Casada con el apuesto y piadoso Jacques, Gil (la impecable Monia Chokri) cae bajo su influencia. El cuarto largometraje de Géraldine Nakache, proyectado fuera de competición en el Cannes Première, retrata con sutileza la dinámica del abuso psicológico dentro de una pareja.
La trama: Cuando Gil conoce a Jacques en Dubai, su amor es evidente. Sin embargo, su precipitado matrimonio demuestra que ella no está tan unida a su fe judía como él. Jacques la tranquiliza: si piensa en positivo, sólo le ocurrirán cosas buenas. Pero, ¿quién decide? ¿Quién juzga si piensa positiva o negativamente? Gil está perdida. Cada mes, los rituales religiosos la atrapan aún más en una situación insostenible. Poco a poco, Gil se plantea salvar a su familia.
"Si piensan bien, les sucederán cosas buenas”, les asegura el jovial rabino a la pareja la noche antes de su boda. Excepto que, dado que esta escena aparece como un flashback en una historia de manipulación ya de por sí estresante, el espectador sabe que no, lo siento, el pensamiento mágico no será suficiente contra un pervertido narcisista (un diagnóstico garantizado sin estudios psiquiátricos previos) del calibre de Jacques (Niels Schneider). En su cuarto largometraje, la actriz y directora Géraldine Nakache narra, de forma deliberadamente desordenada y salpicada de hábiles elipsis, seis años de la vida matrimonial de Gil (Monia Chokri, impecable).

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