Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gastronomía. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de octubre de 2018

Las 10 mejores películas con un poco de pasta (pero sólo en el plato)

Las 10 mejores película que nos ponen en el camino de un buen vino... o de una bazofia.
Sus directores no necesariamente tienen la reputación de ser de una buena pasta. Pero, como en Una receta familiar (Ramen Teh, 2018), de Eric Khoo,  presentada en sección cine culinario del Festival Internacional de Cine de Berlín de 2018, ofrecen escenas de comidas que te dan ganas de masticar. Consejo de amigo: no vayas a ver Una receta familiar  con el estómago vacío. La visión de los personajes saboreando las sopas de fideos japoneses se convertiría en una tortura ... El singapurense Eric Khoo no es el primer cineasta en dar hambre a su público con un plato de pasta. Un recorrido gastronómico-cinéfilo en diez películas. ¡Buen provecho!

1.- Luces de la ciudad (City Lights, 1931), de  Charles Chaplin

La sátira aplicado a los espaguetis. Charlie Chaplin ataca ávidamente su plato sin darse cuenta que una serpentina gigante se mezclaba con sus pasta. 

2.- Un americano... de Roma (Un americano a Roma, 1954), de Steno 

En esta comedia, el joven Nando ((Alberto Sordi) sueña con América, el ketchup y las palomitas de maíz, antes de redescubrir las alegrías de la cocina italiana delante de un plato de espaguetis pantagruélico. 

3.- La Strada (1954), de Federico Fellini (1954)

Cuando se evoca el más bello melodrama de Fellini, se piensa forzosamente en el rostro lunar de  Gelsomina (Giulietta Masina) y en la fuerza bruta de Zampano (Anthony Quinn). Pero olvidamos a menudo al tercer vagabundo de esta historia hermosa y triste hasta llorar: Il Matto (El "loco", encarnado por Richard Basehart), el acróbata temerario que come sus espaguetis sobre un cable tendido entre dos edificios. 

4.- La dama y el vagabundo (Lady and the Tramp, 1955), de Walt Disney

¿El secreto de una cena a la luz de las velas quien tiene un perro según Disney? Un mantel de cuadros, una serenata de mandolina y... un plato de espaguetis con albóndigas para dos.

5.- El apartamento (The Apartment, 1960), de Billy Wilder

¿Tiene gnas de pasta pero anda escaso de utensilios? Haga como Jack Lemmon en el clásico de Billi Wilder: utilice una raqueta de tenis como escurridor.

6.- Tampopo (1985), de Jûzô Itami 

Entre otras cualidades, esta oda a la cocina japonesa nos ha enseñado a degustar la sopa ramen con las reglas de la buena mesa: acariciar con los palillos la superficie del caldo, contentarse con rozar los trozos de carne antes de comenzar a aspirar la pasta, sin hacer ruido...

7.- Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990), de Martin Scorsese

La pasta, es sagrada. Incluso en la cárcel... Estar detrás de los barrotes no impide a los mafiosos de Scorsese cocinar una salsa de tomate como en casa. O casi: falta un cuchillo digno de ese nombre, por eso Paulie Cicero (Paul Sorvino) utiliza una cuchilla de afeitar para laminar el ajo.

8.- Deseando amar (Fa yeung nin wa, 2000), de  de Wong Kar Wai 

Delante de la cámara de Wong Kar Wai, Maggie Cheung y Tony Leung se atraen mutuamente aunque no lo admitan. ¿Y si un cuenco de fideos compartido fuera la declaración de amor más hermosa?

 9.-  Kung Fu Panda (2008), de Mark Osborne y John Stevenson (2008)

Una buena noticia para todos los tragones: se puede, como el panda regordete Po, atracarse de raviolis y convertirse en una maestro de las artes marciales. 

