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domingo, 30 de noviembre de 2025

Hace 100 años: Cobra

El 30 de noviembre de 1925 se estrenó la película estadounidense Cobra, dirigida por Joseph Henabery e interpretada por Rodolfo Valentino, Nita Naldi, Casson Ferguson, Gertrude Olmstead, Héctor V. Sarno, Claire De Lorez, Eileen Percy, Lillian Langdon, Henry Barrows, Rosa Rosanova, Natasha Rambova. Productora: Ritz-Carlton Pictures. Duración: 70 minutos. 
Sinopsis argumental: El conde Rodrigo Torriani es un noble italiano y un libertino encantador. Su debilidad son las mujeres, que lo hipnotizan y fascinan, como el mito de que las cobras hipnotizan a sus presas. Roridgo acepta la invitación de su amigo Jack Dorning para ir a Nueva York a trabajar como experto en antigüedades. Si bien el trabajo es gratificante, a Rodrigo le resulta difícil la tentación de las mujeres que lo rodean, incluyendo a la secretaria de Dorning, Mary Drake, y a su esposa, Elise. Cuando Jack no está, Elise le dice a Rodrigo que está enamorada de él. Ambos se abrazan y quedan en un hotel. Sin embargo, tras encontrarse en una habitación, Rodrigo decide que no puede traicionar a su amigo y se marcha. Resulta ser una decisión afortunada; el hotel se incendia en plena noche, matando a Elise. Rodrigo anhela desesperadamente una relación con Mary. Sin embargo, tras la muerte de Elise, centra la atención de Mary en Jack y decide irse de Nueva York. La película termina con Rodrigo contemplando el mar y la Estatua de la Libertad mientras zarpa de regreso a Europa.
Comentario: Es la adaptación cinematográfica de la obra Cobra, escrita por Martin Brown, que se representó en el Teatro Hudson de Broadway en 1924. Cobra ha sobrevivido y se ha puesto a disposición del público tanto en VHS como en DVD gracias a distribuidores de películas independientes y grandes distribuidores de películas.

domingo, 11 de agosto de 2024

Hace 100 años: Monsieur Beaucaire

El 11 de agosto de 1924 se estrenó la película Monsieur Beaucaire, dirigida por Sidney Olcott e interpretada por Rodolfo Valentino, Bebe Daniels, Lois Wilson, Doris Kenyon, Lowell Sherman, Paulette Duval, John Davidson, Oswald Yorke, Flora Finch, Louis Waller, Ian MacLaren, Frank Shannon, Templar Powell, H. Cooper Cliffe, Downing Clarke, Yvonne Hughes, Harry Lee, Florence O'Denishawn, Blanche Craig, Nat Pendleton. Productora: Famous Players–Lasky. Duración: 106 minutos.
Sinopsis argumentalEl duque de Chartres está enamorado de la princesa Enriqueta, pero ella aparentemente no quiere tener nada que ver con él. Finalmente, se cansa de sus insultos y huye a Inglaterra cuando Luis XV insiste en que los dos se casen. Se hace pasar por Monsieur Beaucaire, el barbero del embajador francés, y descubre que disfruta de la libertad de la vida de un plebeyo. Después de sorprender al duque de Winterset haciendo trampa en las cartas, lo obliga a presentarlo como un noble a Lady Mary, de quien se ha enamorado. Cuando a Lady Mary se le hace creer que el duque de Chartres es simplemente un barbero, ella pierde interés en él. Finalmente descubre que, después de todo, es un noble y trata de recuperarlo, pero el duque de Chartres opta por regresar a Francia y a la princesa Enriqueta, quien ahora le devuelve su afecto.
Comentario: La película está basada en la novela homónima de Booth Tarkington de 1900 y la obra de teatro homónima de 1904 de Tarkington y Evelyn Greenleaf Sutherland. 

domingo, 13 de septiembre de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (VI)

