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miércoles, 4 de marzo de 2015

Estereotipos cinematográficos de la mujer (IV)

(cont.)
Mujeres travestidas
. A lo largo de la historia del cine muchas mujeres, que han querido destacar, han tenido que travestirse de hombres para llegar a conseguir sus objetivos y dejar de ser por un momento en las tramas figuras secundarias y sin autonomía narrativa. Baste recordar títulos como:

  • Víctor o Victoria (1982) de Blake Edwards.
  • E incluso Mulán (1998) de Tony Bancroft-Barry Cook en animación para niños. 
Esta tradición de amplio arraigo en el teatro del Siglo de Oro por razones obvias (los papeles de mujeres eran interpretados por hombres), se continúa hoy incluso en películas de guión contemporáneo no adaptado pero que recrean la época de capa y espada: 
  • Shakespeare enamorado (1998) de John Madden.
  • Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto también conocida como Piratas del Caribe 2 (Pirates of the Caribbean: Dead Man's Chest AKA Pirates of the Caribbean 2, 2006) de Gore Verbinski.

Frente a la adaptación de la obra homónima, escrita en 1618, de Lope de Vega, La moza del cántaro (1954) de Florián Rey, por poner un ejemplo de los clásicos españoles, aunque son muchos los procedentes de obras de Shakespeare. 
Otras más recientes y de ambientación contemporánea siguen reclamando el hecho de vestirse de hombre para conseguir cosas de hombres, como entrar en un equipo de fútbol Ella es el chico (She's the Man, 2006) de Andy Fickman.
Recordemos que culturalmente el hombre occidental encuentra cierto morbo sexual en la mujer disfrazada de hombre. Mientras, cuando los hombres se travisten de mujer lo hacen para desarrollarse psicológicamente:
  • Tacones lejanos (1991), de Pedro Almodóvar.
  • Un hombre llamado flor de otoño (1978), de Pedro Olea.
Para ayudarse a conseguir una huida Con faldas y a lo loco ( ,1959), de Billy Wilder.
O por el simple placer de hacer reír, ridiculizando al personaje femenino, por conseguir la confianza de una mujer Señora Doubtfire, papá de por vida (Mrs.Doubtfire, 1993), de Chris Columbus.
E incluso como fruto de la acción de una madre castradora, Mi querida señorita, (1972), de Jaime de Armiñán.
O para encontrar trabajo, como en Tootsie (1982), de Sydney Pollack. 
No se pueden olvidar tampoco casos extraños como el de una actriz interpretando papel de hombre, no travistiéndose, como el de Blanca Portillo interpretando a Fray Emilio Bocanegra en Alatriste (2006), de Agustín Díaz Yánez).
O el de personajes que prueban a lo largo de su vida la existencia en ambos sexos, como en Orlando (1992) de Sally Potter, interesante alegato feminista, con una puesta en escena barroca y sugerente. 
Y teniendo en cuenta que la identificación secundaria es la que realiza el espectador con un personaje en función de su experiencia del mundo ¿Con cuál de todas las mujeres relacionadas en las cuatro entradas realizadas se identifica usted? 

martes, 3 de marzo de 2015

Estereotipos cinematográficos de la mujer (III)

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La cenicienta. Hermosas, jóvenes e ingenuas, las cenicientas ascienden socialmente sin pretenderlo y por amor, superando para ello muchos obstáculos a veces sin intención o voluntad de hacerlo. Dos ejemplos, aunque hay muchos más: 
  • La zapatilla y la rosa: La historia de la Cenicienta (The Slipper and the Rose: The Story of Cinderella, 1976) de Bryan Forbes. 
  • Pretty Woman (1990) de Garry Marshall.
  • La turris eburnea. La mujer torre de marfil, inalcanzable y por ello más deseable. Es fuerte, fría e inflexible, fácilmente fetichizable. Como Rita Hayworth en La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1947) de Orson Welles.
  • La reina negra/bruja/viuda negra. En función del género en el que se inscriban pueden ser monstruosas o belleza embriagadora, pero siempre serán perversas y dispuestas a hacer el mal por conseguir el dominio sobre algo o alguien, o por el simple placer sádico. Su variante moderna es la dominatrix. Un ejemplo lo encontramos en:
  •  El caso de la viuda negra (Black Widow, 1987) de Bob Rafelson o 
  • Kirikú y la Hechicera (Kirikou et la sorcière, 1998 ) de Michel Ocelot.
  • La villana. Cumple el rol de oposición al héroe masculino. Las mujeres Bond son un buen ejemplo de ello. Suelen combinar juventud, belleza, inteligencia y destreza física para enfrentamientos y escapadas de situaciones comprometidas. Una buena dosis de masculinidad de comportamiento no les impide ser sexualmente muy activas y despreocupadas. Así son Sharon Stone en Instinto Básico (Basic Instinct, 1992) de Paul Verhoeven.   

