons, 1966), de Fred Zinneman, y por su colaboración con el gran David Lean, para el que escribió tres películas: Lawrence de Arabia (1962), Doctor Zhivago (1965) y La hija de Ryan (1970). En los ochenta aún tuvo energías para escribir la nueva versión de Motín a bordo (The Bounty, 1984), de Roger Donaldson, y La misión ( ,1986), de Roland Joffé. Todo un mito.
Billy Wilder. Antes de ser director, Wilder trabajó muchos años como guionista. Contó muchas veces que se hizo director para evitar que otros destrozaran su obra. Cierto o no, si nunca se hubiese convertido en director, aún sería considerado hoy día como uno de los más grandes guionistas de los años treinta y cuarenta. Periodista de bastante prestigio en la Alemania de los años veinte, viajó a Estados Unidos una vez Hitler se hizo con el poder. Buscando siempre la oportunidad de convertirse en director, aprendiendo todo lo que podía, pudo escribir guiones de la brillantez y el ingenio de La octava mujer de Barba Azul y Ninotchka’ ambas dirigidas por Ernst Lubitsch en 1938 y 1939, de quien era admirador y amigo. Pero también guiones para Raoul Walsh o Mitchell Leisen. Y para otro director a quien tanto admiraba, Howard Hawks, escribió el estupendo libreto de Bola de fuego (1941).
I.A.L. Diamond
I.A.L. Diamond. Si nombramos el trabajo de Wilder, también hay que nombrar el que este hombre (de verdadero nombre Itek Domnici y oriundo de Rumanía) hizo precisamente al lado de Wilder durante tantos años. Desde 1957 escribieron doce guiones juntos, la mayoría impresionantes. Wilder encontró un alma gemela en lo creativo, y con la sola excepción de Testigo de cargo (Witness for the Prosecution, 1957), que escribió con Harry Kurnitz, todos los guiones, hasta el final de su carrera, los escribieron juntos, y Wilder depuró muchísimo más sus temas y su estilo. Quizá el mejor guión que escribieron fue el de El apartamento (1960), pero todos ellos están llenos de diálogos, personajes y situaciones geniales. Murió muy joven, a los 67 años, de cáncer. Dicen que Wilder nunca se recuperó anímicamente de aquella pérdida.
Ben Hecht. Gustaba de referirse a sí mismo, más que como guionista o escritor, como un cirujano de guiones, y desde luego así le veían los demás. Lo cierto es que fue periodista, y dramaturgo, y novelista. Y participó en muchísimos guiones, acreditado o no, pues muchos sabían de su infalible talento para arreglar un libreto que nadie sabía por qué fallaba, o para buscar soluciones a una trama imposible. No aparece en los créditos de La diligencia (John Ford, 1939) ni de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939) ni de Gilda (Charles Vidor, 1946) ni de Jennie (Portrait of Jennie, 1948), de William Dieterle, pero contribuyó en sus guiones. Fue el primer guionista en recibir un Oscar al mejor trabajo original, y suyos son los guiones de Luna nueva (His Girl Friday, 1940), de Howard Hawks, y Encadenados (Notorius,  1946), de Alfred Hitchcock, entre otros muchos.
Leigh Brackett
Leigh Brackett. La única mujer de este grupo escribió algunos de los mejores westerns de la historia, concretamente para el gran Howard Hawks. Novelista de éxito en el género de la ciencia ficción, Hawks insistió en que fuera ella quien escribiera El sueño eterno (1946) junto nada menos que William Faulkner. Pese a este éxito, se mantuvo alejada del cine muchos años, hasta que volvió con Hawks y le regaló los guiones de Río Bravo (1959), El Dorado (1966) y Río Lobo (1970), además de Hatari! (1962). Por si fuera poco, es la responsable de la primera versión del guión de El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980), que entregó poco antes de morir.
Paul Schrader. Si sólo fuera por sus colaboraciones con Martin Scorsese, este hombre ya merecería estar aquí, pero además escribió el estupendo guión de Yakuza (1974), de Sydney Pollack, y luego ha desarrollado una excelente trayectoria como director. De sus cuatro guiones con Scorsese, probablemente el mejor sea el de Taxi Driver (1976), pero los otros no desmerecen. Educado en el calvinismo, le fue prohibido todo acceso al cine hasta los diecisiete años, como muchos lectores ya sabrán. Parece que, a partir de entonces, aprovechó el tiempo.