(cont.)
Sus tres últimas películas fueron rodadas tras su ruptura con la Famous-Players-Lasky, y de ellas, las dos últimas son, sin duda alguna, la culminación y el canto del cisne de la carrera de Valentino. Se había separado ya de la Rambova, y Valentino rodó El águila negra (The Eagle, 1925) con un magnífico director, Clarence Brown; la película contaba además con un guión sumamente ingenioso, obra de Hans Kraly, quien escribió también muchos para Ernst Lubitsch: En El águila negra, Valentino interpreta a un teniente cosaco convertido en bandido generoso, que tiene que hacerse pasar por profesor de francés y se encuentra con bastantes dificultades para escapar de los avances amorosos de la Zarina. Disfruta de todos y cada uno de los matices de su papel, se sabe irresistible y se divierte demostrándolo. En El águila negra, Valentino parodia y se convierte el crítico más agudo de sus propios papeles. 
Valentino y su primera mujer Jean Acker
Desgraciadamente, sólo le quedaba una película que interpretar, aunque también con un buen director, George Fitzmaurice. Fue El hijo del Caíd (The Son of Sheik, 1926). Cuando se estrenó, Valentino estaba ya muerto. Debajo de la leyenda, debajo del amor y del odio que desencadenó su mito, se encontraba un actor de verdad, un gran profesional, dotado una asombrosa versatilidad y de un profundo conocimiento de su oficio. En caso de no haber muerto prematuramente, su ingenio y sentido del humor habrían bastado para asegurarle un brillante futuro. 
Rodolfo Valentino
El legendario actor de origen italiano falleció el 23 de agosto de 1926 a los 31 años víctima de una peritonitis. Su repentina muerte desató la locura entre sus fans. Estaba en la cumbre de su éxito y las mujeres le adoraban. Fue el latin lover por excelencia, el primer sex symbol del cine, y su leyenda perdura con fuerza casi un siglo después de su fallecimiento. Rodolfo Valentino marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte, inmortalizando a un tipo de hombre exótico que dio al traste con el estereotipo del héroe anglosajón ingenuo y dominado por las mujeres que triunfaba en aquel tiempo.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (V)

(cont.)
El Caíd era una película más bien tosca, y, sin el exhibicionismo desinhibido de Valentino, podría haber pasado inadvertidamente; pero, gracias a él, provocó una reacción fenomenal entre las mujeres y, de rechazo, otra de celos y animadversión entre los hombres, que perseguiría a Valentino toda su vida. La dureza de los artículos anti-Valentino de la revista Photoplay sigue resultando asombrosa. Pero el escándalo le convenía al estudio, que se apresuró a hacer trabajar a Valentino en cuatro títulos (estrenados todo en 1922), y de los cuales sólo Sangre y arena (Blood and Sand, 1922) era digno de él. En ella demostró una vez más su capacidad para madurar un personaje, para transmitir la sensación de desgaste provocado por el paso del tiempo y los reveses de las fortuna. Al principio de Sangre y arena es un muchacho alegre y feliz; al final, un hombre maduro, que ha conocido ya el éxito profesional y con las mujeres, y que acepta la muerte casi de buen grado. 
Rodolfo Valentino en Sangre y arena (1922)
En sus dos primeros años de estrellato se estrenaron nueve película interpretadas por Valentino, con lo que su popularidad aumentó meteóricamente. No obstante, se produjo entonces una pausa de otros dos año, en los que él y su mujer, la insaciable Rambova, se dedicaron a pelearse con los estudios. La Rambova no era, sin embargo, una figura tan negativa como se suele afirmar. Tenía toda la razón al oponerse a la explotación de la capacidad erótica e interpretativa de Valentino en vehículos tan mediocres como los que se le ofrecían. Era también una magnífica diseñadora. Su trabajo en Salomé (1922), interpretada por Alla Nazimov, puede considerarse "decadente", pero sus decorados y su vestuario aportaron a la película una unidad de estilo de la que, de no ser así, había carecido. Y, si estaba equivocada la creer que la teoría del cine como arte era aplicable en Hollywood, se trataba al menos de un error noble. 
Rodolfo Valentino en El rajah de Dharmagar (1922)
Cuando Valentino volvió a la pantalla, lo hizo con Monsieur Beaucaire (1924), con decorados y vestuario de la Rambova. La película no ha sido nunca demasiado apreciada, y probablemente habría sido mejor en caso de haberla dirigido un realizador más vivo y menos fosilizado que Sidney Olcott; pero, en muchos sentidos ofreció a Valentino una de las mejores oportunidades de toda su carrera. Demuestra poseer un notable sentido del humor, y, aunque posa y se mueve más como un bailarín de ballet que como actor, lo hace con un distanciamiento y una gracia que consiguen ganarse a los espectadores.
Doris Kenyon y Rodolfo Valentino en Monsieur Beaucaire (1924)
(cont.)

lunes, 7 de septiembre de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (IV)