10.- Castaway on the Moon (Kimssi pyoryugi, 2009), de Lee Hae-jun

En este extraña película surcoreana, cuyo título (coreano) podríamos traducir por "Noodles con frijoles negros", un joven ejecutivo, muy endeudado, que ha intentado suicidarse desde un puente de Seúl, se encuentra atrapado en una isla desierta en medio del río Han. ¿La obsesión de este Robinson Crusoe de los tiempos modernos? Cocinar su plato favorito, también muy curioso (al menos para un paladar occidental): un plato de fideos con frijoles negros.

domingo, 9 de octubre de 2016

Sabores de cine (XII)

(cont.)
- El timbal de macarrones que se “atiza” la bella Angelica (Claudia Cardinale) en el comedor del castillo Donnafugata del citado El gatopardo (Il Gattopardo, 1963).
- Los buñuelos de El Padrino (The Godfather, 1972).
- El pan preparado por Jessica Lange en El Cartero llama dos veces (The Postman Always Rings Twice,1981) de Bob Rafelson.
- Las patatas asadas en El tambor de hojalata (Die Blechtrommel, 1978) de Volker Schlöndorff.
- Los helados que chupaba Emma Penella en El Verdugo (1963) de Luis García Berlanga.
- Los espárragos estrellados contra la pared de America Beauty (1999), de Sam Mendes.
- Los huevos, en La leyenda del indomable (Cool Hand Luke, 1967), dirigida por Stuart Rosenberg, en la que Paul Newman se come 50.
- El pastel que decide comerse el chico sentado en la escalera de la épica Erase una vez América (Once Upon a Time in America, 1984), de Sergio Leone.
- El chocolate en Gracias por el chocolate (Merci pour le chocolat, 2000) de Claude Chabrol.
- Las fresas (eso sí salvajes) en la inolvidable Fresas salvajes (Smultronstället, 1957), de Ingmar Bergman.
- La leche plus de La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1972), de Stanley Kubrick.
(cont.)

sábado, 1 de octubre de 2016

Sabores de cine (XI)

(cont.)
Gracias al cine hemos saboreado ingredientes y platos como:
- Los knichi, un plato ficticio, -que Charles Boyer servía a Jane Fonda en Descalzos por el parque (Barefoot in the Park, 1967) de Gene Saks -que amargaban sino se comían a tiempo.
- Los caracoles con Julia Roberts en Pretty Woman (1990) de Garry Marshall o con Sharon Stone en Beautiful Joe (2000) y en la ya nombrada Delicatessen.
- Unas anguilas de Comacchio con Valeria Marini en Bambola (1996) de Bigas Luna. 
- Una vichyssoise con Batman en Batman vuelve (Batman Returns, 1992), dirigida por Tim Burton. 
- El pollo frito con miel de Camino a la perdición (Road to Perdition, 2002) de Sam Mendes.
- Un aperitivo, Martini con vodka, “martini mezclado, no agitado”, con Sean Conery en Doctor No (1967), la primera película de la saga de James Bond, el agente 007. 
- La mantequilla, en El último tango en París (Last Tango in Paris, 1972), de Bernardo Bertolucci.
- Los raviolis calentitos en la bellísima El camino a casa (Wo de fu qin mu qin, 1999) de Zhang Yimou.
- El “pastel bebé malo”, una quiche rellena de queso Brie, bacon ahumado y huevo de La camarera (Waitress, 2008) de Adrienne Shelly.
(cont.)

domingo, 25 de septiembre de 2016

Sabores de cine (X):