Tonino Guerra
Charlie Kaufman. Sin lugar a dudas, uno de los guionistas más originales y personales en muchos años de cine. Surgió a finales de los noventa con Cómo ser John Malkovich (Spike Jonze, 1999) y conoció varios años en que cada guión suyo era mejor y más sorprendente, hasta el que casi con toda seguridad sea su obra cumbre, Olvídate de mí (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry, 2004), que le valió el Oscar. Finalmente se hizo director con Synecdoche, New York (2008), aunque no se ha estrenado en nuestro país. En los últimos años parece algo menos activo. Esperemos que no se haya agotado su genio.
Tonino GuerraLos créditos como guionista de Tonino Guerra son poco menos que impresionante. Mejor dicho, son alucinantes. Ha parido muchos de los guiones de Theo Angelopoulos, ha trabajado en algunas obras maestras de Michelangelo Antonioni, escribió dos guiones para Andrei Tarkovski, entre ellos, el de la sublime Nostalghia (1983). Y sigue en activo y en buena forma, con noventa años cumplidos. Todo un fenómeno. Poeta de gran prestigio, y guionista superlativo.
Vicente Escrivá
Vicente Escribá. Fue uno de los guionistas españoles más afamado durante la segunda mitad del siglo XX, además de director y productor cinematográfico. Eempezó a trabajar como guionista en la película La mies es mucha (1949), de José Luis Sáenz de Heredia, y en Balarrasa (1950), J.A. Nieves Conde 1950), películas de corte religioso. Entre sus onras más destacadas podemos citar: De Madrid al cielo (1952); Recluta con niño (1956), Vente a Alemania, Pepe (1971), ambos en colaboración con Vicente Coello; Matar al Nani (1988), en colaboración con Gregorio Roldán.
David Koepp. Nacido el 9 de junio de 1963, guionista y cineasta estadounidense. Koepp es reconocido por ser el guionista de peliculas como Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993), Misión Imposible (Mission: Impossible, 1996), Spider-Man (2002), La guerra de los mundos (War of Words, 2005) e Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, 2008). También su filmografía incluye Atrapado por su pasado (Carlito's Way, 1993) The Trigger Effect (El efecto dominó) (The Trigger Effect, 1996), El mundo perdido: Jurassic Park (The Lost World: Jurassic Park, 1997), El último escalón (Stir of Echoes, 1999), La habitación del pánico (Panic Room, 2002) y La ventana secreta (Secret Window, 2004), Asalto al tren Pelham 123 (The Taking of Pelham 123, 2009), Ángeles y demonios (Angels & Demons, 2009)...
Rafael Azcona
Rafael Azcona. Comenzó su carrera como novelista y colaboró en varias revistas de humor. En 1959 adaptó, a modo de colaboración para la gran pantalla la novela de El pisito, comenzando su fructífera carrera como guionista. Azcona volvió a adaptar otras dos novelas El cochecito y El secreto de los hombres azules, y en 1961, Luis García Berlanga dirigió su primer guión original: Plácido. También trabajó con Carlos Saura en La prima Angélica y ¡Ay, Carmela! (1991); con Fernando Trueba en El año de las luces, (Oso de Oro en en el Festival de Berlín) y Belle époque (1993), Oscar de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa; y con José Luis García Sánches en La corte del faraón y Tranvía a la Malvarrosa. Por su guiones recibió cinco Goyas: El bosque animado (1988), de José Luis Cuerda; las citadas ¡Ay, Carmela! y Belle époque; Tirano Banderas (1994), de José Luis García Sánchez y La lengua de las mariposas (2000), también de José Luis Cuerda. 
Frank S. Nugent. El guionista por antonomasia de John Ford debía estar en esta lista por méritos distinguidos. Alguien capaz de fabricar una joya del calibre del guión de El hombre tranquilo (The Quiet Man, 1952) es un guionista fenomenal, pero además adaptó la novela de Alan Le May para Centauros del desierto (The Searchers, 1956) y colaboró en el guión de La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949), y en algunas otras obras maestras de Ford: Fort Apache (1948), 3 Godfathers (1948), Mister Roberts (1955), The Last Hurrah (1958), Two Rode Together (1961)..., quien siempre le respetó, aún a su manera, como el gran guionista que era.
Frank S. Nugent
Jean-Claude CarrièrePara terminar, uno de los más grandes. No sólo por haber colaborado en algunos importantes trabajos con Luis Buñuel, Diario de una camarera (1964), Belle de jour (1967), La vía láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1972), El fantasma de la libertad (1974) y Ese oscuro objeto del deseo (1977), sino por que además participó en Valmont (1989), de Milos Forman y en Cyrano de Bergerac (Jean-Paul Rapppeneau, 1990). También colaboró con otros directores españoles comLuis García Berlanga (Tamaño natural). Ha sido autor de los guiones de El tambor de hojalata (1979), El regreso de Martin Guerre (1982), La insoportable levedad del ser (1988), El húsar en el tejado (1995) o Los fantasmas de Goya (2006), entre otras. Auténtico mito de la escritura cinematográfica, es el guionista perfecto para cerrar esta lista.