(cont.)
Las películas
Rodolfo Gugliemi llegó a Hollywood en 1917. Entre esa fecha y 1920, apareció en al menos 17 películas, en papeles que oscilaban entre muy cortos y relativamente largos. El joven Gugliemi, conocido por el nombre artístico de Rodolfo di Valentina, interpretó a gángsters, matones y una amplia variedad de tipos italianos, pero ninguna de sus películas fue en ningún sentido destacable. En Ojos de juventud (Eyes of Youth, 1919) causó, sin embargo, bastante impresión, lo que le valió el papel de Julio en Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Rex Ingram, que conocía ya desde antes a Valentino, y había pensado en él para la película, decidió correr el riesgo de encomendarle el protagonista a un actor relativamente desconocido; y, cuando vio el impacto que causaba (sobre todo entre el público femenino) en su famosa escena del tango, adoptó la determinación de basar el personaje de Julio en ese aspecto de hombre de mundo y bailarín consumado. Pero Valentino tenía mucho más que aportar a la película. Según va avanzando la guerra, el tono de Los cuatro jinetes del Apocalipsis se va haciendo más sombrío, el protagonista madura y sufre, y Valentino revela una versatilidad y un dominio sobre las emociones asombrosos en alguien con tan poca experiencia como él. 
Rodolfo Valentino y Clara Kimball Young en Ojos de juventud (1919)
Tanto en esta película como en Eugenia Grandet (The Conquering Power, 1921), Valentino tuvo la suerte de de verse guiado por uno de los mejores directores de Hollywood durante el período mudo, Rex Ingram. Pero no siempre sería así . De sus otras doce películas importante, sólo las dos últimas, El águila negra (The Eagle, 1925) y El hijo del Caíd (The Son of Sheik, 1926) fueron dirigidas por realizadores de auténtica valía, Clarence Brown y George Fitzmaurice, respectivamente. Para entonces había comenzado a declinar la influencia de su esposa, Natacha Rambova, dejando así más campo para directores con personalidad propia. 
Alice Terry y Rodolfo Valentino en Eugenia Grandet (1921)
En 1921, la Rambova comenzó a dominar la carrera del actor, y La dama de las camelias (Camille), rodada ese mismo año, destacó más por los extravagantes decorados "art-decó", diseñados por ella, que por la interpretación de Valentino.
Alla Nazimova y Rodolfo Valentino en La dama de las camelias (1921)
Eugenia Grandet, de Ingram, ofreció a Valentino la oportunidad de de interpretar el que es quizás su más destacado papel de carácter, y, en las escenas finales, en las que tenía que aparecer cansado y envejecido, resultaba totalmente convincente. Aunque no hubiese llegado a convertirse en un mito erótico y en una gran estrella, a Valentino no le habría faltado trabajo como actor. Pero entonces rompió con la Metro, y El Caíd (The Sheik, 1921), la primera de sus películas para la Famous-Players-Lasky, fue también el inicio de su leyenda. 
Rodolfo Valentino en El Caíd (1921)
(cont.)

domingo, 6 de septiembre de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (III)

(cont.)
Para desesperación de las cotillas de Hollywood, Valentino no era aficionado a
Natacha Rambova en 1922
las fiestas, no le gustaba beber y no tenía nada de Don Juan. Sólo pudieron hincarle el diente en un escándalo. En 1919 se casó con la actriz Jean Acker, una supuesta amante de la también actriz Alla Nazimova, quien la había amenazado con destruir su carrera si la abandonaba, antes de que esta se casara con Valentino. Este matrimonio no llegó a durar un mes. Posteriormente, se enamoró de la extraordinaria Natacha Rambova, una diseñadora de talento, y se casó con ella en mayo de 1922, antes de que hubiese finalizado el proceso de divorcio. Como consecuencia de ello, se vio acusado de bigamia, pasando tres días en prisión de la que salió bajo fianza, 
aunque la acusación fue retirada poco después. 
La Rambova tuvo un efecto desastroso sobre el joven y tranquilo Valentino. Le obligó a pelearse con varios estudios, y se dice que, en un momento determinado, su situación económica era tan desesperada que Valentino se vio obligado a cazar furtivamente liebres y conejos para que pudiera comer. También le impulsó a llevar una vida lujosa y dispendiosa (que creía era la que correspondía a una gran estrella de la pantalla) y despertó su interés por el espiritismo. Valentino llegó incluso a un publicar un pésimo libro de poesía, dictado según él desde "el otro mundo" por su guía, Pluma Negra. 
 Don Alonso (Rodolfo Valentino ) con Julieta (Helena D'Algy), la novia que, en la misma noche de bodas, es raptada por unos bandidos en El diablo santificado (A Sainted Devil, 1924)
El matrimonio duró lo suficiente como para hacer nacer en él el gusto por la vida fácil y lujosa que habría de llevarle casi a la bancarrota, y las úlceras que provocarían finalmente su muerte en 1926. 
Las recaudaciones de taquillas que siguieron a Los cuatro jinetes del Apocaplipsis fueron desiguales, pero su popularidad personal siguió siendo enorme. Su hermana recuerda que, en los períodos difíciles, vivían de cobrar por fotos con autógrafos de él, para las que les llegaban al día miles y miles de peticiones. Valentino era extremadamente miope y se dice que, como consecuencia de ello, se había negado a a alistarse durante la guerra. Es posible que esa misma miopía explique las miradas profundas y penetrantes con las que parecía desnudar el alma de sus "partenaires", esas miradas qcn los ojos entrecerrados y tan llenas de pasión que calentaban la sangre de todas las mujeres de América. Quizás lo único que intentaba era "enfocarlas" lo mejor posible, para poder verlas.
En El águila negra (The Eagle, 1925), Valentino encarnaba a un oficial del ejército convertido en bandido.
Pero la mayor cualidad de Valentino como actor, y la que brilla gloriosamente en todos los planos de todas las películas que interpretó es su asombrosa gracia. Si se congela cualquier fotograma de cualquier película suya, se obtendrá la foto de un bailarín de ballet. Y, unida a esa gracia propia del ballet, iba su gran fuerza del suelo y subirla a la grupa de un caballo en un movimiento alado, tan aparentemente sin esfuerzo y agilidad como si estuviese abrochando el lazo de sus zapatos. 
Monsieur Beaucaire (Rodolfo Valentino) con su hermano (André Daven), una buena forma para  vender imagen.
Sí, cuando era un joven alegre y generoso, que acababa de cumplir los 18 años, hubiese tenido la precaución de ahorra sólo una cuarta parte de los 4.000 dólares que llevó consigo a los Estados Unidos, Valentino se habría indudablemente convertido en un orondo y próspero agricultor de California. Al no ser así llegó a ser inmortal. 
(cont.)