(cont.)
La famosa y excelente gastronomía francesa la hallaremos entre otras en:
  • Le petit Marguery (Au petit Marguery, 1995), sobre un restaurante parisino cierra sus puertas tras permanecer varias décadas abiertas. Su última cena estará compuesta por amigos, familia, vecinos y clientes. 
  • Un Chef enamorado (Le mille et une recettes du cuisinier amoureux, 1996) de Laurente Benegui y Nana Dzhorzhadze. Corren los años veinte del siglo XX en Georgia, y son tiempos difíciles. Pero esto no es problema para un chef francés, vividor y extravagante, que se enamora de una hermosa princesa francesa. : Nominada al Oscar: mejor película de habla no inglesa. Festival Internacional Karlovy Vary: Mejor actor (Pierre Richard)
Resulta agradable recordar la escena de Panorama para matar (1985), en la que James Bond (interpretado por Roger Moore) instruye a Tanya Robert sobre la cocina francesa: 
- Voilá, Quiche de cabinet. Un nombre interesante. 
- Y ¿Qué es?
- Una tortilla."
Woman on top (2000) de Fina Torres, describe la cocina brasileña a través de Isabella. La película es una invitación, a conocer las playas de América y su calidez; a bailar y dejarse llevar por el sabor de la música y sobre todo a comer, pues créanme mis estimados cinéfilos, que al término de la cinta uno termina por ir al refrigerador en busca de un picante bocadillo.
En el cine español, tenemos las grandes cenas de Viridiana (1961) o de El ángel exterminador (1962), ambas de de Luis Buñuel; las paellas de Luis García Berlanga; su producto estrella, Jamón, Jamón (1992) de Bigas Luna, o la Dieta mediterránea (2009) de Joaquín Oristrell, esta película pretende aportar a esas obras el concepto de "lo mediterráneo"; lo mediterráneo como manera característica y única de entender la vida. 
Un papel de primer orden es el que juega la comida en la filmografía de Almodóvar. Su cine es un auténtico imperio de los sentidos, un modo de excitar cada uno de ellos y, entre todos, el del gusto encuentra una relevancia muy especial. En sus increíbles historias, la cocina se presenta como un espacio de singular intensidad emocional y comunicativa, la cocina, no tanto el comedor. Un espacio, pues, estrechamente ligado a lo materno, (clave hermenéutica fundamental para el acercamiento a su vida y filmografía), más que el comedor que parece remitir preferentemente a lo familiar en su conjunto. Ese singular espacio de la cocina muestra su relieve en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), La flor de mi secreto (1995), Volver (2006), Los abrazos rotos (2009), La piel que habito (2011), Los amantes pasajeros (2013), y las más reciente, Julieta (2016).
Hollywood, por su parte, nos ha mostrado varios ejemplos elocuentes de identidad gastronómica estadounidense. Es el que encontramos en Pulp fiction de Quintin Tarantino, donde la “comida rápida” de batidos y hamburguesas se sitúa en un primer plano tanto en las primeras como en las últimas secuencias. También casi hemos podido disfrutar con perritos calientes, gigantescos y apetitosos sándwiches, malteadas de la década de 1950, provocativos pollos fritos, suculentas pizzas y enormes helados. 
Quién no recuerda el orgásmico sándwich de Sally sentada frente a Harry –todos queríamos uno igual-, en la película Cuando Harry encontró a Sally (When Harry Met Sally, 1989) de Rob Reiner. 
Y ha reflexionado sobre la comida rápida o comida basura como en el documental ganador de Sundance, Super size me (2004) de Morgan Spurlock, en la que el director investiga en su propio cuerpo los efectos de la comida basura, comiendo sólo y únicamente en McDonald's, tres veces al día durante todo un mes. 
Y, qué decir del pavo del “día de acción de gracias” lo hemos  podido contemplar en  las más  variadas dinámicas familiares en una infinidad  de películas estadounidenses, entre la que podríamos recordar Hannah y sus hermanas (Hannah and her Sisters, 1986) de Woody Allen, en la que tal celebración anuda todo el desarrollo argumental.
La joven de las especias (Mistress of Spices, 2005), de Paul Mayeda Berges. Se basa en la novela The Mistress of Spices de Chitra Banerjee Divakaruni. Las especias que ofrece a sus clientes les ayudan a satisfacer sus necesidades y deseos, tales como "madera de sándalo para disipar los recuerdos dolorosos, o las semillas de comino negro para proteger contra el mal de ojo". Nos muestra que tanto la comida como la vida necesitan una pizca de sal y picante para darles el toque de sabor que ambas requieren.
Y Un toque de canela (Politiki kouzina, 2003), de Tassos Boulmetis. Definida como la versión mediterránea de Como agua para chocolate, una película alrededor de la comida que combina con gusto los sentimientos y las "especias" adecuadas para satisfacer el mayor número de corazones y paladares, consiguiendo un gran éxito de público, el favor de la crítica y la nominación por parte de Grecia para representar al país heleno en los Oscar.
(cont.)

jueves, 22 de septiembre de 2016

Sabores de cine (IX)

(cont.)