Y Kathleen Turner en Fuego en el cuerpo (Body Heat, 1981de Lawrence Kasdam.
  • La superheroína. También de corte masculino en comportamiento se diferencia de la anterior por sentido de actuación al servicio de la comunidad en correlato con el mismo estereotipo masculino. Así es Angelina Jolie en Lara Croft: Tomb Raider (2001) de Simon West. 
  • La dominatrix. Procedente fundamentalmente del cómic, como la anterior, fundamenta su vida con los hombres en relaciones de poder sadomasoquista. Imponentes de aspecto, independientes, económicamente solventes, encarnan los personajes protagonistas de los ero-thriller, manteniendo continuamente un pulso con los hombres que a veces ganan. Hallie Berry es Catwoman (2004) de Pitof.
  • El cine es siempre un testimonio de su realidad. Así, y aunque siempre han existido mujeres víctimas de violencia tanto simbólica como explícita (física, verbal y psicológica), en los últimos años aparece de forma reivindicativa la figura, ya estereotipo, de la mujer maltratada. Siempre ha existido esta forma de violentar a la mujer, desde formas sutiles de menosprecio hasta la violencia explícita: 
  • La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick.

  • Perros de paja (1971) de Sam Peckinpah. 

  • Sólo mía (2001) de Javier Balaguer.

  • Solas (1999) de Benito Zambrano.

  • Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995) de Agustín Díaz Yánez.

  • Ciudad del silencio (2006) de Gregory Nava.
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Estereotipos cinematográficos de la mujer (II)

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  • La mater amabilis o guardiana del hogar. Es el ama de casa feliz, de mediana edad, amorosa y atenta con sus hijos y su marido. Una buena persona sin mucho que aportar en ningún sentido. Pueden verse en películas como ¡Que verde era mi valle! (How green was my valley, 1941), de John Ford o El padrino (The goofather, 1972), de Francis Ford Coppola.
  • La madre espiritual. Como en Canción de cuna (1994) de José Luis Garci o Siete mujeres (7 Women -AKA Seven Women-, 1966) de John Ford.




















La mater dolorosa. Es la madre sufridora que observa cómo sus hijos son maltratados por la vida y que incluso pueden llegar a maltratarla a ella. Es uno de los poco tópicos de edad madura o rozando la ancianidad. Se encuentra en Ama Rosa (1960) de León Klimovsky y en El Bola (2000) de Achero Mañas.
  • La madre castradora. La madre dominante que coarta la libertad de acción y pensamiento de sus hijos, especialmente con los hijos varones llegándole a crear secuelas psicológicas irreversibles. También suelen ser maduras y de aspecto severo. Como Mi hijo (Mon fils est à moi, 2006) de Martial Fougeron .
  • La madrastra. Muy parecida en comportamiento a la anterior pero con hijos no naturales. La encontramos en La Cenicienta (Cinderella, 1950) de Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson. 
  • La madre del monstruo. La madre desnaturalizada que engendra un hijo no deseado o deseado pero que no es lo que se esperaba, vástago al que termina enfrentándose o destruyéndolo. Un arquetipo en Al rojo vivo (White Heat, 1949) de Raoul Walsh. 
  • La madre sola. Soltera o viuda que debe enfrentarse a grandes problemas y dificultades vitales. Erin Brockovich (2000) de Steven Soderbergh o Mujercitas (Little Women, 1949) de Mervyn Leroy o Mujercitas (Little Women, 1994) de Gillian Armstrong. 
  • La madre coraje. Puede parecerse a la anterior. No sin mi hija (Not Without my Daughter, 1990) de Brian Gilbert; Bailar en la oscuridad (Dancer in the Dark, 2000) de Lars Von Trier o El aceite de la vida (Lorenzo’s oil, 1992) de George Miller, son algunos ejemplos. 