sábado, 5 de septiembre de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (II)

(cont.)
Tras graduarse en la Escuela de Agricultura de Génova, marchó a París (su madre era francesa), e, indudablemente, aprendió a bailar en el mundo estudiantil alegre y desenfadado que conoció en dicha ciudad, a la que llegó cuando sólo tenía 17 años, y no en los rígidos y formales bailes de su ciudad natal, Castellaneta (Tarento), situada en el sur de Italia donde nació el 6 de mayo de 1895, en el seno de una familia de clase media, cuyo apellido era Guglielmi. Cuando se quedó sin un céntimo  en París, se limitó a escribir a su familia y pedirles dinero para el billete de vuelta a Castellaneta. 
A los 18 años sintió la llamada de la aventura y se embarcó para Estados Unidos, aunque esta vez con algo más de dinero. "Italia se me ha quedado pequeña, le confesó, antes de partir a su hermano. En Nueva York llevó la misma vida alegre y desenfadada que había llevado en París; pero, esta vez, cuando se le acabó el dinero su orgullo latino le impidió recurrir nuevamente a su familia. En lugar de escribirles una carta lastimera pidiéndoles el dinero para el billete, robó papel del hotel Waldorf  Astoria, se hizo una foto con ropas alquiladas para demostrar lo bien que le iba... y mientras tanto, dormía en Central Park. Es posible que se viera de alguna manera implicado en una organización dedicada a la extorsión y el chantaje, pues pasó unos cuantos días en la cárcel de Tombs hasta que la acusación fue retirada. 
Su apostura, juventud, encanto natural, cortesía europea y habilidad para la danza le salvaron de morir de hambre o de lanzarse a una carrera más peligrosa como delincuente. Encontró trabajo como "caballero acompañante" e un té-danzante instalado en uno de los hoteles más caros y lujosos de Nueva York. 
Rudolph Valentino con un Cocker Spaniel que le regaló el alcalde James Rolph.
Allí se hizo amigo de Bess Dudley, cuya novia, Bonnie Glass, era bailarina profesional en cabarets y teatros y estaba buscando una nueva pareja para reemplazar al que habría de convertirse en futuro astro de la pantalla, Clifton Webb. Valentino dio así su primer paso por el precario pero maravilloso mundo del espectáculo. Su numero de danza terminó cuando Bonnie Glass se casó, y Valentino se unió entonces al cuerpo de baile del espectáculo de Al Johnson, con
el que viajó hasta Utah, y de ahí a San Francisco, donde buscó la ayuda de la Italian Agricultural Society, que se dedicaba a comprar tierra para los  agricultores italianos inmigrantes, pero esa organización exigiía un depósito de 1.000 dólares y él no los tenía. 
La suerte pareció guiar sus pasos, pues, se encontró por casualidad con un viejo amigo, el actor Norman Kerry, que estaba trabajando con Mary Pickford en las cercanías de San Francisco. Kerry le convenció de que debía de probar suerte en Hollywood. Comenzó así el tradicional camino ascendente, lleno de privaciones y esfuerzos. Semanas sin trabajo, semanas en las que interpretaba pequeños papeles (normalmente de "malo"), y finalmente papeles algo más largos en películas más importantes. El dinero que ganaba no se iba en lujos, pero si en coches rápidos y caros. Valentino no era buen conductor y tuvo numerosos accidentes de poca monta. En algunas fotos suyas se puede ver una pequeña cicatriz en la mejilla derecha. 
June Mathis, jefa del departamento de guiones de la Metro, vio en aquel actor joven y pco conocido una personalidad y un magnetismo especiales, y presionó a la Oficina de Repartos para que le encomendasen el papel protagonista de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, iniciándose así la meteórica carrera hacia el estrellato de Rodolfo Valentino.
(cont.)