sábado, 20 de agosto de 2016

Noticias de libro: Robert Rossen

Robert Rossen

José Antonio Jiménez de las Heras
Cátedra
Madrid
2014
480 págs.
Guionista en la Warner durante diez años, Robert Rossen (Nue­va York, 1908-1966) fue pionero en luchar por la independencia creativa, lo que le llevó a convertirse también en director y productor de sus películas. El olvido al que ha sido sometida la obra de Rossen transfigura la historia del cine no otorgándole la posición fundamental que debería ocupar en el cine universal. Figura central en la definición del cine social y del "noir" durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, será el renovador del cine norteamericano en los sesenta y el pionero en introducir las formas del nuevo cine europeo, representado por Bergman o Fellini, en los Estados Unidos. La experiencia vital y su compromiso ideológico serán sus motores creativos en una obra en la que la honestidad intelectual, el rigor y la brillantez visual se dan la mano para conmovernos y enfrentarnos a las  preguntas esenciales que todo hombre habría de hacerse confrontado a la sociedad.

martes, 16 de julio de 2013

Biografías de cine: Lasse Hallström

Lasse Hallström (Estocolmo, 2 de junio de 1946) es un director, guionista y productor sueco. Tras rodar algunos cortometrajes,así como realizar telefilms en su país natal a mediados de los años 70 antes de iniciarse en el cine con las películas tituladas Ska vi gå hem till dej eller till mej eller var och en till sitt? (1973) y En Kille Och En Tjej (1975), que estaba co-escrita con su habitual colaborador, el también actor Brasse Brännströmm. 
Dos años después dirigió un documental sobre la gira australiana del famoso grupo ABBA en ABBA: The Movie (1977), que refleja la locura de la “Abba-manía”. La película trata sobre los dramas, las peleas, la locura de la promoción, la histeria de los fans.
Su revelación internacional se produjo con Mi vida con un perro (Mitt liv som hund, 1985) que trata sobre la entrada en la vida adulta de un chaval de doce años que disfruta una enormidad con la compañía de su perro, y que ve su pacífica existencia alterada por el anuncio de una grave enfermedad que aqueja a su madre. La situación, que acontece en los años 50, le obliga a irse a vivir al campo con unos familiares, lo que supone un nuevo entorno y gente distinta a la que tratar y acostumbrarse. Comedia dramática que le valió dos nominaciones a los Oscar como mejor director y otra como mejor guionista; un Globo de Oro: mejor película de habla no inglesa; un premio del Círculo de Críticos de Nueva York: mejor película extranjera y dos Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película y actor (Anton Glanzelius). El sueco Lasse Hallström se dio a conocer en el panorama internacional con esta adaptación de una novela de Reidar Jönsson, en la que el propio autor ha participado. Supone una interesante y triste mirada a un mundo infantil a punto de sufrir una revolución copernicana, donde incorpora elementos de su propia experiencia. El joven protagonista Anton Glanzelius es muy expresivo, atrapa bien la simbología del chico desorientado, que se identifica con la perra Laika, enviada por los rusos en su carrera por conquistar el espacio exterior. La idea es que los adultos toman decisiones que le atañen sin preguntar, lo que le hace experimentar sentimientos contradictorios; y al tiempo es incapaz de expresar lo que le ronda en la cabeza, sus dudas sobre la sexualidad o mil temas más que se le presentan de golpe. 
El aspecto reflexivo-sentimental mostrado en el tratamiento a los personajes y  una historia con vinculaciones familiares y afectivas son claves en este título y en otros posteriores de su carrera, usualmente de raíces literarias y presentados en diferentes géneros que van de la comedia romántica al melodrama o al drama familiar.
Entre ellos:
  • Querido intruso (Once Around,1991), su debut en Hollywood. Comedia romántica. Renata (Holly Hunter), la hija mayor de un matrimonio italoamericano, ha sido abandonada por su novio, pero se ha enamorado de Sam (Richard Dreyfuss), un excéntrico pero entrañablemente encantador hombre de negocios. Sin embargo, la impetuosa hermana de Renata y sus padres no aguantan las intromisiones desagradables y disparatadas de Sam en su círculo familiar. Éste, charlatán, vanidoso y completamente diferente a lo que se estila normalmente tiene buenas intenciones, pero eso no le impide ir demoliendo poco a poco las estabilidad que reina en la familia de su enamorada. Película divertida y ocurrente, que debe gran parte de su calidad a la actuación del camaleónico Richard Dreyfuss, en un papel lleno de vitalidad y que nadie podía interpretar de modo más convincente.