  • La madre sin hijos. Son mujeres jóvenes de perfiles psiquiátricos enfermizos se obsesionan con su incapacidad para engendrar en claro desequilibrio con su deseo de maternidad, lo que les provoca problemas conyugales y con la justicia, puesto que tienden a secuestrar física o psicológicamente a los hijos de otros. La mano que mece la cuna (The Hand That Rocks the Cradle, 1992) de Curtis Hanson es el prototipo.
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lunes, 2 de marzo de 2015

Estereotipos cinematográficos de la mujer (I)

Estereotipos cinematográficos de la mujer

Dos grandes etiquetas pueden agrupar los variadísimos roles femeninos en la historia del cine: las malas y las tontas, como corresponde a la doble forma de asumir la presencia femenina en el cine: o se la sublima y fetichiza o se las burla y desprecia. Pero esta simplificación no se corresponde con la realidad que se ve en las salas de cine. Molly Haskell estudió los prototipos de vamp, de virgen, de madre, de mujer profesional, de chica buena... Especialmente el prototipo de femme fatale o vamp ha sido ampliamente estudiado, pero también existen otros que llegan a desplegarse como variedades dialectales de una misma lengua, por ejemplo el de madre: madre sufridora, madre castradora, madre desnaturalizada, madre sin hijos... Los estereotipos más comunes asignados a la mujer en el cine son:
  • La chica buena. Lo es porque acepta el sistema, es sufridora, ingenua y conformista. Suele ser joven, pero discretamente hermosa y generalmente de clase social y nivel cultural medio-bajo. Su aspiración es ser feliz con un buen esposo toda la vida. No podía ser otra que Olivia de Havilland en Lo que el viento se llevó (Gone With the Wind, 1939) de Victor Fleming.

  • El ángel. De piel de cordero y lobo en su interior, da el perfil de la anterior pero es la más peligrosa, puesto que en su falsedad es ambiciosa y capaz de cualquier cosa en beneficio propio. Repetimos película, Lo que el viento se llevó, pero en este caso nos referimos a la protagonista, la bella Scarlet O’Hara, interpretada por Vivien Leigh.


  • La virgen. En sus variedades de virgen sumisa y virgen rebelde o virgo potens. Estas mujeres hacen de su renuncia sexual su fundamental característica, en algunos casos de forma beatífica y en otras aproximándose más a la mujer guerrera, tipo Juana de Arco. El proceso de Juana de Arco (Procès de Jeanne d'Arc , 1962) de Robert Bresson.

  • La beata/solterona. Son mujeres solas, rozando la cincuentena, poco agraciadas, con vocación religiosa y en algunos casos de personalidad reprimida, oscura y amargada. Una obra maestra La tía Tula (1964) de Miguel Picazo.
  • La chica mala: Es una variedad de ángel pero de mayor juventud, adolescente, a la caza y captura de un hombre maduro. Suele provocar tensión sexual y problemas éticos a los hombres que considera sus objetivos. Su finalidad puede llegar a ser sencillamente el divertimento: es la Lolita. Por antonomasia, la Lolita (1962) de Stanley Kubrick.
  • La guerrera. Mujeres por lo general de corte histórico mítico, al estilo de las amazonas que anteponen la lucha a otras facetas personales. Suelen ser también muy atractivas y renunciar a los hombres o renunciar a su condición de guerreras por un hombre. Véase Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian, 1982) de Jonh Milius y El señor de las bestias (The Beastmaster,1982) de Don Coscarelli.






























  • La femme fatale o vamp. Es la mujer mala por naturaleza, la perdición de los hombres, la otra chica del gánster (suelen tener una buena/tonta y otra de este estilo). Son ambicionas, peligrosas y fatales para el hombre que se encapricha de ellas. Tienen cierta tendencia a la autodestrucción. De alto poder de seducción y malas costumbres morales y físicas, su belleza y juventud se terminan marchitando hasta llegar a la enfermedad o la muerte como justo castigo a sus vidas disolutas. Carmen es una variedad étnica de esta categoría. Películas como La dalia azul (The Blue Dahlia, 1946), de George Marshall y Femme fatale (2002) de Brian de Palma, la representan.































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