Platos universales, exóticos ingredientes y alimentos impensables

La gastronomía en el cine también ha desempeñado un papel fundamental como símbolo de las diferentes culturas y grupos. La comida, en efecto -tanto como la lengua y la religión- constituye una prueba cultural definitiva. Identifica y, por tanto, necesariamente diferencia etnias, pueblos y colectividades. Gracias al cine, hemos conocido ingredientes, platos, productos y rituales de todo el mundo, desde los más universales hasta los más extraños, sino veamos algunos ejemplos.
Siguiendo a Daniel Vázquez Saite, si realizamos un viaje por las diversas cinematografías podemos comprobar cómo el cine norteamericano nos adentra en una cocina fácil y rápida, el cine francés ha integrado la cocina de forma natural, el cine italiano es una comedia pura, el inglés muestra en su mayoría cómo se vive en el país, y en el cine español no se come por placer.
En la elaboración de la cocina oriental existe una dimensión poética y ritual que la convierte en una auténtica señal de identidad. Así es en la filmografía de Yasujiro  Ozu,  el más clásico de los cineastas japoneses. Baste recordar El sabor del té verde con arroz (Ochazuke no aji, 1952) o El sabor del Sake (Sanma no aji, 1962). 




















También la filmografía del director japonés Kenji Mizoguchi está repleta de escenas alrededor de la comida, y no precisamente aquellas en las que sus protagonistas son las geishas que acompañan a los señores en sus cenas, sino en aquellas películas donde los personajes son gente corriente: La mujer crucificada (Uwasa no onna, 1954) y La calle de la vergüenza (Akasen chitai,1956). 




















Una  película de particular interés por lo que representa de homenaje a la comida es Tampopo (1985) de Juzo Itami, que introduce al espectador en el mundo de la cocina japonesa, comparándola con los gustos occidentales. 
Debemos citar también El olor de la papaya verde (Mùi du du xanh, 1993) de Anh Hung Tran, ambientada en el Vietnam de mitad del siglo XX.
O El banquete imperial (Jin yu man tang, 1995) de Tsui Hark, sobre una competición de cocina, china, por supuesto.
301 302 (1995) de Cheol-su Park, presenta la gastronomía coreana a través de la historia de dos mujeres. 
Y la película taiwanesa El sabor de la sandía (Tian bian yi duo yun2005) de Tsai Ming-Liang. Berlín: Oso de Plata - Logro individual sobresaliente, FIPRESCI, Premio Alfred Bauer; Sitges: Premio Especial del Jurado, Premio de la Crítica, mejor Actor (Lee Kan-sheng).

En la película israelí, Los limoneros (2008) de Eran Riklis, aparece al comienzo, en un primer plano, las manos de una mujer que cortan limones grandes y amarillos. A continuación, con agilidad, Salma (Hiam Abbass) prepara un brebaje, hecho de agua, especias y algo parecido a la guindilla. En escasos minutos, el director nos muestra el oficio del personaje (alguien que vive de la tierra), a la vez que nos entrega datos de su cultura (para los occidentales una exótica receta).
Los spaghetti han marcado una identidad inconfundible en el cine italiano. Las imágenes de Totó, Alberto Sordi, Aldo Fabrizzi, Nino Manfredi,… ligadas a este alimento forman parte de nuestra memoria colectiva. Como inolvidable es también y, ciertamente, todo un icono de identidad italiana, la jovencísima Sofía Loren vendedora de pizzas (el otro gran símbolo de la identidad culinaria de Italia) que vemos en la en la deliciosa El oro de Nápoles (L'oro di Napoli, 1954), de Vittorio de Sica. 
Una gran noche (Big Night, 1996) de Campbell Scoot y Stanley Tucci, nos presenta la auténtica y selecta comida italiana. 
Por su parte, Federico Fellini nos hizo entrega de una de las más largas y divertidas escenas alrededor de un sencillo almuerzo familiar en Amarcord (1973). 
Cabe también citar del mismo autor Las noches de Cabiria (Le notti di Cabiria, 1957), en la que su protagonista, precisamente Cabiria (Giulietta Masina) nos atrapa con la candidez y torpeza de sus modales, como ocurre en la secuencia en la que se encuentra con un famoso actor de cine. El mayordomo le trae un lujoso carrito con la cena: "¿La levanto?", pregunta ella mientras destapa los platos y come ávidamente aceitunas y luego pollo. "Un poco de pechuga de pollo hace que se vayan los malos pensamientos", añade. Más adelante, Cabiria coge una langosta y le vuelve a inquirir al actor: ¿Y esto qué es? Me parece haberlo visto en el cine.
(cont.)