  • ¿A quién ama Gilbert Grapé? (What´s Eating Gilbert Grape?,1995). Gilbert Grape vive en Iowa con su familia. Allí dedica gran parte de su tiempo a cuidar de su hermano Arnie, un retrasado mental, y de su madre, inválida desde hace algunos años y condenada a vivir en una silla de ruedas debido a su obesidad. Arnie, es fuente de preocupaciones ya que no tarda mucho tiempo en verse envuelto en problemas. Un día es detenido por la policía y ambos hermanos se pelean. Arnie encontrará cariño y consuelo en Beckie, la nueva amiga de Gilbert. Johnny Depp y Juliette Lewis encabezan los títulos de creditos, pero llama especialmente la atención el trabajo de un jovencísimo Leonardo DiCaprio (Titanic, La playa, La habitación de Marvin), cuya soberbia interpretación le valió merecidamente una nominación al Oscar, al Globo de Oro y al National Board of Review, en la categoría de mejor actor secundario. El sueco Lasse Hallström dirige este encantador film, de claro aire independiente, acerca de los sentimientos, el amor, el cariño y la amistad. Gran parte del mérito es debido a la estupenda novela de Peter Hedges, autor también del guión, y que tiempo más tarde debutó también en la dirección con la más que estimable Retrato de April. Y la fotografía es del mítico Sven Nykvist.

  • Algo de que hablar (Something to Talk About, 1995). Sus temas típicos —descripción de familias algo excéntricas y con problemas— están presentes en el guión escrito por Callie Khouri, ganadora de un Oscar por su trabajo en Thelma y Louise. Problemas domésticos, cotidianos, de la vida misma, son abordados por Hallström, aunque quizá con mayor realismo que en otras ocasiones. La infidelidad conyugal, presentada como algo que no sucede de repente, y las consecuencias de la falta de diálogo entre padres e hijos, son los desencandenantes de algunos de los momentos más intensos del film. Grace (Julia Roberts) es una mujer joven, a lo que parece felizmente casada, que tiene una niña pequeña. Su vida discurre plácida en una pequeña población del Sur de los Estados Unidos, donde compatibiliza su trabajo en un negocio familiar de cría de caballos con sus obligaciones domésticas. Hasta que descubre que su marido le engaña. Este hecho desata una crisis que afecta a toda la familia de Grace. Hay una historia bien trabada, y humor y ternura en el tratamiento, aunque se eche en falta algo más de profundidad, de honestidad. Resulta una consideración algo estrecha, por ejemplo, reducir el funcionamiento de un matrimonio al de sus relaciones íntimas. También le pesa algo al guión su vena feminista, pues trata de presentar, dentro de las tres mujeres adultas del relato —la madre y dos hijas— a Emma Rae, la hermana de Grace, como la más madura y realizada; cuando lo cierto es que se trata de la menos dibujada, y la única que no ha llegado a comprometerse en nada concreto en la vida. Resulta curioso ver un relato típicamente sureño firmado por un sueco. Pero el hecho es que Hallström bucea con seguridad en la vida provinciana que retrata. Así lo hace en las reuniones de una asociación de mujeres para obras de caridad. La excelente fotografía de Sven Nykvist, con muchos tonos azules y grises, ayuda al espectador a introducirse en la vida corriente, vulgar si se quiere, de los personajes. Un estupendo reparto, encabezado por una Julia Roberts en alza, y apoyado por secundarios de lujo como Robert Duvall, Gena Rowlands y Dennis Quaid, hacen a la película, si no apasionante, sí bastante grata de ver.

