lunes, 10 de agosto de 2026

Hemos visto todas las películas de "James Bond": machistas, racistas, sexistas... pero ¿por qué nos sigue gustando 007? (IV)

10. El hombre de la pistola de oro (The Man With the Golden Gun, 1974), de Guy Hamilton

Se basa en la última novela escrita por Ian Fleming, publicada en 1965, un año después de su muerte. Se trata de una de las peores películas de James Bond, por culpa de la inconsistencia del guión, y porque los personajes son poco creíbles. Al menos, cuenta con un villano de excepción, Christopher Lee, en el papel del elegante y aristocrático Francisco Scaramanga, que es quien consigue salvar parcialmente la función. Curiosamente, Christopher Lee era primo lejano del escritor Ian Fleming, que le había propuesto para encarnar al Dr. No en la primera entrega de la saga. Lee jugaba habitualmente al golf con Ian Fleming. Maud Adams, una de las chicas Bond más populares, interpreta a la ayudante de Scaramanga, y años después sería Octopussy. El superagente británico 007 habrá de vérselas ahora con el más peligroso asesino a sueldo del momento: un hombre llamado Scaramanga, más conocido como el hombre de la pistola de oro, que tratará de deshacerse de James Bond con los más sofisticados recursos.
Britt Ekland y Roger Moore en º1974)

11. La espía que me amó (The Spy Who Loved Me, 1977), de Lewis Gilbert

Undécima entrega de James Bond, y primera producida en solitario por Cubby Broccoli, tras su separación de su socio Harry Saltzman. Como la película anterior, El hombre de la pistola de oro, no había sido de los más taquilleras de la serie, Broccoli tardó mucho tiempo en aprobar el guión definitivo, que sufrió varias revisiones, e invirtió en ella 13,5 millones de dólares, todo un récord para la época. La jugada le salió bien a Broccoli, pues la cinta fue todo un exitazo, por el excelente reparto, y las espectaculares secuencias de acción y suspense. Karl Stromberg, el villano de la película, tiene como fiel acólito a Tiburón, uno de los villanos más recordados. Interpretado por Richard Kiel, se trata de un gigantón de dientes metálicos, capaz de romper a mordiscos cualquier cosa que se le ocurra. Tuvo tanta aceptación, que volvió a salir en Moonraker, donde se redimía, pues acababa haciéndose bueno. La misteriosa desaparición de dos submarinos nucleares exige la colaboración de los mejores agentes de los servicios secretos británico y soviético: James Bond y la mayor Amasova. Detrás de todo se encuentra el magnate Stromberg, que se propone destruir a la humanidad para fundar una nueva civilización bajo el mar.
Richard Kiel en La espía que me amó (1977)

12. Moonraker (1979), de Lewis Gilbert

Tras el éxito de La guerra de las galaxias, el productor Cubby Broccoli decidió introducir elementos de ciencia ficción en la duodécima entrega de la saga de 007. Fue uno de los mayores éxitos de la saga, pues atrajo al público de los grandes blockbusters, aunque los puristas de James Bond se quejaron de que estuviera llena de elementos fantásticos y cómicos. Además de escenarios exóticos, atractivas chicas Bond y una de las mejores bandas sonoras de John Barry, contiene varias de las mejores secuencias de acción de la saga: la lucha por el paracaídas, la pelea en el teleférico, la persecución de lanchas por el Amazonas, la batalla en el espacio... El agente secreto James Bond recibe la orden de localizar la nave espacial Moonraker, que ha desaparecido misteriosamente. Sus primeras pesquisas lo llevan a seguir al millonario Hugo Drax, el constructor de la nave. Tras ser capturado por Drax, Bond descubre que el villano posee una base de lanzamiento de cohetes espaciales con los que se propone esparcir un gas tóxico que acabe con la vida terrestre, pero ésta no es más que la primera fase de un perverso plan que Bond intentará frustrar con la ayuda de la Doctora Goodhead. 
Lois Chiles y Roger Moore en Moonraker (1979)

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