lunes, 31 de agosto de 2020

Rodolfo Valentino, el eterno latin lover (I)

Rodolfo Valentino atravesó los cielos de América como un meteoro, y se hundió en tierra en el único momento dramático de su vida, el de su muerte. Lo repentino de su enfermedad, y la rapidez con que desapareció de entre los vivos provocaron una ola de histeria como no se había dado antes ni ha vuelto a repetirse. Se convirtió en la figura masculina de los sueños de mujeres de todas las edades, en el gran amante de la Historia del Cine. 
Aunque sin figurar en los créditos, Valentino interpretó un pequeño papel en A Rogue's Romance (1919). Sele ve aquí junto a Earle Williams. 
El hombre
Pocas mujeres del mundo podrían dejar de sentirse fascinadas por el hecho de verse arrebatadas a su caballero acompañante y arrastradas a un tango erótico que se convierte prácticamente en una seducción como el bailado por Valentino en Los cuatro jinetes del Apocalipsis (The Four Horsemen of the Apocalypse, 1921). ¿Qué mujer podría resistirse al magnetismo animal de un hombre capaz de desnudarla con la vista, en una mirada ascendente, lenta y cargada de erotismo, como la que lanza Valentino a  su pareja en El Caíd (The Sheik, 1921). ¿Qué mujer no se siente complacida ante la idea de ver de rodillas ante ella a un hombre lo suficientemente fuerte y valiente como para torear y dar muerte a los temibles toros bravos, como hace Valentino en Sangre y arena (Blood and Sand, 1922)?
Interpretando a un hombre de mundo argentino, que posteriormente lucha a favor de Francia en la I Guerra Mundial, en Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1921)
Contemplando a Valentino numerosas mujeres se aproximaron a su ideal de hombre apasionado, viril, prodigador de caricias, dispuesto a someterse sólo a su belleza. Su enorme atractivo para las mujeres ha fascinado siempre a sus biógrafos y a los historiadores. Para hablar de él se han utilizado términos como "magnetismo animal", "carisma", "it"; mientras que su "sex appeal" se atribuido entre otras cosas a su mirada cálida y apasionada, a su físico atlético, a su forma de seducir a las mujeres, al uso desinhibido que hacia de su propio cuerpo cuando bailaba. En cualquier caso, lo que esta claro es que una cualidad indefinible brillaba en todas sus interpretaciones y le hacía irresistible. 
Rodolfo Valentino en El Caíd (1921)
Era italiano hasta la médula, con muchas de las virtudes y no poco de los defectos típicamente italianos; y, como otros muchos compatriotas suyos de ambos sexos, poseía una espléndida belleza juvenil que parecía condenada a marchitarse y a desaparecer al alcanzar la madurez. Una foto durante el rodaje de Monsieur Beaucaire (1924) de la Paramount demuestra que estaba empezando a echar papada; mientras en sus películas de época tenía que sujetarse los vestidos con un apretado cinturón, sin duda para disimular la "curva de la felicidad" que empezaba a ser ya visible. 
Bebe Daniels y Rudolph Valentino en Monsieur Beaucaire (1924)
El advenimiento del sonoro no le hubiese planteado el menor problema. Era un hombre políglota, que no sólo hablaba italiano e inglés, sino también español y francés; y, de hecho, buena parte de los diálogos de Monsieur Bucaire eran en francés. Aunque tenía un ligero acento extranjero, su inglés era impecable. En caso de no haber muerto prematuramente, lo único con lo que habría tenido que luchar para seguir siendo una gran estrella era la tendencia a la obesidad. Por otro lado, era un bailarín consumado. 
(cont.)