  • Las normas de la casa de la sidra (The Cider House Rules, 1999), película basada en una novela de John Irving por la que volvió a ser candidato a la estatuilla. En los años 40, el doctor Larch (Michael Caine), dirige el orfanato de St. Clouds. A él acuden jóvenes embarazadas, que dejan a su hijo para adopción o, simplemente, abortan ilegalmente. Homer Wells (Tobey Maguire) nació en St. Clouds y, tras fallidos intentos de adopción, creció como el hijo que el doctor Larch nunca tuvo. Así hasta ejercer como médico del orfanato, aun sin titulación alguna. Homer se dedica a los partos y, a pesar de la presión de su mentor, se niega a practicar abortos. Un día, contra la voluntad de Larch, sale del orfanato a ver mundo. Marcha con Candy y Wally, jóvenes novios que han abortado ante la movilización de Wally hacia los frentes de la II Guerra Mundial.“Buenas noches, Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra”. Ésta es la tierna frase con que el contradictorio doctor Larch acuesta a “sus niños” cada noche. Al resultar innegable su desvelo por los huérfanos a su cuidado, llama más la atención, por contraste, su firme apoyo al aborto, en el caso de un niño no deseado. ¿Dónde estarían esos críos encantadores que cuida, llenos de vida, si se hubieran “desechado” cuando se encontraban en el vientre de sus madres? Es el mismo planteamiento que se hace Homer, aunque, como las intenciones de John Irving –novelista y responsable del guión– son manifiestas –el apoyo al aborto, como declaró en su discurso de aceptación del Oscar–, se busca un terrible caso límite de incesto para justificar que el protagonista acabe realizando su primer aborto. Se pone así por obra uno de los lemas del doctor: "Sé útil". El utilitarismo justifica el aborto y lo que haga falta, viene a decir el film. Michael Caine se llevó el Oscar al mejor actor de reparto por su elaborado papel del doctor Larch, el médico abortista adicto al éter. Caine demostró su caballerosidad al recibir el premio, pues se acordó de citar con elogios el trabajo de los otros cuatro candidatos: Jude Law, Tom Cruise, Michael Clarke Duncan y Haley Joel Osment. Además, la película recibió el Oscar al mejor guión adaptado y 7 nominaciones más; el National Board of Review al mejor guión y el Critics' Choice Awards: Top 10 - Películas del año.

  • Chocolat (2000), versión cinematográfica del libro de Joanne Harris. Vianne y Annouk: una madre soltera y su hija. Viajan de aquí para allá, y nunca suelen durar mucho en los pueblos donde deciden quedarse a vivir. El último donde lo intentan es Lansquenet, un villa rural francesa, muy cerrada en sí misma y tristona. Vianne pretende alegrar la vida a la gente abriendo una chocolatería, donde tiene dulces para todos los gustos y necesidades. Igual sirven de afrodisíaco para la mujer cuyo marido no le da todo el gusto que quisiera, que para lograr la atención de la persona amada. Pero el alcalde, fundamentalista recalcitrante, piensa que no es una buena idea inaugurar una chocolatería en Cuaresma. Y hace frente a Vianne. Un cuentecillo servido en forma de delicioso bombón de chocolate, aunque con ocultas dosis de (mala) leche. Vianne se presenta como la persona capaz de iluminar la vida de un grupo de personas vencidas por la rutina diaria y el dominio que ejercen las personas de orden. Pues tenemos, como “lobo feroz” del cuento, a la gente reprimida del pueblo, fanáticos religiosos incapaces de gozar. Lasse Hallström firma la historia y explica que “habla de la intolerancia y de las consecuencias de no permitir a otras personas vivir sus propias existencias y creencias”. Estuvo nominada a diversos galardones.

  • Atando cabos (The Shipping News, 2001). Adaptación de una celebrada novela de Annie Proulx. Cuenta los intentos de Quoyle (Kevin Spacey) por restañar viejas heridas amorosas. Solo con su hija pequeña, sin rumbo vital fijo, decide irse a vivir a un pequeño pueblo pesquero en Newfoundland, donde vive su vieja tía (Judi Dench). Allí, casi por casualidad, consigue un puesto de redactor en un pequeño periódico local. Enseguida va a demostrar dotes especiales para la escritura. Además conocerá a una guapa viuda, Wavey (Julianne Moore), que también arrastra cicatrices emocionales, y de la que se enamora. Lasse Hallström sigue bebiendo de fuentes literarias para contar una historia con sorprendentes e inesperados ribetes mágicos. Pelín gélida (quizá por ser su director nórdico), tiene una interesante galería de personajes, interpretada por un excelente conjunto actoral. Atrapan las escenas en el periódico, divertidas y emotivas.

