Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind, 1977), de Steven Spielberg
Esta película de Steven Spielberg es un hito de la ciencia ficción. En especial, por oponerse al hábito cinematográfico de mostrar alienígenas como monstruos o invasores. Al contrario, el director mostró una visión radicalmente pacífica. La película sigue a personas comunes que sienten una llamada irresistible hacia un encuentro con lo desconocido. Lo que hace que esta cinta sea tan optimista es su clímax en la Torre del Diablo, donde la comunicación con los extraterrestres no se logra mediante códigos militares o amenazas, sino a través de la música y la luz.
La trama: Una noche, cerca de su casa, en Indiana, Roy Neary (Richard Dreyfuss) observa en el cielo unos misteriosos objetos voladores. Desde entonces vive tan obsesionado por comprender lo que ha visto que se distancia de su esposa (Teri Garr). Encuentra apoyo en una mujer que también ha sido testigo de los mismos hechos, y juntos intentan encontrar una respuesta al misterio que ha alterado sus vidas. Al mismo tiempo, un nutrido grupo de científicos internacionales comienza a investigar las apariciones de ovnis y otros extraños fenómenos en la zona.
El uso de las famosas cinco notas musicales como lenguaje universal es una metáfora poderosa: el arte y la armonía son la base del entendimiento. Los alienígenas no vienen a juzgarnos ni a destruirnos, sino a intercambiar conocimientos en un gesto de amistad cósmica. Es una película que captura la inocencia y el asombro infantil, sugiriendo que el universo es un lugar benevolente y que nuestro primer encuentro con otras civilizaciones será un momento de belleza sublime y paz absoluta.


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