El director estadounidense rinde homenaje a la generación de autores franceses que cambió el cine en una divertida comedia en blanco y negro. Protagonizada por Guillaume Marbeck como Jean-Luc Godard, Zoey Deutch como Jean Seberg, y Aubry Dullin como Jean-Paul Belmondo.
La historia detrás de la creación del movimiento cinematográfico francés conocido como 'Nouvelle Vague', centrándose en la producción de la innovadora película de Jean-Luc Godard Al final de la escapada (Á bout de souffle) en 1959.
Nouvelle Vague es un homenaje a la parte más francesa de la historia del cine, cuando a partir de los años 1960 un grupo de cineastas cambiaron el modo de acercarse al Séptimo Arte. Pretendían estos “caballeros del cine” restar aditamentos y artificios a las historias, con rodajes rápidos, buscando la naturalidad y centrándose en lo esencial, con un realismo casi improvisado que bebía de autores ya consagrados como Bresson o el italiano Rossellini. Por eso, aunque se trate de una coproducción con Estados Unidos, no deja de resultar curioso que esta película tan francesa esté filmada por el norteamericano Richard Linklater, pese a que éste sea un cineasta “outsider”, que precisamente busca también con frecuencia la experimentación, como la que ofreció, por ejemplo, en Boyhood, un film hiperrealista y audaz rodado a lo largo de 14 años.
En Nouvelle Vague el guión firmado por Holly Gent y Vincent Palmo, Jr., habituales colaboradores de Linklater, se centra casi exclusivamente en el día a día del rodaje de Al final de la escapada, y en las relaciones de Godard con los actores, con el productor, con el cámara y con el resto de sus asistentes, los cuales no salen de su asombro al comprobar el modo de trabajar del director de las perpetuas gafas de sol, un tipo algo chulesco, tremendamente seguro de sí mismo, anárquico y caradura, aparentemente desordenado e improvisador nato. La película muestra a un cineasta sin duda carismático pero también capaz de hacer perder la paciencia a cualquiera. Sufrirán especialmente su talento artístico el desconcertado productor Beauregard y la contrariada Jean Seberg, quien después de trabajar con el rígido Preminger, se ve empujada al otro extremo, hasta el punto de estar completamente perdida, no saber qué está rodando, ignorar sus diálogos y sentirse únicamente al albur de quién sabe qué caprichos del debutante Godard.




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