  • Casanova AKA Giacomo Casanova (2005)En sus memorias, todo un clásico literario a pesar de su dudosa veracidad, el italiano Giacomo Casanova exponía su labor como espía y diplomático, pero sobre todo sus frívolos galanteos amorosos. El director se centra en esta última parte, presentando a un Casanova a punto de ser expulsado de Venecia por las autoridades debido a sus escándalos. Para darles a entender que ha sentado la cabeza, concertará un matrimonio de compromiso, pero poco después se enamora de verdad, de una escritora. Restan mucha credibilidad al asunto que los personajes parezcan del siglo XX, sobre todo la feminista que interpreta Sienna Miller, y el tono de farsa elegido por Lasse Hallström. Pero las localizaciones, decorados y vestuarios evidencian un gran esfuerzo de producción.

  • Una vida por delante (An Unfinished Life, 2005). Einer es un hombre de cierta edad, que regenta un rancho en Wyoming. Tiene como vecino a su mejor amigo, Mitch, quien también ha sido siempre su mano derecha, aunque en la actualidad una lesión causada por un oso lo tiene algo disminuido. Un día se presenta en casa la nuera de Einer, Jean, con una nieta de 11 años, Griff, cuya existencia sencillamente ignoraba. En efecto, Einer y Jean rompieron toda relación cuando el marido de ella (e hijo de él) murió en accidente de tráfico. Como Jean conducía, el suegro la culpa de lo ocurrido. El caso es que Jean ha llegado hasta ahí tratando de buscar un poco de tranquilidad, pues su novio actual ha resultado ser un cafre que la maltrató, y sobre quien pesa una orden de alejamiento. Einer acoge a las recién llegadas sin demasiado entusiasmo, y Jean trata de encontrar trabajo para poder alejarse pronto de su hosco padre político. Sólida película, cuyo principal tema es la necesidad de perdonar y ser perdonado, la sabiduría de pasar página y aprender de los errores. El cineasta se toma el necesario tiempo a la hora de presentar a sus personajes, bien perfilados en el guión del matrimonio Mark Spragg-Virginia Korus. Se trata de papeles bien jugosos, que el magnífico reparto sabe hacer suyos sin problemas. El papel de cowboy maduro le va que ni pintado a Robert Redford, quien ya compuso un personaje de características similares, también en edad, en El hombre que susurraba a los caballos. Jennifer López sigue madurando como actriz, y está muy contenida en este papel dramático de mujer maltratada y valiente, que hará lo que sea necesario para sacar adelante a su hija. Morgan Freeman siempre lo borda todo, y aquí, en un papel secundario, viene a ser la ‘muleta’ que Redford necesita para salir del callejón sin salida del dolor y el resentimiento. También destaca la pequeña Becca Gardner, prácticamente una recién llegada, capaz de enternecer al duro corazón del ‘abuelo’ Redford.
En 1994 se había casado con la actriz Lena Olin, quien aparece en varias de sus películas, entre ellas Chocolat (2000) o Casanova (2005). Previamente había estado casado con Malou Hallström.
En 2006 dirige La gran estafa (The Hoax).  Cuando todo parecía atado, y bien atado, el escritor Clifford Irving se lleva la sorpresa de que McGraw Hill, su editorial, ha decidido no publicar su último manuscrito. Este autor desconocido, que había publicado antes títulos como “Fraude”, decide forzar una reunión con sus editores, asegurando que anda trabajando en un auténtico “bombazo”. En realidad no tiene idea de que les va a contar al día siguiente… Hasta que se le ocurre que podría camelarles afirmando tener los derechos exclusivos de las memorias autorizadas del excéntrico Howard Hughes. El multimillonario, aviador y cineasta es bien conocido por sus rarezas, y no ha sido visto en público desde hace años; Clifford cuenta con ello para mantener el engaño y obtener pingües beneficios. Le ayudan en la tarea su esposa Edith, y su socio y colaborador Dick Suskind. La historia que narra Lasse Hallström es, curiosamente, real, y el mismo Howard Hughes llegó a decir que ni el guionista más calenturiento de Hollywood podía haber imaginado algo semejante. En efecto, los hechos se ven afectados por el efecto “bola de nieve”, en que nuevas mentiras requieren nuevas explicaciones, hasta que se fabrica un edificio cuya estructura podría venirse abajo en cualquier momento. De este modo el film, en lo que a timos se refiere, podría conectarse con títulos como El golpe o Nueve reinas, aunque quizá el que más se le aproxima es El precio de la verdad. Parte del mérito de Hallström, y de su guionista, William Wheeler, es conjugar drama y comedia. Hay situaciones muy disparatadas, casi de vodevil, como la del manuscrito que Clifford y Suskind birlan a un antiguo colaborador de Hughes. Pero también hay lugar para el drama, al abordar los problemas de fidelidad de los dos socios, o esa adopción de la personalidad de Hughes por parte de Clifford. Además se deja espacio para el suspense y el vértigo, como en los momentos de la llamada telefónica de Hughes o su llegada en helicóptero. E incluso hay cargas de profundidad contra el mundo editorial (el dinero manda), empresarial (el papel que acaba jugando Hughes en la historia) y el político (todo vale para seguir en el poder). El reparto está perfecto, tanto en los actores principales (un Richard Gere muy contenido, un Alfred Molina pletórico, divertido y humano) como en los secundarios.
En Siempre a tu lado. Hachiko (Hachiko: A Dog's Story, 2009).  Remake de una película japonesa de 1987, Hachiko Monogatari, que a su vez se inspiraba en un caso real acontecido en la ciudad nipona de Shibuya en 1924. La acción se traslada a Estados Unidos. El film arranca en un aula donde los niños deben hacer una exposición acerca de su héroe favorito. Uno de ellos explica que él admira a Hachi, el perro de su abuelo, lo que despierta el escepticismo y las risas de sus compañeros. Lo que sigue es la historia de cómo este perro, un cachorro akita, “encuentra” en la estación a Parker, un profesor de música. Verdaderamente el animal lo escoge, y aunque la esposa de Parker es reticente a acoger al perro en caso de que no aparezca el dueño, al fin cede en su punto de vista. El can demuestra una increíble conexión con su dueño, le acompaña todos los días al tren y vuelve a casa solo, tiene actitudes de cariño y lealtad que rayan lo increíble. Esto resulta particularmente cierto cuando acontece un hecho inesperado. Algo debe tener el director sueco con los perros, que saltó a la fama internacional con Mi vida como un perro, donde la presencia canina era más bien metafórica. Aquí nos entrega una historia de karma canino, con la que seguro que ha empatizado enseguida su protagonista, el declarado budista Richard Gere. Se trata de una historia emotiva, sobre la lealtad que puede llegar a guardar un perro hacia su amo, con algunos momentos propicios para la lágrima. Tal vez resulta algo moroso y reiterativo el modo en que el director construye la especial relación entre Hachi y Parker, pero la cosa se sigue con interés. Hay acierto, además de con el encantador animal, con el personaje de la esposa, estupenda Joan Allen, y con los secundarios de la estación, la dueña de una tienda de libros, el tipo que tiene un puesto de perritos calientes, y el jefe de la estación. El tono mágico de la cinta, al que ayuda la omnipresente partitura de Jan A.P. Kaczmarek, puede retrotraer también a ¿Bailamos?, cinta remake de un título japonés que también tuvo a Gere como cabeza de cartel. Aunque puestos a comparar con filmes caninos coetáneos, donde el chucho protagonista se convierte en sorprendente elemento aglutinador de la familia, nos quedamos con Una pareja de tres.
En Querido John (Dear John, 2001). John es un soldado norteamericano, de permiso en su costera ciudad natal. Allí pasa las vacaciones Savannah, una jovencita de buena familia. Y rápidamente surge el amor, apasionado, son dos semanas muy intensas, en que además ella muestra una especial conexión con el padre viudo de él, un tipo cercano al autismo, obsesionado con su colección de monedas. Cuando llega la hora de partir, John y Savannah se prometen –y cumplen con ello– intercambiar cartas para mantener viva la llama del amor. Pero el inesperado ataque del 11-S lleva a John a plantearse la cuestión de reengancharse en el ejército, todo sea por servir a su país. Lo que no está claro es si Savannah podrá aguantar que la separación de ambos se prolongue con esta decisión. Nueva adaptación de una novela del popular contador de historias 'romanticonas' Nicholas Sparks (El diario de Noah, Nights in Rodhante). El director sueco se pliega al material del autor de best-sellers que tiene entre manos, y da exactamente lo que cabe esperar: los altibajos amorosos de una pareja insoportablemente guapa, Channing Tatum con su atlético 'body' de surfero, la rubita Amanda Seyfried con sus ojos claros y aspecto angelical. Siguiendo el modelo 'culebrón' se ofrece un doble caso de autismo –el padre del protagonista, estupendo Richard Jenkins, y un niño criado por su padre–, una situación de guerra en Afganistán, el clásico jovenzuelo 'borde' que ve cómo John le pisa el terreno, las cartas 'conmovedoras', el trágico 'destino'...
La pesca del salmón en Yemen (Salmon Fishing in the Yemen, 2011). La presencia de Gran Bretaña en zonas calientes del globo como Irak y Afganistán no contribuye precisamente a mejorar las relaciones con el mundo árabe. El primer ministro presiona para dar con algún proyecto que pueda ayudar, y su eficiente jefa de prensa Patricia cree encontrarlo en un plan de un jeque multimillonario que suena a completo disparate: la introducción de la pesca de salmón en Yemen. El experto Fred Jones no cree en la idea visionaria del jeque, Yemen no reúne ninguna condición favorable, pero obligado por sus superiores se ve obligado a estudiar la viabilidad, justo en un momento en que su matrimonio atraviesa una situación delicada. Le sirve de enlace con el jeque la muy competente Harriett Chetwode-Talbot, cuyo novio, militar, acaba de ser destinado en Afganistán. La pesca de salmón en Yemen es una adaptación de la divertida novela de Paul Torday a cargo del oscarizado Simon Beaufoy (Slumdog Millionaire) en lo concerniente al guión, y con la muy competente dirección de Lasse Hallström. Tiene mucho mérito esta versión para la pantalla, que conserva el fino humor británico del original, pero que estaba obligada a salir del atolladero de la estructura primigenia, el intercambio de correos electrónicos entre los distintos personajes. Tal recurso sigue teniendo algo de presencia, pero la historia toma aire y aumenta su campo planteando algunas cuestiones que en el mejor de los casos Torday simplemente apuntaba. De modo que la idea de un proyecto descabellado, que da pie a pasajes muy divertidos, invita a reflexionar sobre la fe en un mundo donde, al menos en Occidente, se ha perdido en gran parte el horizonte de lo trascendente: no lo controlamos todo, pueden ocurrir sucesos que objetivamente considerados parecen milagrosos por lo improbable de su ocurrencia, en otras culturas se vive de otra manera, hay menos cinismo... Está introducida con gran naturalidad la necesidad del entendimiento entre Oriente y Occidente, con la apertura a otras mentalidades y la lacra del terrorismo fundamentalista, pero también el oportunismo político y la obsesión por la imagen y las apariencias. Y todo ello traspasado por el humor, aunque no falta dramatismo cuando hace falta, especialmente en el último tramo, con un desenlace que funciona, y que en otras manos sonaría a tópico. Aunque todo lo dicho hasta suena a trama de sátira política y punto, lo cierto es que uno de los méritos de La pesca de salmón en Yemen es su componente humana, plasmada en la composición de dos personajes muy sólidos (Ewan McGregor y Emily Blunt), que estrechan su relación de un modo muy natural y sin transitar caminos trillados, a pesar de sus caracteres contrapuestos: él es como un ratón de biblioteca que sólo sabe de pesca, ella una mujer abierta y cosmopolita, y sus previos compromisos componen una madeja de enorme interés sobre el amor, la entrega y el compromiso. También tiene gran mérito en el capítulo interpretativo la tronchante jefa de prensa que compone Kristin Scott Thomas –asombroso cómo concilia familia y trabajo, y el modo en que maneja a los políticos–, y el difícil papel del jeque, que compone Amr Waked.
Un cuarto de siglo después de emprender su aventura hollywoodiense, Lasse Hallström regresa a su país para rodar, junto a su esposa Lena Olin, El hipnotista (Hypnotisören (The Hypnotist), 2012). El salvaje asesinato de una familia en su casa de Estocolmo pone en marcha una investigación policial. La falta de pistas hace que el comisario Joona solicite la ayuda del famoso hipnotizador Erik Maria Bark, para interrogar al único superviviente: un chico de 15 años, que se encuentra en estado de shock. La investigación toma un cariz inesperado cuando el hijo de Bark es secuestrado. Adaptación de la novela negra de Lars Kepler. De reciente estreno en España, concretamente el 12 de julio de 2013.
En abril de 2013 estrena en España, Un lugar donde refugiarse (Save Haven, 2013). Katie Feldman llega a una pequeña localidad costera llamada Southport, en Carolina del Norte, con la intención de rehacer su vida de una manera tranquila. Alquila una vieja cabaña y consigue un trabajo como camarera en el café local, cuenta con la esperanza de pasar desapercibida. Pero a pesar del casi impenetrable muro emocional que ha creado para protegerse, se siente atraída por el cariño y la consideración genuinos de esta pequeña y unida comunidad, especialmente del dueño del supermercado, Alex, que es viudo, y sus dos hijos pequeños. Katie empieza a confiar de nuevo en los demás. Alex y su pequeña prole le enseñan a vivir de nuevo las alegrías del amor. Pero las cosas no son tan sencillas como parecen y su felicidad reciente se ve amenazada por los secretos que le siguen atormentando. Nueva adaptación de una obra de Nicholas Sparks. Hasta ahora su última película.